El Error De Dejarme Viva

Capítulo 2: El Veneno en la Sombra

Tres semanas después, el brillo del diamante de compromiso ya no deslumbraba como aquella noche. Seguía siendo perfecto, intacto, frío… pero en la mano de Adela parecía una marca de propiedad, un grillete de lujo que le recordaba que su tiempo ya no le pertenecía. Sus ojos, enmarcados por ojeras que el maquillaje apenas lograba disimular, habían perdido la chispa de la victoria.

El puesto de Directora Creativa se había transformado en un campo de minas. Reuniones que se sentían como interrogatorios y correos que llegaban en la madrugada como ráfagas de artillería. A eso se sumaba Rodolfo, cuya insistencia en "la boda del año" empezaba a asfixiarla. Para él, el amor era otra empresa que debía cotizar alto en la bolsa social.

Adela ya no recordaba cuándo había sido la última vez que sus pensamientos no estaban bajo ataque.

—¡No puedo más, de verdad! — exclamó, dejando caer la laptop sobre la mesa de la cafetería con un golpe seco que resonó como un disparo.

El aroma del café flotaba en el aire, pero para ella sabía a ceniza. Sandra estaba frente a ella, impecable, proyectando una paz que resultaba casi insultante en medio del colapso de Adela. Deslizó una taza con una elegancia depredadora.

—Tranquila, boba — dijo con una sonrisa que no llegaba a sus ojos, mientras apoyaba una mano en su hombro. El contacto fue ligero, pero Adela sintió una punzada de frío. —Para eso estamos las amigas. —

Sandra la observó, estudiando las grietas en su armadura.

—Si quieres, pásame tus accesos — continuó, como quien ofrece un vaso de agua en el desierto. —Yo me encargo de filtrar los correos de los proveedores de la boda mientras tú te concentras en Lumina Corp. —

Adela levantó la mirada. Por un segundo, su instinto de supervivencia gritó. Una alarma silenciosa vibró en su nuca al ver la fijeza en la pupila de Sandra. No era ayuda lo que veía, era hambre. Pero el agotamiento era un sedante demasiado potente.

—¿Harías eso? — preguntó Adela, con una risa rota que delataba su derrota. —Son las mismas contraseñas que uso para todo… me da hasta pena darte tanto trabajo. —

Sandra inclinó la cabeza. Su sombra se proyectó larga sobre la mesa, envolviendo la laptop de Adela.

—Ay, Ade… nos conocemos desde los veinte. Tus claves son casi mis claves. — Hizo una pausa, saboreando el momento. —Anda, dame el token de acceso. Yo me encargo desde mi casa. Tú necesitas dormir. —

Adela entregó el dispositivo. Un pequeño pedazo de plástico que contenía toda su vida, su esfuerzo y su reputación.

Sandra cerró los dedos sobre el token con una fuerza posesiva. No era un favor; era una transferencia de poder.

Esa noche, mientras Adela caía en un sueño inducido por el cansancio extremo, Sandra se movía en la penumbra de su habitación. Las pantallas iluminaban su rostro, tallando facciones duras, casi inhumanas. La dulzura del día se había evaporado, dejando al descubierto al monstruo que habitaba bajo la piel de la mejor amiga.

Sus dedos bailaban sobre el teclado con una precisión quirúrgica.

Primero, el sabotaje profesional. Accedió a los servidores de Lumina Corp. como un fantasma entrando en su propia casa. Se detuvo frente al proyecto que Adela había construido con sangre y sudor. No sintió lástima; sintió el placer de quien está a punto de demoler un monumento.

Redactó el correo. Remitente: Adela. Destinatario: la competencia. El mensaje contenía el alma de la empresa, empaquetada para ser vendida por una traición que nadie vería venir.

Envió. El clic del mouse sonó como el seguro de un arma siendo liberado.

Luego, pasó a lo personal. El "plato fuerte".

Abrió el editor. Sus movimientos se volvieron meticulosos, casi amorosos, mientras falsificaba una realidad paralela. Creó una conversación con Rodolfo. Palabras que Adela nunca diría, sentimientos que nunca sentiría, pero que el mundo creería como verdades absolutas.

“En cuanto firme el acuerdo prenupcial tendremos el dinero suficiente para irnos.”

Sandra se detuvo, admirando su obra.

“Él es un idiota… pero es un idiota rico.”

Una risa baja, seca y desprovista de toda humanidad escapó de sus labios. Era el sonido de alguien que finalmente ha ganado una guerra que nadie más sabía que existía. Se levantó y se frotó las manos con crema, un gesto ritual para limpiar la suciedad de la traición, aunque la mancha ya estaba grabada en su alma.

Se detuvo frente al reflejo de la ventana, donde la ciudad brillaba, ajena a la ejecución que acababa de ocurrir.

—Mañana a esta hora, Adela… — susurró al vidrio frío — vas a entender algo que nunca quisiste ver. —

Inclinó la cabeza, disfrutando del silencio de la noche.

—Las caídas desde lo más alto… son las que más duelen. —

Nota del Autor:
¿Creen en las amistades perfectas o todos tenemos una Sandra escondida en las sombras de nuestra vida?

Adela acaba de entregarle sus llaves a la persona equivocada… y todavía no sabe cuánto le va a costar.

Ahora díganme algo:
⚖️ ¿Sandra nació siendo así… o la envidia se construyó con los años?

Los leo en comentarios. Y sí… estoy tomando nota de quién defiende a Sandra. 👀

– Kelevra 💚




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.