El Error de Existir - Ecuaciones de una mentira

43 Verdades que salen a flote

La minera vieja parecía una garganta abierta en medio de la montaña.

Polvo.

Humo.

Luces amarillas colgando de cables improvisados.

Decenas de mesas llenas de personas bebiendo, apostando y gritando como si el dinero pudiera salvarles la vida.

Alma se tensó apenas al entrar, sentía demasiados ojos encima.

Aurora apareció entre la gente y sonrió al verlos.

—Llegaron.

Axton le entregó el dinero sin discutir. Ella lo contó rápido y luego le guiñó un ojo de forma descarada.

—Por cierto… tu novia está aquí “trabajando”.

Axton frunció el ceño inmediatamente.

—¿Qué?

Aurora señaló una de las mesas del fondo, y ahí estaba Leti, sirviendo tragos entre varios hombres que no dejaban de mirarla como un trozo de carne en medio de caníbales.

La expresión de Axton cambió por completo. Dejó de parecer relajado. Y caminó directo hacia ella.

—¿Qué haces aquí?

Leti lo empujó un poco más lejos de las mesas.

—Déjame en paz.

—No te metas en estos negocios, sabes cómo terminan la mayoría de las chicas aquí.

Ella soltó una risa amarga.

—¿Y cómo termino yo entonces, Axton?

Él apretó la mandíbula.

—Tienes opciones

Leti sonrió con ironía

—¿Opciones? ¿Eso que es? No tengo nada.

—Esta no es la forma.

Ella lo miró como si quisiera romperle algo en la cara.

—¿Entonces cuál es la forma?

Axton guardó silencio.

Y eso la hizo reír otra vez. Pero esta vez sonó triste.

—Sabes cómo vivo.

Él sí lo sabía.

La madre muerta.

El padre borracho que empezó a tocarla cuando era niña. Las veces que tuvo que dormir encerrada en baños ajenos. Las noches caminando sola por calles llenas de hombres borrachos que no les importaba que ella no tenía edad para defenderse.

Los profesores abusadores que no la respetaban. A los trece años se fue de esa casa, y desde entonces sobrevivía como podía.

Axton tragó saliva. Él sabía que ella no conocía una vida fuera de La Quebrada, no merecía lo que estaba viviendo, y menos terminar así.

A lo lejos, Alma hablaba con Kalen sin notar lo que ocurría.

Axton bajó la mirada un momento.

Luego volvió a verla a ella.

Tan cansada.

Tan rota.

—No hagas esto, por favor.

Su voz salió más baja ahora.

—Yo voy a darte el dinero que necesites, pero no hagas esto.

Leti bajó la cabeza apenas. Y por un segundo pareció una niña agotada escondida dentro de alguien más.

—Terminaste conmigo como si no valiera nada.

Axton cerró los ojos un instante.

—Leti… tú sabes que no me amas.

Ella levantó la vista lentamente.

—Estás conmigo porque tienes miedo. Y solo yo te protejo. Pero sabes que no me amas.

Su voz no tenía rabia.

Solo tristeza.

—No es cierto, claro que te…

Ella lo miró a los ojos y no pudo terminar esa frase.

—Axton, una persona como yo no puede amar.

—Solo deja esa bandeja, ven conmigo. Te prometo darte el dinero que necesitas. Haz las cosas bien, mereces más que esto.

Axton respiró hondo.

—¿No querías ser cosmetóloga?

Los ojos de Leti empezaron a llenarse de lágrimas.

—Por favor, no termines así. Tu no, hermosa.

—No puedo decir que no.

Él arruga la cara, confundido.

—¿Por qué?

Ella se secó las lágrimas rápido. Luego tomó la bandeja otra vez.

—Porque no me dejan.

Y se marchó antes de explicar algo más.

Axton se quedó inmóvil entre el ruido de las apuestas y el olor a alcohol.

Como si acabara de darse cuenta de que había cosas en La Quebrada mucho más podridas de lo que quería admitir.




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