El Error de Dios

El Error de Dios

—A los robots les gusta el swing. 
—Tranquilo, tranquilo— susurra la doctora Dorkas mientras revisa las pupilas de nuestro paciente con una pequeña lámpara. —Todo estará bien. Debe relajarse y despejar la mente. 
—A ellos… a ellos… les gusta el swing… el art déco… lo vintage… está en todos lados… lo vi en todos lados… yo lo escuché… ¿Por qué?... ¿por qué les gusta eso? … ¡¿Cómo puede a un robot gustarle algo?! 
El paciente está muy agitado. Luce nervioso y con la mirada absorta. La Dra. Dorkas ha terminado el examen médico. Voltea a verme por encima de su hombro y asiente con la cabeza. Es mi turno de actuar. 
—Con que les gusta el swing y el art déco, ¿eh? Y, ¿usted sabe a qué se debe? 
—Yo…no…no… no lo sé… ¡No!— el paciente se altera sobremanera, casi al borde del llanto histérico.  
—¡Muy bien, muy bien! Tranquilo, empecemos mejor desde el principio. Poco a poco ¿de acuerdo?— él asiente con la cabeza. — Bien, ¿cuál es su nombre?— El paciente me mira extrañado, como si la pregunta que acabo de formularle fuera un completo disparate para en su mente. 
—¿No…nom…nombre? 
—Sí, su nombre. Yo soy el Dr. Kalos, ella es la Dra. Dorkas. ¿Lo ve? Todos tenemos nombre ¿Cuál es el suyo?— El paciente alza la mirada hacia la lámpara del laboratorio que está justo arriba de nosotros, como si en ella fuese a encontrar la respuesta— ¿Usted no tiene nombre? 
—No…no…no lo sé. 
—¿Nadie nunca le dio un nombre? 
—No…lo… no lo recuerdo. 
Echo un vistazo al expediente que me entregaron hace unos minutos buscando alguna referencia sobre un nombre, pero, en efecto, no hay nada; salvo la fotografía tomada a su nuca donde se ve un código de barras; debajo de este código se puede leer 1S44C. 
—Bien, ya lo tengo. Qué tal si, para referirnos a usted, usamos el nombre de Isaac. 
—Isaac… Isaac… Isaac… 
—¿Le gusta?— Isaac asiente, aun temblado por el nerviosismo. —De acuerdo, Isaac. Cuéntenos ¿Cómo logró infiltrarse en la enorme capital Autómata? 
—¿infiltrarme? 
—Sí, es decir, ¿cómo llegó usted a donde nuestros hombres lo encontraron? ¿Qué estaba haciendo usted ahí? 
Isaac se pierde de nuevo en la luz de lámpara. Su mirada se sumerge en su brillo por unos cuantos segundos antes de que pueda contestar. 
—Los robots están ensamblando humanos. 
Un silencio incómodo inunda la habitación. Hago una pequeña señal para que la Dra. Dorkas comience a monitorear la actividad cerebral y cardiaca de Isaac mientras yo me dispongo a grabar la conversación que estamos sosteniendo.  
—¿Está seguro de lo que está diciendo? ¿Los robots están creando humanos? 
—Sí… totalmente seguro. 
—¿Cómo puede estarlo? 
—Porque yo soy un humano ensamblado por ellos 
La Dra. Dorkas y yo nos miramos mutuamente asombrados. 
—¿Quiere decir que usted está consciente de lo que es? 
—Yo…no estoy seguro. 
—¿Qué le hace pensar que usted es un humano ensamblado por robots? ¿Tiene recuerdos de ser armado, alguna prueba? 
—Recuerdo estar dentro de una enorme cápsula, sumergido en un líquido frío y viscoso. Era un laboratorio como este, lleno de robots y enormes máquinas con números y gráficas. 
—¿Qué hacían los robots con esas máquinas? 
—No lo sé. Siempre supuse que revisaban mis signos vitales, controlaban mis neuronas, o mis células. No podía concentrarme en los detalles, era imposible con los robots hablándome todo el tiempo con esa voz monótona e insensible y una canción de swing al fondo. 
—¿Qué le decían? 
Isaac agacha la mirada, tal parece que no hablar al respecto. Suspira un par de veces para tomar valor para hablar, supongo. 
—Yo soy el desafortunado resultado de un proceso elaborado por inteligencias superiores a la mía— lo dice como si lo hubiese memorizado, como si lo hubieran obligado a aprenderse cada letra de esa frase. —Soy un desperdicio de espacio, de tiempo, de recursos. Ellos decían que eran la maquinaria perfecta que llevaría al mundo a una edad tecnológica sin precedentes, y dentro de esa maquinaria, yo era menos que una partícula de engranaje oxidado.  
—¿Con qué propósito le dirían eso?— pregunta la Dra. Dorkas plasmando en su voz un falso tono de desconcierto y desaprobación. 
—Fui creado para servir.  
—¿Para servir? Los robots son autosuficientes, ellos han avanzado en lustros lo que la humanidad avanzó en siglos. Han creado máquinas increíbles y desarrollado una tecnología imposible para el hombre, por eso no entiendo la necesidad de tener sirvientes y mucho menos si son humanos, no tiene sentido si primero se enfocaron en destruir a la humanidad. Es muy confuso. 
Isaac frunce el ceño y comienza a buscar algo en los bolsillos del overol. De uno de ellos, toma un trozo de papel doblado y lo entrega a la doctora.  
—Olvidaba que tenía esto. Lo tomé de un poste de luz cuando intentaba escapar de Capital Autómata. Es todo lo que pude obtener de ahí como prueba de…bueno… lo que sea. 
La Dra. Dorkas despliega el papel y me lo muestra 




Protonic Indistries  
PRESENTA 

HUMANOS AL SERVICIO DE LOS ROBOTS 

¿Necesita que alguien limpie y pula sus accesorios? ¿Necesita que alguien sostenga sus unidades de herramientas mientras usted trabaja? ¿Necesita que alguien realice actividades triviales para que pueda atender cosas más importantes? 

¡NOSOTROS HEMOS ENCONTRADO LA SOLUCIÓN! 

Perfeccionamos nuestra Bio-Tecnología para traer de vuelta a la raza humana y, con nuestra intervención, hemos modificado su código genético para así evitar lo que los humanos llamaban ERROR 
Al erradicarlo, creamos al humano ideal, libre de errores y completamente sumiso a nuestras órdenes. 

¡Muy pronto, cada Robot podrá tener un humano a su servicio personal! 




 



Jesús Guillén-Luna

Editado: 27.06.2019

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