Esa mañana, Axton fue al colegio como siempre. Asistió a todas sus clases, se sentó, no prestó atención y tampoco le importó. Sin embargo, vigiló algo: que la orden siguiera en pie. Nadie entraba a las clases de Alma. Nadie la buscaba. Nadie se acercaba. Perfecto.
Salió al campo y jugó fútbol con los chicos. Corrió, gritó, empujó. Todo normal. Todo mecánico. Cuando terminó, se dejó caer en una banca, respirando agitado, con el sudor marcándole la frente. Fue entonces cuando la vio.
Salía de la sala de profesores.
Vestido amarillo. El mismo que había comprado en el supermercado.
Su cabello rosado se movía con el viento y sonreía, como si nada, como si no le afectaran las aulas vacías, como si no le importara.
Axton frunció el ceño. No era precisamente una belleza.
Pero tenía algo, tal vez su manera de caminar, su forma presuntuosa de ver, o su sonrisa sarcastica e ironica.
Alma era un terreno desconocido para él, y debía saber a que se enfrentaba.
—Benji.
El chico se acercó.
—¿Qué?
—Tengo un trabajo para ti.
—¿Cuál?
Axton no apartó la mirada de ella.
—Llama al Ratón. Quiero que averigüe todo lo que pueda de la cabeza de chicle.
Benji soltó una risa corta.
—¿Todo?
—Todo. De dónde viene, quién es, dónde estudió, sus padres… todo lo que tenga. Le voy a pagar bien.
Benji negó con la cabeza.
—Sabes que el Ratón no acepta dinero.
Axton sonrió apenas.
—Lo sé. Y tengo justo lo que le gusta. De la mejor calidad.
Benji asintió.
—Ya le digo.
Se fue.
Kalen se sentó a su lado, hidratándose.
—Le estás dando mucha importancia a la cabeza de chicle.
Axton no respondió de inmediato.
—No me gusta algo en ella.
—¿Qué cosa?
—No está siendo profesora de verdad.
Kalen soltó una risa.
—Nadie es profesor de verdad aquí.
Axton negó.
—Hay algo raro. Solo quiero saber qué.
Kalen bebió.
—Se ve tranquila.
Z se acercó riendo.
—Creo que está disfrutando no darnos clase.
Axton no dijo nada. Siguió mirándola.
Z se dejó caer cerca.
—¿Saben que a los profesores les siguen pagando, aunque no vayamos?
Axton alzó la mirada.
—¿Qué?
—Sí. Mi hermana fue profesora. Desde el año pasado el ministerio les quitó la responsabilidad aquí. Si reprobamos, no es su culpa. Si no vamos, tampoco. Si pasa algo… tampoco. Es más, ni siquiera tiene problemas por lo de Leti.
Kalen soltó una risa sin humor.
—Somos una plaga sin derechos. Aunque creo que nos lo ganamos.
Axton se quedó pensando.
—Está cobrando sin trabajar.
Su voz fue baja, incómoda.
—Claro —dijo Z—. Todos lo hacen.
Volvió a mirarla, esta vez sonriendo.
—Le hice un favor.
Kalen lo miró.
—¿Qué?
—Mañana todos vuelven a sus clases. Y le vamos a dar problemas.
Kalen suspiró.
—Axton… no quiero ofenderte, pero gastar energía en algo que no da dinero no es mi estilo. Déjala en paz.
—No.
—La Quebrada se encarga sola. Se va a hartar. Todos la tratan mal.
—No. Me llamó inútil frente a todos, idiota narcicista.
Kalen rodó los ojos.
—Es que si eres un idiota narcicista.
—Tu no sabes lo que es eso.
Le reclama Z
—Claro que si, ví un video del tema. Axton es un idiota narcicista.
—¡Da igual si lo soy! No tiene permiso de hablarme así.
Kalen lo miró de lado.
—No será que te gusta.
Axton arrugó la cara.
—¿Qué te pasa? Es una anciana. Debe tener como treinta años. Y ni siquiera es bonita.
Kalen sonrió apenas.
—Claro.
—Hazme ese favor. He soportado muchas cosas por ti.
Kalen suspiró.
—Bien, pero solo para que te calles. Y recuerda que tienes novia. Quien, por cierto, viene justo para acá.
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Editado: 14.05.2026