Alma salió con los chicos intentando parecer tranquila.
Ellos caminaban mirando todo con curiosidad, sonriendo, molestándose entre sí como si fueran turistas normales y no un grupo de hombres capaces de enterrarte en una mina abandonada.
Ella, en cambio, solo buscaba una salida.
Cada vez que reducía el paso o giraba un poco hacia otra calle, alguno aparecía.
Como perros pastores.
Kalen se apartó un momento para comprar uno de esos helados nuevos que estaban de moda.
Alma vio la oportunidad perfecta.
Retrocedió apenas un paso.
Entonces Z la sujetó del brazo.
—No te mueves.
—Solo quería ir allá —señaló un lugar al azar.
Z miró hacia donde apuntaba.
—¿El parque de diversiones?
Alma giró lentamente la cabeza. Y lo reconoció de inmediato.
Era el mismo parque al que Axton la había llevado la primera vez que salieron juntos. La misma zona.
—Ese parque es nuevo —comentó Benji, extendiéndole un helado.
—¿Qué había aquí antes?
Preguntó ella recibiendo el helado.
Z y Benji se pusieron nerviosos y negaron al mismo tiempo.
—Jamás hemos estado aquí.
Ella entrecerró los ojos.
—¿Qué está pasando? Acabas de decir que…
—Nada —repitió Z.
Alma dio un paso atrás.
—No me traten como una idiota.
—Mira, Alma… o Lily —corrigió Benji con irritación—, deja de hacer tantas preguntas y...
Ella notó cómo metía la mano en el bolsillo. Sus ojos se endurecieron.
—¿Me estás amenazando?
—Axton dijo que no la asustemos —gruñó Z.
—Es que está haciendo muchas preguntas.
Alma respiró lento.
—¿Ustedes han salido antes?
—Sí, claro que salimos antes. Podemos salir cuando queramos. No existe la figura del garante, idiota —soltó Benji.
—¡Benji! —Le grita Z — ¿qué te pasa?
—Es que me esta poniendo nervioso — le responde sudando.
El mundo se quedó en silencio por un segundo. Como si alguien hubiera apagado el sonido de la ciudad.
—¿Entonces qué hago aquí?
Kalen regresó justo en ese momento con los helados. Y apenas vio las caras, entendió que algo salió mal.
—¿Qué pasa?
Alma lo miró directo.
—¿No existe la figura del garante?
Kalen abrió los ojos.
—¿Qué les pasa? Axton dijo que...
—¿Para qué estoy aquí? —gritó ella.
La gente empezó a mirar. Benji soltó un insulto entre dientes.
—Mira, yo solo sé que...
Entonces Alma sonrió. Y esa sonrisa puso nerviosos a todos.
—Ustedes saben quién soy —continuó ella— Cuando les di mi nombre, me investigaron. Todo ese cuento de que no aparezco en documentos...
—No encontramos nada —dijo Benji rápidamente—. Nos llegó una carpeta con tu información.
—¡Benji, ya callate! — Le grita Z, sujetando su boca.
—Lo siento, no sé quedarme callado.
Alma sintió el estómago hundirse.
—No te vamos a hacer daño solo queríamos sacar algo de dinero con tu inteligencia —añadió Benji.
Claro…retrocedió un paso. Luego otro. Y corrió.
—¡Atrápenla! —gritó Kalen.
Alma salió disparada entre la gente. Empujó personas. Giró entre puestos de comida. Tomó una calle. Luego otra. Entró a un callejón estrecho, respirando agitadamente.
—¿Te cansaste?
Alma se giró de golpe. Y se congeló.
—¿Alfa?
Alfa estaba entrando al callejón como si aquel lugar le perteneciera.
La capucha negra apenas contenía su cabello fucsia, desordenado a propósito. Tenía diecinueve años y esa belleza peligrosa que hacía que las personas ignoraran todas las señales de alarma.
Sus ojos verdes eran lo peor. No por el color, sino por la forma en que te atrapaban.
Era alto, ligeramente fornido, con hombros anchos y manos grandes y delicadas. No parecía un modelo de revista; parecía alguien que podía romperte la nariz y luego sonreírte como si fuera un juego.
Al verlo allí, extendiéndole la mano, entendió que se había acabado el juego.
—Mejor un mal conocido, ¿no?
—Minerva quiere matarme y tú...
—Nosotros terminamos.
—Por favor. Ustedes nunca terminan.
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Editado: 14.05.2026