El Error de Existir - Ecuaciones de una mentira

14 ¿Quién es Alma Santander?

Axton estaba en la minera cuando terminó el trabajo. El aire en ese lugar era pesado, pero se negaba a usar mascarilla, necesitaba un poco de dinero extra los trabajos en la calle no estaban saliendo y su madre seguía sin dar dinero en casa.

¿Casa?

Será que puedo llamar a eso una casa, pensó.

Se limpió el sudor con el antebrazo mientras terminaba de recoger la basura que la empresa dejaba por la zona, Benji se acercó.

—El Ratón quiere verte.

Axton ni siquiera lo miró.

—Termino esto y lo voy a ver.

—Dice que es urgente, de lo que le mandaste averiguar.

Eso lo hizo alzar la mirada, para El Ratón, nada era urgente.

En el rostro de Benji pudo notar algo de insistencia, lo cual era poco común en él, era un hombre templado, pocas cosas lo hacían reír, llorar o lo sacaban de sus casillas.

—Cuida esto.

Y se fue.

La casa del Ratón era…un agujero oscuro. Con ventanas tapadas, focos sin bombillos. Todo estaba apenas iluminado por el brillo azul de las pantallas, el lugar olía a encierro y grasa.

Lo encontró en el único sillón de la pequeña sala comiendo papitas.

Era un hombre delgado, que llevaba una pésima alimentación a base de cerveza y frituras en bolsas, su cabeza permanecía rapada, no por estilo, por comodidad, El Ratón odiaba bañarse y así evitaba oler peor.

—¿Tienes lo que te pedí?

—¿Tú tienes lo mío?

Axton dejó caer una bolsa de hierba de la mejor calidad sobre la mesa.

El Ratón sonrió, con esa sonrisa enferma que le perturbaba.

Lo conocía por que fue novio de su madre, uno de los tantos que no le causaba odio.

Se levantó.

—Ven.

Lo llevó hasta la computadora.

El no solía comprar ropa, todo lo que usaba era regalado o conseguido en la basura, no aceptaba dinero por temas de filosofías, solo hierba, alcohol o comida. Según la intensidad del trabajo, el definía cual de los tres debías traerle. En el caso de Axton, siempre pedía los trabajos que se pagan con hierba, los cuales eran los más difíciles.

—En este país. No hay registro de alguien con sus datos.

Empezó hablar.

Axton bufó, eso era obvio, Alma no tenía el mismo acento que las personas de ese país.

El Ratón empezó a teclear. Pantallas cambiando. Archivos abriéndose.

—Así que fui más profundo y decidí indagar con su pasaporte.

—¿Cómo tienes su pasaporte?

—Es contratada por el ministerio de educación. Ellos tiene toda su información. Carné de residencia, entrada al país.

El Ratón se relamió los dedos llenos de grasa.

—Y ahí se pone interesante.

Axton se inclinó apenas y miró la pantalla.

—No es profesora. Es enfermera, tiene 30 años, es originaria de Este País (lo señala en el mapa), estudió en la Universidad Nacional, se graduó con 22 años. No sale nada más en esos registros.

El Ratón sonrió, y Axton entendió que si había algo más.

—¿Qué?

La palabra salió baja.

El Ratón señaló la pantalla.

—Salió de su país hace dos años. Viajó por muchos países, antes de llegar aquí, pero lo extraño es que, en todos esos viajes, voló con la misma persona.

—Esta mujer, se llama Mei Sato, tiene 35 años. Ingresó a este país con ella.

Señalo a una señora en la pantalla, cabello negro, rasgos extranjeros, de unos 60 años.

—¿Quién es ella?

Pregunta, confundido.

—No tengo idea, pero lo que me registra es que esta muerta.

—¿Muerta?

—Así es. Murió hace 2 meses. ¿Crees que Alma tuvo algo que ver en su muerte?

Axton se queda pensativo, mientras El Ratón seguía hablando.

—Seamos sincero, la paga de profesores puede ser buena, pero para que alguien quiera venir a este pedazo de asco, debe tener un buen motivo. Estoy seguro, que ella quiere huir de algo.

Axton ya lo había pensado.

La Quebrada tenía una reputación terrible, hasta las autoridades nacionales prohibían la entrada allí. La única carretera estaba custodiada por policías. Alma tuvo que llegar gracias a la credencial, pero ni siquiera ellos pueden salir sin autorización, el lugar no existe, o no quieren que exista.

—Ella no tiene redes sociales, nada. Lo cual es muy extraño.

Axton no apartó la vista de la pantalla.

—¿Hay algo que indique de que podría estar escapando?

Lo dijo despacio.

—Nada, sus datos están en blanco. La información que tengo es del Ministerio de Educación, pero lo curioso es que no coincide con la información real. En el Ministerio, ella aparece como profesora de matemática, con especialidad en estudiantes difíciles, pero allá es enfermera.




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