Alma salió del salón irritada. Sin Axton, las clases se volvían un desastre.
Nadie escuchaba. Nadie prestaba atención. Los alumnos hablaban entre ellos, lanzaban papeles o simplemente la ignoraban como si ella no estuviera ahí. El trato no funcionaba si ese matón no estaba allí consumiendo con su presencia.
Apretó los libros contra su pecho y salió del colegio buscando un poco de aire.
Entonces escuchó los gritos.
Un alboroto.
Voces alteradas.
Golpes.
Frunció el ceño y avanzó unos pasos hasta ver el caos reunido en una esquina cercana al colegio.
Axton y Kalen estaban peleando con dos mineros. La violencia movía a esa ciudad quienes cada vez que había una pelea se reunían en circulo a presenciarla, nadie hablaba, nadie se movía, pero disfrutaban lo que veían.
—¡Devuelvan el dinero del reparto! —gritó uno de los hombres mientras lanzaba un golpe.
Axton esquivó apenas. Kalen se abalanzó sobre otro y lo golpeó con una brutalidad que Alma no esperaba.
Kalen estaba hecho una furia que ella no entendía, el chico golpeaba a matar, rompiendo el rostro del minero sin compasión, la sangre le salpicaba, pero el no se detenía.
El rostro del minero empezó a deformarse bajo los puños de Kalen hasta quedar irreconocible.
Alma se quedó helada, al igual que los presentes.
Kalen se pone de pie y lanza una mirada de rabía, nadie dijo nada, nadie se atrevió si quiera a moverse.
En ese instante Axton, estaba irreconocible, sus ojos vacíos veían al minero en el suelo como un objeto. El saca un cuchillo de su bolsillo y se lo clava en un ojo probando el grito de este hombre, quien se lanza en el suelo rodando del dolor.
Axton mira a Kalen quien le da señales de irse.
Se van ante la mirada paralizante de todos.
De pronto se topan con ella, Kalen cambia un poco su mirada y la suaviza regalándole lo más similar a una sonrisa. En ese momento Alma entendió, Axton Cole y Kalen García eran violentos, pero de verdad. No tenían el respeto de todos, les tenían miedo.
—No te asustes, no suelo ser cruel con mis amigas — le dice Kalen de manera divertida.
Alma no sabía que decir. Por que ella no era amiga de ninguno de esos dos, y algo le decía que si no hacía lo que ellos esperaban, acabaría igual que los mineros.
—Camina, Kalen — le dice Axton en forma de regaño.
—No me digas que hacer, Axton — le reclama siguiéndolo.
Asi se pierden en medio de la multitud, ella ve de nuevo a los hombres, uno de ellos no se movía, y eso solo podía significar una cosa.
Al girar nuevamente y notar lo tranquilo que caminaban, ella lo entendió, no sentían el menor remordimiento por sus acciones, y eso significaba que no era la primera vez que dejaban a alguien sin vida.
Su mayor temor es que lo hicieron a los ojos de todos, sabiendo que nadie les haría nada.
7:00 pm
Alma terminaba de alistarse frente al espejo. Necesitaba resolver lo de La Dopple de una vez.
Ya fuera quedándose en La Quebrada o intentando escapar, su destino parecía el mismo: morir tarde o temprano a manos de pandilleros o mafiosos. Así que prefería enfrentarla.
Ella no podía estar legalmente en ese país, así que como El Rubio murió, debería estar usando otra identidad, para saber cual, era sencillo, debía hablar con ella, y si la estaba siguiendo, sabía como atraer su atención, pero tenía que esta sola...muy sola.
Se puso un pantalón negro, una sudadera del mismo color y sujetó su cabello en una coleta alta. Quería pasar desapercibida.
Justo cuando terminó, escuchó golpes en la puerta.
Al abrir, encontró a Axton fumando junto a Kalen.
—¿Tú nunca te vistes bien? —preguntó Axton mientras entraba sin permiso.
Kalen pasó detrás de él como si también viviera ahí.
—No pueden quedarse —dijo ella, intentando mantener la calma. Luego de lo que vió, no los quería de enemigo.
—Mi dinero, linda —respondió Kalen.
Alma soltó aire por la nariz y fue hasta donde escondía el efectivo. Regresó con una bolsa negra y se lo entregó.
—Toma.
Kalen empezó a contarlo.
—Pudieron ser más —comentó Alma desde la sala—, pero tu amigo es un cobarde.
Axton la miró fijamente, con esa mirada que no hacía falta decir algo. Baja la cabeza y da otra calada.
—Él lo llama cautela— murmuró Kalen, sonriendo mientras revisaba los billetes— Listo. Eres una buena chica.
Sacó un billete de cien dólares y se lo extendió.
—Por las molestias.
Alma miró el dinero.
Luego a ellos.
Axton ya se había lanzado al sofá y encendido el televisor como si estuviera en su propia casa.
#2968 en Novela romántica
#304 en Thriller
#137 en Misterio
chico malo sexy, amor romance dudas odio misterio, enemies to lovers romance slow burn
Editado: 14.05.2026