El Error de Existir - Ecuaciones de una mentira

42 El vestido negro

Tocaron la puerta justo cuando Alma terminaba de hacerse una cola alta frente al espejo.

Abrió la puerta.

Axton la recorrió de arriba abajo, y negó lentamente con la cabeza.

—Sabía que nos dejarías mal.

Le extendió una bolsa y entró directo a la casa.

—¿Pero qué te pasa?

—Los chicos van a vernos allá. Ponte esa ropa.

Alma cerró la puerta todavía confundida y recién lo miró bien.

Camisa negra.

Chaqueta de cuero.

Pantalón formal oscuro.

Mocasines.

Incluso olía bien.

Alma entrecerró los ojos.

—¿Por qué no estas vestido como pandillero jubilado de isla Griega?

Axton se dejó caer en el sofá.

—Solo vístete, cabeza de chicle.

Ella abrió la bolsa.

Alma levantó la tela con horror.

—No.

—¿Qué tiene?

—Esto, no es mi estilo.

Axton soltó una risa baja.

—No seas quisquillosa, es solo una noche.

Ella lo miró seca.

—Axton, para ganar, tengo que sentirme cómoda, esto no me hace sentir cómoda.

—Todas las chicas se visten así ahí.

—Bien, es problema de ellas, ¿no?

Axton apoyó el brazo en el sofá.

—La cosa es pasar desapercibida. Contigo eso ya es imposible. Al menos haz un esfuerzo.

Alma señaló el vestido.

—No me gusta vestirme como las demás. Tengo personalidad.

Axton dejó de sonreír un poco, se puso de pie y caminó hasta ella.

—No la tengas.

El tono hizo que Alma levantara la vista.

—Aquí no es bueno ser diferente. Los que quieren destacar terminan abusados… o enterrados en fosas comunes.

El silencio cayó un segundo, ella entendió que no estaba exagerando.

Axton tomó el vestido otra vez y se lo entregó.

—Solo sé igual que todos esta noche.

Ella suspiró derrotada.

—Te odio un poco.

—Haz fila.

Terminó entrando a cambiarse mientras él se quedaba en la sala.

Escuchó cómo abría la nevera.

—Por cierto…

Ella habló desde el cuarto.

—¿Qué?

—Parece que Kalen y tú se están llevando bien.

Alma sonrió apenas sin darse cuenta.

—Sí. Es simpático.

—Hm.

—Y gracioso.

—Hm.

—Y es fácil hablar con él.

Se escuchó su voz un poco preocupada.

—A él le gustas.

Ella se quedó quieta unos segundos, ya lo había escuchado, pero esta vez, sonaba más serio.

—Prometo que seré buena con él, se que te importa tu amigo.

De la nada la puerta se abre y ella pega un grito, espantada.

—¡AXTON!

Alma se cubrió con una sábana.

—¡Sal de aquí!

El entró caminando con tranquilidad y se sienta en la cama.

—Tranquila, tengo autocontrol. Mira, escucha…

Y siguió hablando como si entrar al cuarto de una chica cambiándose fuera completamente normal.

Mientras Alma veía si había una forma de cambiarse sin quitarse la sábana.

—Kalen era un cerebrito insoportable cuando éramos niños.

Sus ojos se detienen en ella

— Bonitas piernas, por cierto.

Ella le lanza una almohada que el atrapa riéndose

—¡Cierra los ojos al menos!

—Sí, sí.

Los cerró… aunque seguía sonriendo.

—Le pegaban por inteligente. A mí me caía mal porque hablaba raro y sacaba buenas notas. Pero no es justo golpearle a una persona solo porque es mejor que tú. No soporto a los envidiosos y los mediocres.

Alma seguía sujetando la sábana con trauma emocional.

—Entonces lo defendí un día.

—Qué noble.

—Tengo mis valores, cabeza de chicle.

Ella rodó los ojos.

—En fin, me dijo que, si lo ayudaba a no morir, él me ayudaría con matemáticas.

Axton soltó una risa baja.

—Kalen es suave en el fondo. Muy suave.




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