Axton estaba sentado comiendo en silencio mientras los demás apenas se atrevían a hablar. El sonido de los cubiertos chocando con los platos hacía el ambiente todavía más incómodo.
—¿Vas a estar así todo el resto del viaje? —preguntó Benji.
—Sí —respondió seco.
Benji rodó los ojos.
—Ni siquiera sé por qué la trajimos.
—Eso es cierto —dijo Kalen mirando a Axton—. ¿Por qué la trajimos?
Axton siguió cortando la carne.
—Pensé que podía servirnos.
—No te creo —soltó Z a la defensiva.
Axton alzó apenas una ceja.
—¿Y qué quieres escuchar?
—Que te gusta —dijo Z—. La trajiste porque querías tenerla de noviecita durante el viaje.
Axton soltó una risa pequeña.
—Sí, claro. Traje a Alma de vacaciones por si me daban ganas de besarla frente al mar. No seas infantil.
—Creo que sí te gusta —intervino Kalen más serio—. Con Milo desaparecido y Aurora rondando como buitre, estabas asustado de que algo le pasara. La trajiste porque sabías que nadie iba a protegerla.
El silencio cayó sobre la mesa.
Axton y Kalen se miraron de forma defensiva, el se había hecho a un lado, por él, pero ahora estaba dudado de que Kalen tuviera buenas intenciones con Alma.
—Nadie dijo nada cuando propuse traerla. ¿Qué les pasa ahora?
Benji golpeó la mesa con frustración.
—¡Porque ella arruinó el viaje! Era la primera vez que teníamos dinero de verdad. Casa, comida, playa… y esa cabeza de chicle lo destruyó todo.
Levantó lentamente la mirada.
—Ella no lo arruinó. Lo arruinaron ustedes. Especialmente tú con tu boca enorme.
Benji iba a responder cuando Emilia entró a la casa.
Estaba pálida. Y detrás de ella venía un hombre alto con traje gris y expresión tranquila.
—Chicos —dijo Emilia tensándose—, este hombre quiere hablar con ustedes… de manera educada.
Los cuatro levantaron la mirada al mismo tiempo.
—¿Y este quién es? —preguntó Z.
El hombre sonrió apenas.
—Carlos Ramírez. Inspector de Interpol a nivel nacional.
La palabra cayó sobre la mesa como una bomba.
—Me gustaría que cooperaran y vinieran conmigo a las oficinas.
Z soltó una risa nerviosa.
—¿Pero para qué? No somos delincuentes internacionales. Apenas hacemos robos locales.
Carlos ignoró el comentario y miró directamente a Axton.
—El problema no son ustedes.
Axton sintió algo incómodo en el pecho.
—Entonces, ¿qué quiere?
—Lily Klein.
El silencio fue inmediato.
—Sabemos que tienen relación con ella —continuó Carlos—. Recibieron los documentos que enviamos, ¿verdad?
Axton se quedó quieto.
—¿Ustedes enviaron eso?
—Sí. Llevamos dos años siguiéndola. Desde que Huyó de su país.
Kalen se puso de pie lentamente.
—¿Por qué nos enviaron a nosotros los documentos? No trabajamos con ustedes.
—Necesitamos que ella volviera a las andanzas y marcarla de nuevo. Ustedes nos ayudaron en eso —respondió Carlos con calma— Sabíamos que había entrado al país con una identidad falsa, pero necesitábamos confirmar que Alma Santander era realmente Lily Klein.
Axton sintió el estómago tensarse. Sin saberlo había cooperado con la policía para atrapar a Alma.
—Ahora necesitamos su cooperación, para su captura —continuó Carlos— la de ella, La Dopple y Alfa.
—¿Quién son esos? —preguntó Kalen.
—Eso mismo queremos mostrarles.
Los chicos intercambiaron miradas tensas. Pero ninguno se resistió.
Porque cuando Interpol llega hasta tu puerta, entiendes rápido que negarte no sirve de nada. Mientras caminaban hacia afuera, Axton permaneció en silencio.
Pensando. Por qué su mayor miedo, era descubrir que Lily Klein era diferente a la Alma del cual se había enamorado.
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Editado: 20.05.2026