El Error de Existir - Ecuaciones de una mentira

51 Lunes

Llegaron a la ciudad al final de la tarde, justo a la hora en que todos empezaban a quejarse del hambre.

Alma observó de reojo a Z, Benji y Kalen mientras miraban alrededor, y algo en esa expresión le dio ternura. Parecían niños pequeños descubriendo otro mundo.

Rascacielos.

Pantallas enormes.

Autos nuevos.

En La Quebrada apenas había camiones de carga y carros viejos llenos de polvo. Para ellos, todo aquello parecía sacado de las redes sociales que veían desde teléfonos rotos y conexiones inestables.

Incluso Z se había quedado callado mirando un auto deportivo estacionado afuera de un restaurante.

Axton, en cambio, no habló demasiado durante el camino.

Solo caminó hasta la casa del Rubio, ubicada en una calle antigua llena de edificios envejecidos y balcones desgastados por el tiempo.

Alma ya había estado allí una vez.

La casa era enorme, pero extrañamente discreta. De esas que pasan desapercibidas entre el resto de las construcciones hasta que uno empieza a mirar con atención. Como si quisiera esconderse. Como si llevara años observando la ciudad en silencio

—¿Aquí vivía tu abuelo? —preguntó Benji bajándose primero.

Axton sacó una llave del bolsillo.

—Me enviaron las llaves hace unos días. Tengo que revisar unos papeles.

Abrió la puerta.

Y apenas entraron, Alma sintió algo extraño. Ella había entrado por otra area cuando la visitó por primera vez. Pero esto...parecía que la casa estaba congelada en otra época. Había muebles de terciopelo oscuro cubiertos por sábanas viejas. Mesas de madera pesada. Cuadros antiguos.

Una cocina pequeña con cajones húmedos y olor a encierro.

Alma miró alrededor lentamente.

—Este hombre murió hace cincuenta años.

—¿Y qué más da? Está bonita la casa —dijo Z caminando directo al sofá.

Alma seguía mirando las paredes.

—Huele a humedad y polilla.

—No seas snob, Alma —dijo Axton pasando a su lado.

Ella giró inmediatamente.

—Me sorprende que sepas lo que significa “snob”.

Axton sonrió de lado.

—Tengo cultura.

Y le guiñó un ojo.

El problema fue que Kalen vio exactamente ese momento. La sonrisa desapareció de su cara casi al instante.

El ambiente cambió apenas.

Sutil.

Pero incómodo.

Alma apartó la mirada rápidamente.

Axton también lo notó.

Cuando pasó junto a Kalen, habló en voz baja:

—No pasa nada.

Kalen lo miró con una mezcla rara de rabia y decepción. Pero no respondió nada. Solo siguió caminando hacia el interior de la casa.

Alma sintió el peso extraño de ese silencio.

Así que decidió escapar antes de quedar atrapada entre ellos otra vez.

Se acomodó la mochila al hombro.

—Voy a buscar una habitación para dejar mis cosas.

Y se alejó por el pasillo antiguo mientras la madera crujía bajo sus pasos.

Y mientras avanzaba empezó a abrir habitaciones una por una. Todas se parecían demasiado. Camas perfectamente tendidas. Muebles antiguos. Cortinas pesadas. Todo limpio. Todo organizado.

Frunció un poco el ceño.

—Creo que este hombre usaba la casa para algo más…

Abrió otra puerta.

Y una mujer pegó un grito agudo.

Alma gritó también del susto.

—¡¿TÚ QUIÉN ERES?!

—¡¿QUIÉN ERES TÚ?!

Los pasos retumbaron por el pasillo y los chicos aparecieron inmediatamente.

—¿Qué pasó? —preguntó Benji sacando un arma casi por reflejo.

Alma se quedó pálida.

—¡¿Qué haces con eso aquí?!

Benji la miró confundido

—Siempre la tengo.

—¡¿Siempre?!

—Sí… siempre.

La mujer seguía pegada a la pared mirando a todos horrorizada.

—¡¿Quiénes son ustedes?!

Axton apareció detrás de ellos, vio la escena y soltó un largo suspiro cansado.

—Tranquila, Emilia. Vienen conmigo.

La mujer se llevó una mano al pecho dramáticamente.

—Muchacho, ¿por qué vienes con gente tan rara a esta casa?

Z frunció el ceño inmediatamente.

—¿Gente rara? Señora, usted parece una caricatura.

Alma volvió a mirar a la mujer con más atención.




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