Esa noche el frío la estaba castigando sin piedad.
Llevaba una polera rosa y unos pantalones negros anchos. Cómoda… sí. Presentable… discutible.
Trataba de relajarse y leer un libro en su celular, cuando el golpe seco en la puerta la hizo alzar la mirada.
Una vez.
Luego otra.
Frunció el ceño.
No era hora de visitas.
En realidad… ella no recibía visitas.
Abrió.
Para conseguirse con una sonrisa amplia y descarada, era Axton quien parecía que hubiera llegado tarde a una fiesta. Vestía como siempre mitad playa, mitad problema.
—Te ves horrible.
Alma parpadeó.
—Gracias. Tú me estas haciendo la competencia.
El ignora su irreverencia y entra sin pedir permiso.
Miró alrededor.
Todo limpio. Ordenado. En su sitio.
El sillón marrón impecable. El piso brillante. Ventanas claras.
Se detuvo un segundo.
—¿Vives en un museo?
Alma cerró la puerta.
—Me sorprendas que sepas lo que es uno.
Él se dejó caer en el sofá como si fuera suyo.
Inspiró.
—Huele a coco. Y a decisiones responsables. Qué asco.
Alma cruzó los brazos.
—¿Terminaste?
—No. Pero vine a cobrar.
Ella frunció el ceño.
—¿Qué?
—El trato.
—¿Ahora? —bajó la voz, mirando la puerta.
—Ahora.
Sin sonrisa. Sin juego. Eso… sí era serio.
—Axton son las 5 de la tarde, quiero descansar, quiero...
—Vistete, nos vamos en media hora.
—Eso no es una respuesta.
Para él no dijo más.
Ella podría decirle que no, pero tenían un trato y la paz de su estancia en La Quebrada consistía en no tener problemas con ese tipo.
—Te doy tiempo para que te cambies —dijo, acomodándose mejor en el sofá.
—Puedo salir así.
Axton la miró de arriba abajo, sin pudor.
—Entonces eres ese tipo de chica.
Alma entrecerró los ojos.
—¿Qué tipo de chica?
—La que no le importa como se ve.
La naturalidad con la que decía sus comentarios, sin importarle si ofendían o no, a ella le incomodaban…bueno le molestaban.
Mientras Alma procesaba como es que su vida terminó en una ciudad sucia y un buscapleitos profesional, el enciende la televisión.
—A ver qué consume una profesora responsable… cabeza de chicle.
—No me llames así.
—Anda a cambiarte, ponte el vestido amarillo, te ves hermosa con…
Alza la vista y nota que una sonrisa se estaba dibujando en el rostro de Alma.
—Bueno, dentro de tus posibilidades.
Ella giró los ojos y se fue a su habitación. Sus opciones de ropa no eran muchas, dos trajes de sastre, uno beige otro negro, la polera que tenía puesta y dos pares de zapatos.
Gracias al ataque de los matones de la Dopple perdió el único conjunto que tenía de diario.
Mientras buscaba ropa, pensaba: «Debería usar zapatillas, de seguro con este pandillero desobligado voy a tener que correr ».
—¿Qué clase de tortura es esta? —se escuchó desde la sala.
Alma salió un segundo, sosteniendo un pantalón de vestir.
—Son series de mi época.
Dijo fingiendo seguridad, llevaba rato averiguando la generación de los de 30 años, quería parecer una autentica mujer de esa edad.
—¿Tu época fue aburrida o hicieron un esfuerzo?
—Friends, The Big Bang Theory, How I Meet Your Mother.
Axton hizo una mueca.
—No has dicho nada que sepa que es.
—Todas esas series son un clásico…no espero que sepas de que hablo.
—Es oficial…eres aburrida.
—¡Solo pon lo que quieras!
Le gritó para volver al cuarto.
La verdad… había intentado verlas, pero ninguna le gustó. El humor no le decía nada; algunas cosas le parecían fuera de lugar y todo se le hacía lento, casi forzado. No entendía por que todo giraba entorno al amor y la necesidad de tener pareja.
Al final, se aburrió.
Y, aun así, no podía decirlo. Tenía que parecer adulta.
Suspiró.
Terminó eligiendo su vestido amarillo. Era lo único que tenia limpio y era casi para salir.
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Editado: 14.05.2026