Axton estaba sentado con los chicos, una botella a medio vaciar frente a él y el ruido podrido del lugar golpeándole la cabeza. Las mesas estaban llenas de humo, risas rotas y hombres demasiado viejos para seguir apostando la vida como si todavía tuvieran veinte años.
Miró alrededor con desprecio.
—Este lugar está podrido.
Z soltó una risa seca mientras bebía.
—Escapar. Es solo un sueño que olvidó despertarse.
Benji apoyó los brazos sobre la mesa.
—Con suerte moriremos jóvenes y no terminaremos como ellos.
Axton observó a los hombres borrachos, encorvados sobre las cartas, con los ojos apagados y las manos temblando alrededor del alcohol. Parecían fantasmas usando cuerpos prestados.
Entonces la luz se apagó y la oscuridad invadió el lugar.
En cuestión de segundos, explotó el caos: Gritos. Mesas cayendo. Botellas rompiéndose, y disparos.
Las personas empezaron a correr empujándose entre sí.
—¡Asco! ¡Es una pelea de mineros! —gritó alguien.
Axton se puso de pie de inmediato. Sus ojos intentaron acostumbrarse a las penumbras mientras el lugar se convertía en un infierno. Apenas se dejave ver algo por la luz de la luna.
Y en medio de ese alboroto la vio...Leti, a su derecha estaba asustada, atrapada entre la multitud. Y a su izquierda estaba Alma, quieta y temblorosa, sin saber hacia dónde correr.
El pecho se le tensó.
Por un instante no supo qué hacer.
Si hacía lo correcto, estaría traicionando sus principios, el lo tenía claro primero su gente...pero, alzo la cabeza y la vio, suspiró y sin saber por qué movio un pie a la izquiera, cuando Kalen se adelantó y la tomó de la mano y sacó de allí.
El sonrió, claro...Kalen, el no la dejaría...entonces levantó la mirada de inmediato hacia el otro lado. Pero Leti ya no estaba.
Sintió un vacío extraño atravesarle el estómago.
—¡Nos vamos! —le gritó Benji.
El asiente y terminó corriendo junto a ellos entre empujones, humo y disparos. Cuando por fin salieron de la zona de la minera, el aire frío de la noche les golpeó el rostro.
Los cuatro respiraban agitados.
Kalen pateó una piedra con furia.
—Esto es obra de Aurora. Por eso no me gusta que esa basura haga algo.
Alma frunció el ceño, todavía confundida.
—No entiendo.
—Es obvio lo que hizo —continuó Kalen—. Reunió a todos, cobró entrada, dejó que apostaran… y luego apagó la luz para generar el caos.
Benji soltó una risa amarga.
—Mientras todos se agarran a golpes, ella roba el dinero de las apuestas y hace parecer que se perdió durante la pelea de mineros.
—Y seguro lo hizo con ayuda del inútil de mi padre —escupió Kalen.
Alma se quedó en silencio unos segundos, procesándolo. Todo había sido una trampa desde el inicio. Detrás de ella se escuchaban gritos y disparos apagados.
—Entonces… ¿era una estafa?
—Así funciona este lugar —dijo Benji.
Alma levantó la vista lentamente.
—¿Ya lo ha hecho antes?
El silencio que siguió fue suficiente respuesta. Y Axton, parado unos pasos detrás de ellos, seguía mirando la minera como si hubiera dejado algo importante adentro.
Los cuatro estaban furiosos. Ella lo vió en sus ojos, no era solo el dinero, Aurora había tocado su orgullo. A ellos no los estafaban.
—Vamos — dice Axton finalmente — sabemos donde están.
Los otros tres lo siguen sin cuestionar. Horriblemente ella también, pero si quería cuestionar, pero al verlos tan serios, no dijo ni una palabra.
Caminaron directo hacia la parte trasera de la minera, alejándose de las luces y del ruido destruido. Apenas podía ver por dónde iba; todo estaba cubierto por oscuridad y tierra húmeda.
Se abrazó a sí misma.—Esto sería más fácil si estuviera usando mi ropa…
Nadie respondió.
Eso fue lo que más miedo le dio.
Las bromas habían desaparecido. Incluso Z estaba callado. Sus rostros habían cambiado. Sus cuerpos también. Ya no parecían chicos aburridos buscando problemas. Parecían hombres que conocían demasiado bien la violencia.
Llegaron hasta una construcción vieja de madera, iluminada apenas por una lámpara amarilla.
Aurora estaba ahí. También Marta. Y el padre de Kalen.
Los tres reían a carcajadas alrededor de una mesa llena de dinero.
Kalen avanzó primero.
—Devuélveme mi dinero.
El hombre ni siquiera lo miró.
Z dio un paso adelante.
—Que le devuelvas el dinero.
El padre de Kalen soltó una risa cansada y se puso de pie lentamente.
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Editado: 14.05.2026