El Error de Existir - Ecuaciones de una mentira

25 Un nuevo trato

El patio del colegio hervía en su rutina caótica. Risas. Gritos. Música escapando de un celular maltratado. Y en el centro de ese pequeño ecosistema desordenado… Axton. Sentado con los chicos de su banda como si fueran dueños del lugar.

Fue directo hacia él. Eso, por sí solo, hizo que varias miradas se giraran.

Y cuando llegó…el silencio se abrió paso, incómodo, curioso.

—Tenemos que hablar —dijo.

Axton alzó la vista, lento. Se pone de pie y la lleva a una esquina.

—No hablas conmigo en público —respondió —. Regla básica.

—No tengo tiempo para tus reglas… ni para tus idioteces.

—Esto se puso bueno.

Alma giró y vio a Kalen al lado de ambos comiendo papitas.

—Es una conversación privada.

Este se encogió de hombros.

—Yo también escuché tu verdadero nombre.

Eso sí la detuvo. Ahora eran dos que sabían su verdadero nombre. Bien, los tenía que tener de su lado.

—Dijiste que soy enfermera. ¿De dónde sacaste esa información?

—Del Ratón —respondió Kalen—. Obvio.

—Necesito hablar con esa persona —dijo, más baja.

Axton ladeó la cabeza.

—¿Por qué?

Alma lo miró, fría.

—Sin preguntas.

Kalen sonrió, divertido.

—Se puede hablar con el ratón… pero cobra.

Claro, no podría haber otra forma.

—¿Y cuál es el pago?

—Hierba —respondió Kalen—. Pero de la buena.

—¿Por qué todos aquí tienen un vicio?

Kalen se encogió de hombros.

—Hay que pasar el rato. Vivimos en una enorme cárcel con uniforme.

—Necesito hablar con él. Ahora.

Axton negó con la cabeza.

—No tienes cómo pagarle.

—Consigo la hierba —respondió Alma, rápida—. Y ya.

Kalen soltó una risa.

—No es así.

Se limpió las manos en el pantalón.

—La que consume el Ratón no es genérica. Esa viene de afuera, de los polis. Se cultiva fino, delicado… casi con cariño.

Alma lo miró, incrédula.

—Son viciosos gourmet.

—Gracias —respondió Kalen, orgulloso.

—¡Axton!

Un grito en medio del lugar los dejo a todos paralizados.

Al girarse se encontraron a una furiosa Leti que caminaba hasta ellos como un volcán que ya había explotado. Se plantó frente a ellos, brazos cruzados, mirada cargada.

—Me dejaste plantada. Te estaba esperando en mi casa.

Axton alzó una ceja.

—¿Sola?

Leti frunció el ceño.

—Sí, claro. ¿Qué preguntas?

Axton sonrió apenas.

—Creo que sabes lo que estoy preguntando.

Leti abrió la boca… pero no respondió.

Entonces...vio a Alma, y su expresión cambió al instante.

—¿Qué hace ella aquí? —escupió—. No quiero ver Tu cara nunca más.

Alma dio un paso al frente.

—No me hagas enojar.

Y, sin pedir permiso, tomó a Kalen del brazo.

—Ven.

Lo arrastró unos metros, lejos del centro.

Kalen no se resistió. Claramente, esto le divertía demasiado.

—Pregunta, ¿Eres una asesina?

Dos sombras más se acercaron. Benji y Z.

—Queremos saber qué pasa —dijo Benji.

Alma negó.

—No.

Z sonrió, lento.

—Somos una banda. No hay secretos.

Kalen levantó la mano, como en clase.

—Quiere hablar con el ratón.

Z asintió.

—Se puede arreglar.

Alma lo miró directo.

—¿Cómo?

Z se acercó un poco más.

—Si te llevamos con él… nos debes un favor. Uno solo —añadió—. Pero cuando lo pidamos… no puedes decir que no.

Esos tres eran diferentes a los mafiosos que conocía, parecían inofensivos, pero algo le decía que no lo eran tanto. A diferencia de Axton, no miraban con odio, pero tampoco con amor.

Ella los analizó un poco.

—¿Ese trato incluye sexo ocosas raras?

Z hizo una mueca.

—Tal vez.

Kalen soltó una carcajada.




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