El primero y segundo salón estaba vacío. El tercero también.
Alma se quedó de pie en la puerta del último, con la lista en la mano.
Ningún nombre tachado.
Ninguna voz.
Nadie.
Exhaló lento.
No era coincidencia, y algo le decía que el buscapleitos playero tenía algo que ver en esto.
Bajó la lista.
Pensando.
No molesta ni frustrada, pero si calculando el nivel de poder de ese chico. Tenía que hablar con su superiora.
—
Se fue hasta la oficina de la directora. Por suerte para ella estaba abierta.
Era bastante moderna para ser un colegio público, con pisos alfombrados, sillones cómodos, un enorme escritorio de madera de roble, y el cuadro de las diferentes promociones en una esquina.
Apenas entró la mujer detrás del escritorio levantó la vista.
—¿Sí?
—Buenos días.
—Pasa.
Olivia tenía el cabello castaño recogido, su piel era de un brillante color canela, y en sus ojos marrones se reflejaba una expresión demasiado relajada para ese lugar, como si nada la sorprendiera ya.
—Soy Alma Santander. Nueva profesora de matemáticas.
—Ah, sí —sonrió—. Bienvenida a La Quebrada.
Ella no devolvió la sonrisa.
—Ningún estudiante asistió a mis clases.
Olivia ladeó la cabeza.
—¿Ninguno?
—Ninguno. Y sospecho que Axton Cole tiene algo que ver.
Olivia la observó con más atención.
—¿Tuvieron algún problema?
—Discutimos en la última clase.
La directora suspiró
—Axton es… complicado.
—Eso es poco decir.
—Todos los profesores han tenido problemas con él.
Se recostó en la silla.
—Pero los chicos lo aman, y no solo los chicos. Toda la ciudad. Tiene más influencia que el alcalde.
Sonrió levemente.
—Y que yo.
Alma cruzó los brazos.
—Eso es inaceptable.
Olivia soltó una pequeña risa.
—Relájate.
—No puedo relajarme —respondió Alma, más firme—. Se supone que estoy aquí para enseñar. Para ayudar. Estos chicos son el futuro del país, necesitan una profesora que se preocupe por ellos…
Olivia levantó una mano.
—Puedes seguir cobrando.
Eso la dejó fría.
—¿Perdón?
—Aunque no vayan a tus clases.
En ese instante su discurso motivacional se fue al suelo.
—¿Cómo es eso posible?
—No es tu culpa si no asisten.
Se inclinó hacia adelante.
—Vienes. Te sientas. Pasas listas. Anotas que no hubo asistencia… y te vas. Nadie dice nada.
Ella procesaba eso.
—¿En serio?
—Muchos lo hacen, especialmente cuando no pueden controlar el salón. O cuando Axton decide que no habrá clase
Ella reflexionó mejor.
Dinero.
Tiempo.
Libertad.
Ninguna presión.
Ninguna obligación real.
Cuando volvió a levantar la vista…sonrió.
—Entiendo.
Olivia la observó.
—Te lo dije. Relájate.
—Lo haré.
—Pasa por la sala de maestros.
Señaló el pasillo.
—Tus colegas pueden darte algunos consejos. Especialmente con Axton.
Ella suspiró, un par de consejos le vendrían bien.
Caminó por un pasillo casi vacío.
El ruido lejano de las máquinas se filtraba por las paredes.
Hasta que esa mirada miel fría y burlona se topo en su campo visual.
Axton.
Apoyado en una esquina, mirándola fijo.
Sonriendo.
No una sonrisa amable.
Una que provocaba.
A su lado, el chico de cabello rojo —Kalen— y los otros dos, como sombras pegadas a él.
—Hola, profesora —dijo Axton—. ¿Cómo estuvo la clase hoy?
Alma siguió caminando.
—Tranquila.
Pasó de largo.
Él se separó de la pared y caminó a su lado.
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Editado: 20.05.2026