Terminaron de comer y salieron del lugar.
—¿A dónde quieres ir ahora?
Pregunta ella, pero él no respondió. Solo sonrió y empezó a caminar como si siguiera un mapa invisible. Calles, esquinas, luces… todo pasaba rápido hasta que, de pronto, se detuvo frente a un parque de diversiones.
Alma parpadeó.
—¿Aquí?
Axton no reaccionó de inmediato.
—Esto no estaba aquí.
Su tono era más bajo. Como si la decepción hubiera llegado.
Ella ladeó la cabeza.
—¿Qué esperabas?
—Bueno… yo, cuando era niño.
Las palabras se le enredaron como si no estuvieran permitidas. En un segundo su expresión cambió. Miró hacia otro lado.
—Olvídalo. No pasa nada. Todo siempre se va.
Aunque ella no dijo nada, sintió que lo que estuviera allí antes, era importante para él.
En fracciones de segundos, él ya no miraba el parque, si no un puesto de dardos.
—Ya estamos aquí… —dijo Alma—. ¿Por qué no jugamos?
La miró de reojo.
—Bien. Pero solo porque tú quieres.
Entró con esa seriedad exagerada que no le quedaba.
Alma soltó una risa.
—¿Te ríes de mí?
—No… —lo miró de arriba abajo— me río de lo mal que finges que esto no te gusta.
Axton entrecerró los ojos.
—Tu debes ser experta en fingir.
Ella le lanza una mala mirada.
—Suponer no es preguntar.
Fueron al puesto y él le paso un dardo. Alma lo sostuvo, midiendo distancia, ángulo, fuerza…
—Solo lanza —dijo él fastidiado.
—No es tan sencillo.
Axton dio un paso al frente. Demasiado cerca.
—Sí lo es.
Se colocó detrás de ella sin pedir permiso. Su mano cubrió la de Alma. La ajustó. Firme. El aire cambió, tensándola a ella un poco.
—Puedo hacerlo sola.
—No parece.
Él inclinó ligeramente su brazo.
—Mira al centro. No a todo.
Su respiración rozó su cuello.
Alma lanzó y...falló.
Se separó de inmediato, dando un paso atrás.
—Me estás saboteando.
Él alzó una ceja.
—Claro. Mi plan maestro: hacerte perder en un puesto de feria.
—No ayudas.
—Tú no te dejas ayudar.
Ella cruzó los brazos.
—Quiero ganar.
Axton soltó una risa baja.
—Relájate y diviértete. ¿Sabes lo que es eso?
Alma lo miró, desafiante.
—Claro que lo sé.
Axton la observó. No como antes.
—Ganar no es todo.
Recordó algo que no debería, algo de un pasado que trataba de borrar, ¿Por qué quería seguir ganando? Ya nadie la presionaba, ahora podía hacer lo que quisiera.
—Para mí sí.
Cuando se percata dónde estaba, suspira y se recompone.
—Bien —dijo, extendiéndole el dardo—. Es tu turno. Enséñame cómo lo haces.
—Toma nota.
Se colocó frente al tablero. Seguro. Suelto y lanzó.
Falló.
Alma levantó lentamente una ceja.
—Es una tragedia que no tomé nota.
Axton chasqueó la lengua.
Segundo lanzamiento.
Falló.
—No digas nada.
Le reprocha sin mirarla, suponiendo su expresión de burla.
Tercer lanzamiento.
Ni cerca.
Alma negó, divertida.
—Creo que lo entendí.
Se inclinó apenas hacia él.
—La clave es… no hacer nada de lo que tú haces.
Axton soltó una risa corta.
—Te gusta provocar, cabeza de chicle.
Pero esta vez…no sonó como un ataque.
—Vamos.
Dijo él.
Pero Alma estaba mirando el puesto como si le debiese algo.
—¿Siempre te frustras cuando no ganas? —preguntó él.
Ella lo ve de manera retadora.
—Ganar es más divertido.
—Perder puede ser entretenido. Vamos, no seas intensa. Déjalo ir.
—No es tan fácil dejar ir las cosas.
Dice ella caminando a su lado.
—Lo que no se culmina, se queda aquí — señala su cabeza — consumiéndote.
—¿También eres profesora de filosofía?
—¿Me prestarías más atención si lo fuera?
—No, pero al menos fingiría que te escucho.
Avanzaron entre luces y ruido hasta que Axton se detuvo en seco.
—Esa.
Alma siguió su dedo.
Montaña rusa.
Alta. Innecesaria. Sospechosa.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
—Axton, soy profesora de matemáticas, no sujeto de prueba.
—Eres enfermera...No trates de ser Alma conmigo..Lily.
Ella hace una cara de pocos amigos.
—Nunca me vas a caer bien...y no me llames así.
—Ven, puedo vivir con tu odio.
La toma de la mano y cinco minutos después…estaban sentados. Alma sujetaba la barra con un pánico sin disimulo.
—Es divertido.
Dice Axton al verla así.
—Te juro que no vas a pasar mi materia.
Axton la miró de reojo.
—Respira.
—Estoy respirando.
—No, te estas hiperventilando.
—Me sorprendes que sepas la diferencia.
Llegaron arriba. Un segundo suspendido y luego…la caída. El grito de ella casi le rompe el tímpano. Cuando finalmente se detuvo, una indignada Alma se bajó pálida y tambaleando.
—Creo que estoy muerta, ¿puedes verme?
—Por desgracia sí. Ven, vamos por un helado.
Le dice él señalando un puesto.
—Pregunta si venden urnas, porque voy a necesitar una.
—Que exagerada.
Axton eligió un helado enorme, absurdo.
—¿Cómo te vas a comer todo eso? Es muy grande
—Obsérvame, cabeza de chicle.
El helado se cae y mancha su camisa, ella se empieza a reír.
—¿Leti sabe lavar camisas?
Él le lanza una mala mirada
—Tal vez Milo sepa.
Ella se sonríe, era tan infantil que a veces se le olvidaba que era un pandillero peligroso.
—Ven. Comparte el mío, me das un poco de pena.
—No necesito…
Tarde, ella le metió una cucharada en la boca.
—Calladito, pareces una buena persona.
Caminaron alejándose del ruido del parque. Las luces quedaron atrás, reemplazadas por calles más tranquilas… y bastante menos vigiladas. Axton iba con las manos en los bolsillos. Alma aún tenía el helado, ahora más pequeño… pero igual de innecesariamente elegante en su forma de comerlo.
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Editado: 14.05.2026