El Error de Existir - Ecuaciones de una mentira

54 Martes III

Axton volvió a la casa agotado. Tenía la corbata floja, el cabello desordenado y esa expresión de alguien que había pasado demasiadas horas fingiendo ser una persona funcional.

Cerró la puerta detrás de él.

—Bien… ¿qué tal su día? Espero que más divertido que el mío.

Nadie respondió.

Los tres lo miraron con una mezcla incómoda de culpa y nerviosismo.

Axton frunció el ceño mientras se quitaba el saco.

—¿Qué pasó?

Silencio.

—¿Dónde está Alma?

—Ella… —empezó Z.

Axton levantó la mirada de inmediato.

—¿Qué?

—Lo descubrió todo.

Axton se quedó inmóvil.

—¿Qué descubrió? —preguntó Emilia desde la cocina.

—Que sabemos quién es en realidad —dijo Kalen. —Descubrió que no existe la figura del garante y...

Axton empezó a respirar más fuerte.

—¿Cómo lo descubrió?

—Bueno…ella — a Benji le temblaba la mirada — ella empezó hacer preguntas difíciles, y me quebré.

—¿Se lo dijeron ustedes? — Axton se queda pasmado — ¡Son unos idiotas!

—¿Qué más da? —respondió Benji, confundido—. Ahora tienes mucho dinero, no entiendo el problema.

Axton se pasó una mano por la cara, abrumado.

—Axton, cálmate. Va a aparecer.

Le decía Kalen mientras caminaba hasta él. El golpe sonó seco. Kalen trastabilló hacia un lado llevándose la mano al rostro.

Todos quedaron en silencio.

Axton lo miraba con furia pura.

—Solo te pedí una cosa…cuídala.

Kalen levantó la vista, incrédulo.

—Eso fue lo que hicimos — Le grita Kalen — ella se fue corriendo y no la pudimos atrapar.

—¡Ella tiene sicarios detrás! ¡La pueden matar!

—¡Cálmate! —Kalen lo empujó de vuelta—. Ella se fue. No hay nada que podamos hacer.

Axton respiró agitadamente.

No.

No podía aceptar eso.

—Ya déjala ir —dijo Kalen esta vez más serio—. Ya.

Axton lo miró.

—Pensé que estabas enamorado de ella—dijo Axton lentamente.

Kalen se tensó.

—Bueno… sí me gusta. Pero no voy a arriesgar mi vida, si ella se quiere ir es su asunto.

—Kalen, Alma te hizo ganar mucho dinero. Le debes eso al menos.

—Ella también ganó de ese dinero. No era precisamente caridad, era un negocio.

—No, la pueden matar, no puedo dejar que eso le pase.

Z se levanta

—Amigo, tienes mucho dinero de las herencias de tu padre y abuelo, y puedes retomar el casino del viejo, ¿para que la necesitas? Ya déjala ir.

—Son horribles, ella era casi como…

—¿Cómo qué? — Pregunta Benji sin levantarse del sillón — una extraña que llega a nuestra ciudad con una identidad falsa. No era nuestra profesora, no era nuestra amiga. La realidad Axton, es que no tenemos idea de quien es ella. Solo sabemos lo que los documentos decían. ¿Para que arriesgarse por alguien que ni siquiera nos dijo la verdad?

Axton se quedó quieto un instante. Como si la pregunta hubiera golpeado más fuerte que cualquier puño.

Tomó el saco nuevamente.

—No lo sé —admitió —Pero le prometí que la iba a cuidar. Al menos me lo prometí a mi mismo.

Y sin esperar respuesta, salió de la casa para buscarla.




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