El Error de Existir - Ecuaciones de una mentira

47 La verdad de La Quebrada

Alma fue llamada a la oficina de la directora apenas terminó sus clases.

La mujer le indicó que tomara asiento.

—Milo no aparece.

Dice de manera directa. Ya había aprendido que no era mujer de irse por las ramas.

—¿Cómo que no aparece?

—Los policías indican que no salió de la ciudad, y no se le ha visto en ninguna parte.

La directora juntó las manos sobre el escritorio.

—Dadas las circunstancias… sospecho que Aurora tuvo algo que ver. Es obvio que le interesaba el negocio de las apuestas y para eso, debía sacar a Milo del mapa.

Alma levantó apenas la mirada.

—No sé si ella sería capaz de algo así.

La directora soltó una risa seca.

—Aurora es una loba disfrazada de víctima.

Luego suspiró.

—Salió con Axton cuando él tenía catorce años y ella veinticinco.

—¿Qué?

—Lo usó para acusarlo de varios delitos graves. Axton terminó respondiendo ante la ley. Por eso perdió el derecho de salir de La Quebrada.

Ahora entendía muchas cosas de Axton, la desconfianza y la violencia.

—La policía no hará nada por Milo —dijo la directora después—. A su madre apenas le importa. Su padre murió hace años y vive con su abuela.

Se quedó callada un momento.

—Esa señora podría morirse en cualquier instante. Si descubre que el chico desapareció. Kalen le lleva comida a veces —murmuró—. Es un buen chico, dentro de todo.

—Eso es triste… pero ¿por qué me cuenta todo esto?

La directora la observó fijamente.

—Porque Aurora te puso el ojo encima. Me contaron sobre la conversación que tuvieron en la sala de profesores.

Alma cruzó los brazos.

—No me sirve mucho una advertencia si no hay manera de detenerla.

La directora soltó una pequeña risa cansada.

—Aurora no puede detenerse. Solo cambiar de dueño.

Frunció el ceño.

—¿Qué significa eso?

—Que mientras siga con Adrián, nadie la tocará. Él mueve el sindicato de la minería central. La zona que más dinero genera aquí. Tiene comprados al alcalde, al gobernador… incluso a parte de la policía.

Escuchaba en silencio.

—Y aunque Adrián se pelee con su hijo todos los días, sigue dándole dinero a Axton y Kalen para mantener alejados a los mineros de otras zonas.

Entendió inmediatamente. Ellos no eran simples chicos problemáticos. Eran parte del sistema.

—Mientras tengas a Axton y a Adrián de tu lado, Aurora no podrá hacerte nada. Pero ese hombre está obsesionado con ella —dijo Alma—. No creo que sea fácil cambiar eso.

La directora suspiró.

—Pero al menos ya tienes a los chicos de tu lado.

Pensó en eso unos segundos. La lealtad entre ellos parecía enfermiza. Inquebrantable Y ella…solo estaba ahí porque les daba dinero.

No sabía cuánto durarían realmente a su lado si las cosas se complicaban.

La directora abrió un cajón y sacó un sobre.

—Solo quería que entendieras el panorama. Y darte esto.

Alma tomó el sobre confundida. Cuando vio el dinero dentro, abrió los ojos.

—¿Qué es esto? Mi salario lo depositan en una cuenta.

—El pago del Estado por ser garante de Axton.

—¿El estado me paga?

—¿No lo sabías?

Negó lentamente.

—Los profesores que aceptan ser garantes cobran.

—¿Cuánto hay aquí?

—Dos mil dólares.

Alma quedó completamente quieta.

—Puedes ser garante de varios chicos —continuó la directora—. Las personas sin antecedentes tienen prioridad.

Alma levantó la cabeza.

—¿De varios?

—Mil dólares mensuales por cada uno.

El silencio volvió a llenar la oficina.

—¿Por qué pagan tanto? El salario de los profesores es ridículamente bueno, ahora pagan esta cantidad por sacar a pasear a alguien.

La directora sonrió apenas. Una sonrisa amarga.

—Porque aquí entra muchísimo dinero. Pero no es dinero legal. Las minas de esta zona no existen oficialmente para gran parte del país. No pagan impuestos. No registran producción. El dinero desaparece antes de llegar al gobierno.

—Entonces…

—Lo ven los políticos. Los sindicatos. Los mineros.

La directora señaló hacia la ventana.

—Por eso pagan tan bien a los profesores, médicos y trabajadores que aceptan quedarse callados.




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