Alma llegó al colegio como siempre.
Firmó.
Nadie entró a clase.
Nadie la buscó.
Nadie la necesitó.
Perfecto.
Salió sin mirar atrás.
No vio a Axton. Pero él sí la vio a ella.
La siguió en silencio. No sabía exactamente por qué. Solo caminaba detrás, observando.
La vio entrar al supermercado, esperó unos segundos antes de entrar. La encontró en la sección de ropa.
Alma revisaba prendas con calma, comparaba, elegía. Nada especial, nada llamativo. Y aun así… no podía dejar de mirarla.
No parecía alguien que perteneciera a ese lugar.
No encajaba en ningún lado de La Quebrada. Parecía… mal puesta. Como si alguien la hubiera dejado caer en el lugar equivocado.
La siguió con la mirada hasta alimentos. Tomaba cosas simples, básicas, como si estuviera armando una vida desde cero.
Eso le molestó. Tal vez porque nadie empezaba nada ahí. Ahí uno solo… sobrevivía.
Cuando salió, él esperó unos segundos antes de seguirla.
La vio entrar a su casa. Cerrar.
Y él se quedó afuera, de pie mirando la puerta.
Chasqueó la lengua.
—¿Qué estoy haciendo?
No tenía respuesta. Pero se sentía como un tonto. Se giró y se fue.
Encontró a Benji en la esquina de siempre.
—Salió trabajo —dijo sin rodeos.
Axton lo miró.
—¿Qué es?
—Un padre quiere que le demos una advertencia a un tipo que anda detrás de su hija. Paga bien.
Axton asintió.
—Vamos.
No preguntó más. No le interesaba. Necesitaba hacer algo que le ayudara a estabilizar su mente y tenerlo alejado de su casa.
Fueron a la casa del tipo.
Tumbó a la puerta de la forma más violeta posible, estaba allí para dar un mensaje, la gran entrada era parte del servicio.
Inmediatamente una mujer empezó a gritar, no le prestó atención no estaba por ella, por sus facciones debía ser la madre.
El hombre salió, inmediatamente le dio una golpiza sin piedad, lo lanzó al suelo para seguir desquitando con él toda la rabia contenida, en los últimos 19 años.
Benji sostenía a la mujer para que interfiriera y Z estaba en la puerta impidiendo que alguien entrara.
—Aléjate de la hija de Thomas —dijo Axton, agarrándolo del cuello.
El hombre apenas podía respirar.
—La próxima no lo cuentas.
Lo soltó.
Trabajo hecho. Cobro rápido.
Después fueron a la minera.
Vendieron alcohol. “Agua”. “Leche”.
Lo suficiente para que esas personas no pudieran pensar en las noches.
Luego de lo que llamaba una buena jornada laboral volvió a su casa contra su voluntad.
Apenas entró el olor a hierba le escupió en la cara.
Su madre estaba en el sofá recostada mirando al techo, ni se molestó en verlo entrar.
Axton abrió la nevera.
Vacía.
—No hay nada para comer.
—No grites…
La voz de ella era un susurro molesto. La puerta de la única habitación se abrió para dejar salir a un hombre en calzoncillos.
Axton lo miró, frío.
—Vístete.
El hombre dudó.
—No le hables así —dijo su madre—. No seas grosero.
Axton soltó una risa sin humor.
—¿Grosero?
Se giró hacia ella.
—Pagué seis meses de luz, agua e internet. Porque a ti se te olvidó. Y ni siquiera hay comida.
El hombre fue hasta Axton y le dio una cachetada
—No le hables así a tu madre.
El iba a reaccionar a golpes, cuando ella le grito.
—¡No le pegues!
En ese instante algo cayó del techo.
Tierra.
Axton levantó la mirada.
El agujero seguía ahí, la verdad siempre había estado allí, el era el que se estaba hartando de vivir así.
Toda la casa estaba llena de humedad por la lluvia que entraba por el techo, de tierra, el sofá donde dormía estaba sucio y mal oliente.
De nada servía comprar algo nuevo, su madre siempre lo vendía para conseguir más hierba o alcohol.
Respiró hondo.
—Me voy.
—Me da igual —respondió ella.
Claro que le daba igual, siempre le daba igual.
#2968 en Novela romántica
#304 en Thriller
#137 en Misterio
chico malo sexy, amor romance dudas odio misterio, enemies to lovers romance slow burn
Editado: 14.05.2026