Alma pensó que podía sacar muchísimo dinero de esos chicos. Y honestamente…la idea le parecía brillante.
Esperó hasta la noche y salió a buscarlos. Debían estar peleando, apostando o destruyendo propiedad pública en algún lugar.
Pero los encontró comiendo hamburguesas en un puesto callejero medio oxidado, bajo una luz parpadeante que parecía a punto de morir.
Los cuatro levantaron la mirada cuando la vieron acercarse.
Alma sonrió.
—Hola. ¿Cómo están mis alumnos favoritos?
Los cuatro la miraron como si hubiera sufrido un golpe en la cabeza.
Axton entrecerró los ojos.
—¿Estás rota?
Ella soltó una risa.
—Eres un comediante increíble. Dame espacio.
Se sentó junto a él sin permiso. Miró la hamburguesa.
—¿Y les gusta eso?
—No —respondió Axton—. La estamos comiendo porque lo odiamos.
—Sí nos gusta, Alma —corrigió Kalen—. No le hagas caso.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Benji.
Alma miró alrededor dramáticamente.
La carretilla oxidada. Las mesas grasosas.
—¿Una profesora no puede pasar por una elegante experiencia gastronómica y saludar a sus queridos estudiantes?
Z frunció el ceño.
—No te conozco mucho, pero hasta donde recuerdo no eres amable ni simpática.
—No me conocen bien. Eso puede cambiar.
Axton seguía mirándola raro.
—Alma… ¿qué te pasa?
Ella suspiró.
—Bien. Ya me cansé de fingir que ustedes me caen bien.
Kalen abrió los ojos apenas.
—¿Te caigo mal?
Ella lo miró unos segundos y decidió estratégicamente no responder eso.
—En fin, tengo un negocio.
Los cuatro se quedaron atentos inmediatamente.
Eso sí captó su interés.
—Y los necesito a todos.
—Habla —dijo Axton.
Alma apoyó los brazos sobre la mesa.
—El estado me paga por ser garante.
Axton parpadeó.
—¿Te pagan?
—Sí. Y puedo ser garante de todos ustedes.
Ahora sí tenían toda su atención.
—Así que necesito que desarrollen ambición y deseos de superación personal —continuó ella muy seria—. Yo gano dinero, ustedes salen a caminar de vez en cuando y todos somos felices.
Axton soltó una risa incrédula.
—¿Sabes que el trabajo de garante no es solo sacarnos a pasear?
—¿Entonces?
—Respondes legalmente por nuestros delitos dentro y fuera de La Quebrada.
Alma se quedó callada apenas un segundo.
—Bueno… ya me cambié el nombre una vez. Puedo hacerlo dos veces.
Los cuatro se quedaron mirándola. Luego Z empezó a reírse tan fuerte que casi se atraganta.
—Necesito el dinero —dijo ella encogiéndose de hombros.
Kalen levantó la mano inmediatamente.
—Yo quiero salir.
—Yo también —dijo Benji.
—Igual yo—aportó Z.
Alma sonrió satisfecha.
—Perfecto. Son unos encantos.
Empezó a levantarse…pero Axton la sujetó del brazo y la volvió a sentar.
—Ahora que vas a ser la niñera oficial, te toca trabajar.
Ella lo miró mal.
—¿Qué quieres?
—Como El Rubio murió, tengo que hacer unos trámites afuera.
Kalen levantó la cabeza.
—¿Tu abuelo murió?
—¿Por qué no dijiste nada? —agregó Benji.
Axton hizo una mueca incómoda.
—No era importante.
Benji se levantó inmediata y prácticamente le cayó encima abrazándolo.
—Debes abrirte emocionalmente con nosotros.
Alma observó la escena confundida.
Axton parecía estar sufriendo físicamente el abrazo.
—Qué hermoso. Todos tienen sentimientos.
—El punto —continuó Axton apartando a Benji— es que sería genial que mis queridos amigos me acompañaran.
Alma lo miró horrorizada.
—No.
—¿No?
—Los cuatro juntos no. Eso no es un viaje, es trasladar una manada de lobos.
—Los cuatro o nada —dijo Z.
—Uno por uno —intentó negociar ella—. Llevo a Axton, vuelvo viva y luego saco a otro.
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Editado: 14.05.2026