El Error de Existir - Ecuaciones de una mentira

36 Alianza equivocada

Axton miraba de reojo a Alma entrar al salón. Ya estaban de nuevo en su realidad, allí lo que pasó la noche anterior no había sucedido jamás.

El no iba a entrar a clases, así que solo se giró y se fue hasta el mirador a buscar algo de aire. Necesitaba despejarse, aunque sabía que no lo iba a lograr.

Desde ahí, observó lo que se suponía era su hogar.

—¿Ya lo hiciste?

La voz de Leti lo sacó de sus pensamientos.

Axton no apartó la mirada.

—No.

Seco.

Leti frunció el ceño.

—¿Por qué no?

—No he querido.

—Axton, tenemos un acuerdo —dijo ella, molesta.

Él soltó el humo despacio, como si eso le diera tiempo para ordenar lo que iba a decir. Entonces se giró.

La miró fijo.

—Leti… no es un acuerdo.

Ella parpadeó, confundida.

—Tú te acuestas con otros buscando una mejor vida. Luego te das cuenta de que para ellos no eres más que una noche… y vienes a mí porque quieres a alguien que te proteja.

Las palabras cayeron duras.

Sin adornos.

—Sí, te dije que cada vez que estuvieras con otro, yo también estaría con alguien más… pero eso no es un acuerdo.

Se acercó un poco.

—No estoy obligado a hacerlo.

Leti apretó los labios.

—¿Es por ella? —lo interrumpió —Es tu garante, ¿no? —insistió—. Te gusta la cabeza de chicle.

Axton negó, dando otra calada.

—No tiene nada que ver con ella. Solo no quiero esto.

Leti soltó una risa amarga.

—Soy la más hermosa de este lugar. ¿Sabes cuántos hombres…?

—¡Entonces lárgate con otro! —la cortó, alzando la voz—. Vete.

El eco rebotó en el espacio.

—Siempre dices lo mismo —continuó—. Que eres la más bella, que lo mereces todo… pero no he visto a ningún hombre hacer nada por ti.

Leti comenzó a golpearlo, frustrada.

—¿Qué te pasa? ¿Por qué me hablas así?

Axton le sujetó las muñecas.

—Ya basta.

La miró, firme.

—No quiero saber nada de ti. Terminamos.

El mundo pareció detenerse un segundo.

Leti se quedó pálida.

—¿Me vas a dejar?

No hizo falta que dijera nada, con sus ojos sabía la respuesta.

—No me puedes dejar…

—¡Cállate!

Se dio la vuelta y se fue.

Dejandola allí llorando.

Ella no podía estar sin protección, no en ese lugar. Axton era todo, sin él no tendría dinero o podría salir tranquila. No podía permitir que eso pasará.

Ella se secó las lagrimas y fue corriendo al único lugar donde sabía que podía conseguir ayuda.

Valeria.

La encontró en su casa, recostada, con esa apariencia descuidada que ocultaba algo mucho más calculador.

—Tengo algo que te interesa —dijo Leti, sin rodeos.

Valeria ni se movió.

—Habla.

—Axton tiene una garante.

Valeria giró la cabeza, clavando los ojos en ella.

—¿Qué dijiste?

—Tiene una garante —repitió Leti—. Alma Santander. La nueva profesora.

Valeria se incorporó de golpe.

—¡Es un mentiroso!

La palabra salió cargada de veneno.

Leti sonrió apenas.

—Me dejó por su culpa.

Eso hizo efecto.

Valeria entrecerró los ojos.

—¿Y qué quieres? ¿Que vaya a arrancarle el pelo?

Se levantó, caminando con calma.

—No peleo por esas tonterías.

Leti no se inmutó.

—La cabeza de chicle ha estado metida en las apuestas de Milo. Y ha movido mucho dinero.

Eso sí cambió algo.

Valeria sonrió y se acercó más.

—¿Cuánto?

—Lo suficiente.

Valeria soltó una risa baja.

—Entonces debe tener el dinero en su casa…Axton nunca lo traería para acá.

Leti no sonrió.

—¿Cómo harás que vuelva conmigo?

Se encogió de hombros.

—Ese no es mi asunto.

Leti estalla molesta

—Te dije esto porque quería que…




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