El Error de Existir - Ecuaciones de una mentira

9 Lo que no sale de mi cabeza

La noche en La Quebrada no traía silencio. Traía un ruido distinto. Música lejana. Voces. Motores. Risas que no llegaban a ser reales.

Axton caminaba sin rumbo fijo. Kalen hablaba. Benji contaba dinero con una calma casi irritante, pasando billete por billete con los dedos húmedos. Z discutía con alguien por teléfono.

—Te dije que no —soltó Z, con la voz baja pero tensa—. Fue una noche. Ya está.

Del otro lado, la voz de una chica explotaba, aunque no se entendieran las palabras.

—No me importa lo que quieras ahora —continuó—. Yo fui claro.

Colgó de golpe.

—Problemas del corazón —murmuró Benji sin levantar la vista, guardándose el dinero en el bolsillo—. Siempre caros.

Z lo ignoró, pasándose una mano por el cabello, fastidiado.

Kalen no hablaba. Miraba a las personas. Axton conocía esa mirada: estaba calculando, analizando.

Su grupo era homogéneo y diverso al mismo tiempo.

Benji tenía el cabello largo y lacio. Sus facciones suaves y su piel clara lo convertían en el galán de turno. Era delgado, como si nunca comiera, y jamás hablaba si no le importaba la persona o la conversación.

Kalen tenía una mente rápida. Era el único con buenas notas. Llevaba el cabello rojo con mechas rubias. Era el más bajo, pero si te agarraba, no te soltaba. Un solo golpe suyo podía mandarte al hospital… o al cementerio.

Z, por su parte, era atlético. De los que siempre hacen ejercicio. De los que comen saludable cuando se puede. No era el más guapo de rostro, al menos eso decían las chicas, pero su cuerpo… era envidiable.

Esa era su banda de inadaptados para el mundo. Pero en su territorio, todo lo que eran y hacían tenía sentido.

—¿Me estás oyendo? —preguntó Kalen, sin dejar de observar a un grupo al otro lado de la calle.

—Sí.

Mentira. Su mente estaba en otro lugar.

En una casa con olor a pintura fresca. En una puerta que no debió abrir. En una escena que no encajaba.

Alma. En el suelo. Llorando.

—Qué fastidio…

murmuró.

—¿Qué? —preguntó Benji.

—Nada.

Pero no era nada.

Ella no encajaba en ese lugar, pero su manera de resolver las cosas la hacía una más.

Aun así, odiaba que lo mirara sin miedo, que le llamara idiota frente a todos. Pero lo que más odiaba era estar pensando en ella, sentada en esa sala llorando, y no en su novia.

Axton pateó una piedra. Rodó varios metros, rebotando contra el asfalto húmedo.

—¿Vas a decir qué te pasa o qué? —insistió Kalen.

—La profesora.

Benji soltó una risa corta.

—¿Ya te cansaste de ella?

—No. Es rara.

Z bufó.

—¿Rara o te gusta?

Axton ni lo miró.

—Rara.

Kalen alzó una ceja.

—¿Rara cómo?

Axton dudó un segundo.

—No sé.

No le tenía miedo. No buscaba agradar. No reaccionaba como las demás. Y aun así… había llorado.

¿Culpa?

¿Dolor?

¿O algo peor?

—¿Te molesta que golpeara a Leti? —preguntó Kalen.

—Algo. Aunque Leti está furiosa.

—No es para menos, le rompió la nariz —dijo Z, y esta vez sí sonrió un poco.

Benji dejó escapar una risa baja.

Axton no rió.

Siguió caminando.

—¿Le dijiste algo? —preguntó Kalen.

—Sí.

—¿Y?

—Nada. No le va a pedir disculpas a Leti. Solo quiere que no la vuelva a molestar.

—La profe es dura —dijo Benji—. Me está empezando a agradar.

—Leti va a estar insoportable toda la semana —dijo Axton al fin—. Entre los zapatos y esto, no me va a dejar en paz.

—¿Qué quieres que haga? —preguntó Z.

—Supongo que quiere que golpees a la cabeza de chicle —dijo Kalen.

—No la voy a golpear. Es problema de ellas. No me voy a meter.

Axton sacó un cigarro, lo encendió y dio una calada lenta. El humo subió, se deshizo en el aire frío.

—¿Hacemos algo? —preguntó a los chicos.

En ese momento, Z volvió a hablar por teléfono.

—Te dije que sí, pero más tarde —decía, caminando unos pasos atrás—. Relájate… sí, sí, paso por ti.

Kalen chasqueó la lengua.

—¿No que era algo de una noche?

Z colgó.

—Es que es insistente. No se le puede decir que no.

Axton rodó los ojos.

—Te quedas con nosotros. Se supone que nos vamos a relajar hoy —dijo, mirando al grupo—. Vamos a beber algo.

Benji soltó una risa sin levantar la vista.

—No tengo dinero.

Los tres lo miraron.

Axton frunció el ceño.

—¿No tienes dinero?

Kalen alzó una ceja.

—¿Y eso qué es? —señaló directamente el fajo que Benji tenía en la mano.

Benji lo guardó con calma en el bolsillo.

—Eso no cuenta.

Z soltó una carcajada.

—¿Cómo que no cuenta?

—No tengo dinero para gastarlo en ustedes —respondió Benji, tranquilo, casi aburrido.

—Eres un miserable —dijo Kalen.

—Una rata —añadió Axton.

—Ni siquiera tienes novia —le gritó Z.

—No. Son muy caras.

Z se rió.

—Te voy a quitar la billetera mientras duermes.

—Inténtalo.

Kalen le dio un empujón leve.

—Siempre haces lo mismo.

—Siempre caen en lo mismo —respondió Benji sin inmutarse.

Z volvió al teléfono, alejándose un poco.

—Sí, ya, olvídalo —decía—. Mejor ven tú… no, no estoy con nadie importante.

Los tres lo empujaron.

—¿Cómo que no somos importantes? —gritó Kalen.

—Somos el amor de tu vida —añadió.

Benji soltó una risa baja.

—Déjenlo, es la única que lo soporta.

Z hizo un gesto con la mano.

—Cállense.

—Es verdad —insistió Kalen—. Ya vas por segunda vuelta con todo el barrio.

Axton suspiró, pasando una mano por su cabello.

—Compramos cerveza y vamos a la losa.

—Fútbol —dijo Kalen.

Y eso fue suficiente. El plan estaba hecho.

Caminaron unos metros más, bajando por una calle más oscura, donde las luces fallaban y la gente pasaba rápido.

Una mujer cruzó frente a ellos. Bolso colgando. Paso distraído.




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