El Error de Existir - Ecuaciones de una mentira

45 El sacrificio

Axton estaba sentado sobre la losa de cemento del patio, apoyando los codos en las rodillas mientras fumaba en silencio. El colegio estaba casi vacío a esa hora. Solo se escuchaba el viento arrastrando tierra y las voces lejanas de algunos estudiantes.

—Benji, quiero que averigües quién metió a Leti en ese negocio —dijo Axton de pronto—. Voy a matar a esa persona con mis propias manos.

—Bien —respondió Benji sin alterarse.

Axton volvió a quedarse callado.

Pensó en Leti llorando. En sus manos temblando. En la forma en que evitaba mirarlo. Lo sabía. Alguien la estaba presionando. Y cuando descubriera quién era… no iba a darle tiempo ni de pedir perdón.

—Llegó la cabeza de chicle —murmuró Z.

Los otros tres levantaron la mirada.

Alma cruzaba el patio caminando rápido, con la cabeza baja y los brazos pegados al cuerpo, como si quisiera volverse invisible.

Los cuatro quedaron en silencio observándola.

Ella miró apenas de reojo. Y aceleró el paso inmediatamente para perderse entre los pasillos.

Benji soltó el aire por la nariz.

—Nos tiene miedo.

Axton giró la cabeza hacia Kalen.

Él permanecía callado, mirando el suelo, más apagado de lo normal.

Axton se puso de pie.

—Ya vuelvo.

Caminó hasta el pasillo y alcanzó a ver a Alma entrando a uno de los salones.

Entró detrás de ella.

—Necesito hablar contigo.

Alma levantó la vista apenas.

—Estoy ocupada. Hoy tengo clase.

Señaló al pequeño grupo de chicos de unos catorce años sentados frente a ella.

Axton los observó unos segundos.

—Hoy no tienen clase. Vayan a recoger basura al frente del colegio.

Los chicos se miraron emocionados, como si acabaran de recibir libertad condicional.

—¡Sí, Axton!

Salieron casi corriendo.

Alma lo miró furiosa apenas la puerta se cerró.

—Odio cuando haces eso.

Él se sentó en un pupitre y la miró fijamente.

—Dime, “profesora” ¿Por qué nos estás evitando?

—No sé de qué hablas.

—Sí sabes.

Ella acomodó unos cuadernos sin mirarlo.

—No estoy evitando a nadie.

—No nos saludaste al pasar.

Alma soltó una risa incrédula.

—No sabía que tenía obligación de saludarlos.

—Es educación. Los profesores lo hacen.

—Bueno, ya aprendí el protocolo.

Axton la observó en silencio. La mirada evasiva de ella le decía mucho más de lo que pensaba.

—No vuelvas a hacerlo —dijo él más serio—. No somos tan malos.

Alma levantó finalmente la vista.

—¿No?

—Sé que lo que viste te hace pensar que somos unos brutos… pero peleamos por una razón.

—¿Cuál es esa razón?

—Defender lo nuestro.

Ella sostuvo su mirada unos segundos.

—¿Y qué va a pasar cuando ustedes crean que yo soy una amenaza?

Axton frunció el ceño.

—Eso no va a pasar.

—¿Seguro? —su voz tembló apenas—. ¿O voy a terminar igual que el padre de Kalen?

Axton negó de inmediato.

—No.

Alma bajó la mirada hacia sus manos.

—Mira… yo no quiero nada de ese dinero. El dinero que gano lo gano con mi inteligencia. No matando ni extorsionando gente.

Axton guardó silencio. Porque no tenía una respuesta buena para eso.

—No soy así.

La voz le salió cansada.

—No soy la chica que besa a un chico que tiene novia… ni la que se mete con pandilleros. Pero parece que desde hace dos años ni siquiera sé quién soy. Y me volví la chica que siempre criticaba, la que decía que tenía confeti en la cabeza.

El viento movió las cortinas rotas del salón.

Axton no dejaba de mirarla. Se pone de pie y camina hasta ella.

—Lily… todos hemos hecho cosas cuestionables. No seas tan dura contigo. Yo también te besé. Y dejé que te acercarás mucho a mí.

El pecho de Axton se tensó.

—Y no es tu culpa —continuó—. Además… mi relación con Leti es complicada. Ya terminamos y…

Se detuvo. Porque ni siquiera él sabía cómo explicar lo que sentía.

Pasó una mano por su nuca.

—No tiene nada que ver contigo.




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