Axton siguió caminando.
Alma no.
—Era mi dinero. No puedes meterte en esto.
—También es el dinero de mi amigo. Si estás muerta, él se queda sin pago.
—Creo que a Kalen no le va a gustar saber que podía tener treinta.
—Kalen sabe cómo funciona esto.
Él se detuvo, pero no se giró de inmediato, como si necesitara un segundo para contener algo más que la rabia.
Cuando lo hizo, sus ojos ya no estaban rojos. Estaban duros… y cansados.
—Explícame por qué te llamó “Chica genio”.
Alma cruzó los brazos.
—No te voy a decir nada. Eres el peor chico malo que he visto en mi vida. Pensé que ibas a…
—¿Golpearlos como un bruto? ¿Qué iba a sacar un arma? —dio un paso hacia ella—. No te vuelves líder de una pandilla actuando como un salvaje. Cada golpe tiene una razón. El respeto no siempre se gana con violencia… a veces se gana sabiendo cuándo parar.
—Ahora eres sabio… Mi dinero no se toca.
Axton soltó una risa seca, pero esta vez no sonó tan segura.
—Mira, Lily —se acercó hasta borrar casi toda la distancia entre ellos—. Yo no soy el que está huyendo con una identidad falsa. Si fueras tan buena resolviendo problemas como dices, no estarías aquí.
—Tú no sabes lo que estás diciendo.
—Sí lo sé —bajó la voz—. Nadie llega a La Quebrada porque sí.
—¿Y tú? —lo miró directo—. Ese señor es tu familia, es claro que tienes opciones… ¿qué haces ahí metido?
Él sostuvo su mirada un segundo más de lo necesario. Luego la rompió.
—Porque no todas las casas, son un hogar…y yo no tengo de eso.
Hubo un silencio breve, pero pesado, como si algo se hubiera dicho sin terminar de decirse.
—¡Mentira sentimental! Eres un idiota narcisista —dijo ella, aunque su tono ya no cortaba igual—. Te gusta tu pedazo de poder en ese lugar podrido.
—¡No sabes lo que dices!
—Claro que sí. Te quedas porque eres igual a ellos.
Axton la miró y, esta vez, algo cedió. Pasó una mano por su cabello, exhalando lento.
—No soy igual a ellos —murmuró—. Si lo fuera… no me habría detenido.
La miró de nuevo, directo.
—Y tampoco me habría importado si te pasaba algo.
El aire entre los dos cambió.
Se inclinó apenas, y se acercó hasta ella.
Alma parpadeó, como si no esperara eso.
—Pero te importó —dijo, más suave.
El mundo se encogió a ese espacio mínimo entre sus labios. El pulso de Alma se traicionó en su respiración.
Axton cerró los ojos un segundo. Como si luchara contra algo. Pero no era suficiente. La tomó del brazo y la acercó, esta vez sin dudas.
El beso no fue suave. Fue contenido demasiado tiempo. Breve… pero intenso. Como si cruzara una línea que ambos sabían que no debían tocar.
Cuando se separó, su frente quedó contra la de ella.
—Lo siento, no debí hacerlo, tengo un amigo que se esta enamorando de ti.
—Y una novia — dice ella como si se detalle fuera importante.
—Bueno...Leti — suspiró como si no quisiera hablar de eso.
Ella no cuestiono nada de lo que él dijo. Al final, Alma se dejó caer en una vereda y soltó el peso del día en un suspiro.
—Estoy cansada.
Él dudó un segundo… y luego se sentó a su lado, lo bastante cerca como para que sus brazos casi se rozaran.
—Lo sé.
Silencio. Esta vez no incómodo.
—No quiero volver todavía —dijo ella, mirando al suelo—. Si pudieras escoger una vida… cualquiera… ¿cuál sería?
Axton apoyó los codos en las rodillas, pensativo.
—Una donde no tenga que estar alerta todo el tiempo —admitió—. Donde pueda bajar la guardia sin preguntarme cuánto me va a costar.
Giró ligeramente el rostro hacia ella.
—Donde alguien se quede… sin tener que hacerlo.
Alma lo miró. De verdad lo miró.
—Yo escogería una donde no tenga que inventarme quién soy cada vez que conozco a alguien —respondió— Donde no tenga que mentir para sobrevivir.
Sus miradas se encontraron y, por un instante, fue como si el resto del mundo se desdibujara alrededor.
—Entonces estamos igual de rotos —dijo él, con una media sonrisa.
—Tal vez —respondió ella—… o solo estamos cansados de dejar que otros nos rompan.
Axton dejó escapar una risa baja.
Ella lo observó con más calma ahora. Sin etiquetas. Sin prejuicios.
—Pero tienes razón —añadió ella—. No vamos a resolver nuestras vidas hoy.
Se puso de pie y, sin pensarlo demasiado, le tomó la mano. El contacto fue breve… pero suficiente.
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Editado: 14.05.2026