El Error de Existir - Ecuaciones de una mentira

52 Martes I

En el desayuno, Alma estaba sentada en silencio, tranquila por fuera, aunque por dentro buscaba desesperadamente una oportunidad para desaparecer.

El problema era que Axton la vigilaba como una gárgola mal puesta en la cima. Era como si pudiera leerle los pensamientos.

Emilia dejó un plato con huevos sobre la mesa.

—Coman. Nadie se muere de hambre en mi presencia.

—Sí, señora —respondieron varios al mismo tiempo.

Alma apenas tocaba un pan con queso.

—Axton, tienes que vestirte como una persona decente. Hay que ir a ver al abogado.

—Sí, Emilia.

—Nada de tonterías.

—Sí, Emilia —repitió él, esta vez con fastidio.

Alma pensó que, sin Axton cerca, aquella sería la oportunidad perfecta para escabullirse.

—¿Quieren conocer la ciudad? —preguntó ella con una sonrisa inocente.

—Claro —dijo Benji enseguida.

—¿A dónde quieren ir?

—Vamos a caminar por ahí —respondió él.

—Me parece buena idea.

Axton le lanzó una mala mirada desde la mesa.

Ella se la devolvió con una sonrisa mucho más molesta.

Kalen, sentado cerca, se removió un poco incómodo.

—Alma… ¿te gustaría ir a algún lugar en especial?

—No —respondió ella—. Me gustaría que todos disfruten esta salida antes de que mueran como planearon.

Kalen soltó una pequeña risa.

Unas horas después, Axton bajó las escaleras usando un traje oscuro que parecía pelearse con él a cada paso.

—¿Esto es necesario?

—Sí, es necesario —dijo Emilia mientras acomodaba la corbata con dedos expertos—. Vamos a recoger las cenizas de tu abuelo.

Axton levantó el mentón.

—¿Recién?

—Sí. No vine antes porque… la verdad no me importaba. Pero hay que buscarlas, firmar unos papeles y luego ir con el abogado para recoger la plata.

—Esa parte sí me interesa.

—Sí, a todos.

Entonces vio a Kalen sentado junto a Alma, mirando algo en el celular de ella.

Apartó la mirada de inmediato, irritado.

—En eso te pareces mucho a tu abuelo —comentó Emilia de pronto.

—¿En qué?

—Él también se sacrificaba por las personas que amaba.

Axton frunció el ceño.

—Tuvo ocho esposas. ¿Qué sacrificio?

Emilia soltó una pequeña risa nasal.

—Pero nunca se casó con la mujer que amaba. No recuerdo su nombre ahora…

Miró al techo intentando recordarlo.

—La chica le gustaba a su amigo, así que él se hizo a un lado. Esos dos se casaron… y luego el idiota la mató en un ataque de celos.

Axton volvió a mirar hacia la sala, hacia Kalen. Y recordó lo agresivo que podía llegar a ser.

—En fin —continuó Emilia mientras terminaba el nudo de la corbata—. Tu abuelo quedó roto después de eso. Siempre se sintió culpable.

—No fue su culpa.

—Tal vez no —dijo ella encogiéndose de hombros—, pero cuando amas a alguien, todo lo que le pase termina doliéndote como si fuera tu responsabilidad. Creo que pensó que ella merecía algo mejor… y por eso se hizo a un lado.

Axton no respondió.

Caminó hacia la sala.

Los chicos empezaron a reírse apenas lo vieron vestido así. Todos menos Alma.

Porque Alma, por un segundo demasiado largo, se quedó mirándolo.

El traje hacía que se viera guapo. Como esos hombres que aparecen en problemas caros.

Ella apartó la mirada rápido, un poco ruborizada.

—Bien —dijo Axton acomodándose las mangas—. Voy, firmo papeles y vuelvo siendo millonario.

—Sueña —murmuró Benji.

—Pórtense bien. No causen problemas. Y si los van a causar, culpen a la garante. Para eso está aquí.

Alma sonrió.

—Qué amable eres.

Ellos se marcharon, pero dentro del taxi Axton permaneció pensativo.

Quería a Kalen como un hermano, nunca haría nada para hacerle daño, pero...ahora la situación lo estaba superando y Alma, era esa situación que no salía de su cabeza.

Y pensando en eso, observando la ciudad pasar detrás de la ventana, se marchó junto a Emilia.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.