El Error de Existir - Ecuaciones de una mentira

28 Ella me gusta

Llegó al colegio al día siguiente. El pasillo aún estaba medio vacío cuando Kalen apareció frente a ella, como si hubiera estado esperándola desde antes de que abrieran las puertas.

—¡Profe! —dijo, emocionado—. Hay otra partida esta noche.

Alma arqueó una ceja.

—Qué rápido.

—Mejor —añadió él, acercándose más de lo necesario—. Va a estar el ministro otra vez. Y varios mineros… les acaban de pagar.

Sonrió, casi brillándole los ojos.

—Se puede ganar muy bien.

—Eso suena interesante.

—¿De qué hablan?

La voz de Axton cayó como un vidrio rompiéndose en medio del pasillo.

Ambos giraron para conseguirlo, serio, mirando con una quietud perturbadora.

Kalen, lejos de tensarse, sonrió más.

—De dinero —respondió—. Esta mujer es una máquina de hacer plata.

Y, sin aviso, la abrazó como si ya fuera costumbre. Alma soltó una pequeña risa, apartándolo con suavidad.

—Contrólate —le dijo—. Estamos en el colegio. Y sigo siendo tu profesora.

Pero no sonó molesta y eso fue lo que hizo ruido.

Axton no apartó la mirada.

—¿Desde cuándo hay tanta confianza?

La pregunta salió baja pero con filo.

Kalen se encogió de hombros.

—Desde que me hizo ganar siete mil quinientos dólares en una noche.

Axton parecía sorprendido, pero no iba a demostrarlo.

—Esta noche hay otra partida —continuó Kalen—. Podemos…

—No. Tenemos un trato y esta noche debes cumplir.

Alma giró hacia Axton, irritada.

—¿No puedes esperar a otra noche?

Negó, sin mirarla del todo.

—Ese salón está lleno de chicos que te van a escuchar. Y eso es porque yo estoy cumpliendo mi parte del trato.

—Es mucho dinero, Axton. Cede un poco.

Señaló a Kalen.

—Además, voy a ayudar a tu amigo.

Axton no miró a Kalen no de inmediato.

Primero la miró a ella y luego, lento…a él.

—¿De dónde sacaste la cuota? Milo cobra mucho para entrar.

—Yo se la pagué.

Respondió Kalen sin pensar:

Ahí cambió algo. Axton giró completamente hacia él.

—¿Tú qué?

Axton pasó la lengua por el interior de la mejilla, conteniéndose.

—¿Podemos hablar?

No fue una invitación. Fue una orden disfrazada. Y esta vez…ni siquiera intentó ocultarlo.

Señaló con la cabeza hacia un lado del pasillo.

—Ve entrando.

Dice con dureza a Alma.

Ella cruzó los brazos.

—No me des órdenes. Y si no usas uniforme, no entras a mi clase.

Axton sonrió apenas.

—Sería una pena perderse una clase de matemáticas dictada por una enfermera.

—¿Enfermera? —repitió Kalen, confundido.

—Tú vienes —dijo Axton, ya alejándose.

Lo llevó a una esquina del pasillo.

—¿Qué pasa? —preguntó Kalen—. ¿Por qué esa cara?

Axton lo miró directo.

—Te gusta, ¿verdad?

Kalen frunció el ceño.

—¿De qué hablas?

—Le pagas la entrada, sonríes como idiota, andas pegado a ella…Te gusta.

Axton estaba irritado, su amigo lo sabía. Cuando algo no le gustaba se le notaba.

Kalen lo sostuvo la mirada.

—¿Y si me gusta? Es bonita —añadió—. Y es inteligente. No es como las de aquí.

Axton tensó la mandíbula.

—Es mayor que tú.

—¿Y?

—Es tu profesora.

—¿Y?

Axton dio un paso más cerca.

—Y cuando tenga el dinero… se va a largar.

Kalen alzó los hombros.

—Tal vez me largue con ella.

Eso sí lo golpeó.

—No soy como tú, Axton —añadió—. No quiero quedarme aquí para siempre.

—¿Crees que yo sí?

—Siempre dices que te vas a casar con Leti.

Axton soltó una risa seca.

—Lo digo por decir. No quiero quedarme aquí.

Kalen lo observó.

—¿Y Leti?

Axton dudó un segundo.

—No lo sé.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.