El rubio bebía un trago con Axton cuando la puerta se abrió de golpe.
—¿Qué pasó?
Uno de los hombres habló, sin querer mirarlo demasiado.
—La chica de cabello rosa… ganó. Escalera.
Su gesto se endureció.
—¿Qué?
Se levantó de inmediato y avanzó hacia la mesa.
Axton lo siguió, y en su estómago… algo se tensó. Sabía que eso no iba a terminar bien.
Aparecieron en la mesa, Alma estaba de brazos cruzados con sus fichas y una enorme sonrisa.
—¡Eso es! —aplaudió una vez—. ¡Así se juega!
Las risas de los empleados eran tensas, en cambio los asistentes estaban asombrados. Ella se limitó a seguirles el juego.
Y podía ver en los ojos de ese hombre el fuego de la derrota.
—Ven —dijo él, apoyando una mano en su hombro.
No fue una invitación.
La llevó a una habitación aparte. Axton entró detrás y la puerta se cerró.
El cambio fue inmediato.
—¿Cómo ganaste? —escupió el rubio, perdiendo toda máscara.
Ella no retrocedió.
—Te dije que sabía jugar.
El hombre dio un paso más, invadiéndola.
—Dime la verdad.
—Es la verdad.
Alma ladeó apenas la cabeza y le dio una sonrisa.
—Sé que hiciste trampa.
—Hice una escalera de color con las cartas de tu mazo, ¿Cómo haría trampa?
El Rubio no respondió, solo la miró.
Luego levantó la mano… y le tomó el rostro, no con suavidad, con reconocimiento.
—Ya sé de dónde te he visto.
Ella no parpadeó.
—¿A mí? Es la primera vez que estoy aquí.
Sonrió sin alegría—. Cabello rosa. Casino Royal. Tú y Mei… ganando todas las rondas.
—¿De dónde conoces a Mei? —preguntó Alma, más afilada ahora.
—Conozco a todos los que se meten en este negocio —respondió él—. Me pregunto si ella me pagaría algo por…
—Mei está muerta.
La frase cayó como una piedra en agua negra.
—Y Alfa también —añadió Alma, seca.
Se inclinó apenas hacia él.
—Ahora me das mi dinero y me largo. Te hago un favor: no me vuelves a ver la cara.
El Rubio giró de golpe y casi golpea a Axton.
—¡Ganó! ¿Qué te pasa?
Le grita Axton tambaleándose.
—¡Aquí nadie gana! Eso es lo que pasa
—Sabes que no te conviene tenerme de enemigo, abuelo — dice Axton incomodo — tampoco soy un ser indefenso.
El Rubio ve a Axton con rabia, da la orden y entra a la habitación un hombre armado.
El aire se volvió más pesado.
—Ese nivel de análisis no es normal. Si estabas con Mei… y con Alfa… entonces tú eres la chica genio.
—¿Chica genio? —repitió Axton, mirándola.
Alma se tensó —Solo dame mi dinero —cortó ella.
El señor suspiró, como si hubiera tomado una decisión.
—Te voy a dar la mitad.
—¡¿Cómo?! —Grita ella
—Alma, aceptalo — dice Axton.
—No, gané 60 mil — estaba roja de la rabia.
—Lo vamos a tomar — comenta Axton buscando estar tranquilo.
—¡No hables por mí!
Arrojó el dinero sobre la mesa como un insulto, mientras Alma seguía ladrando.
Luego los empujó hacia la puerta de una manera violenta.
Ellos salieron, pero no se había acabado. Axton sabía lo que venía, sentía esa mirada quemando su espalda.
—¡Qué rayos! Eres el peor pandillero del mundo.
—No sobrevives siendo colérico, hice lo mejor para ti. La mitad de 30 mil es mucho dinero.
—¡Eres un cobarde!
—Alma, no me gusta que me griten.
Se ajusta la camisa y empieza a caminar. Dejandola sin insultos nuevos.
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Editado: 14.05.2026