Otro día más de vida, otra vez vivir lo mismo repetidamente. Levantarme de la cama, tomar un baño usar ese horroroso uniforme del trabajo, comer un simple cereal día a día, no importaba el clima que tuviera el día nada cambiaba, si lloviera, estuviera soleado. No cambiaba el hecho de que iba a tomar el mismo camión para dirigirme a mi trabajo, la gente que había en el la conocía nada más por vista, pero nunca había tenido una plática con esas personas. Nunca eh sido buena interactuando con otras personas, abrí mi bolsillo y ahí saque mis audífonos y solamente puse play a la primera canción que estaba ahí, así fue como en todo mi recorrido de trabajo solamente me dedique a escuchar mi música y mirar el paisaje que tenía la ciudad el cómo en el gran cielo se combinaban a la perfección el azul del cielo junto el naranja del sol dejando rastros de hermosos colores. Cuando un asiento estuvo libre me senté en él, por primera vez el camión no estaba tan lleno como costumbre, quizás sea por la tormenta de aire que las noticias advertido mucho últimamente. -Espero que por lo menos no llueva y solamente sea aire- Empecé a ver alrededor, ya casi me iba a bajar cuando este dio una ligera vuelta hacia la derecha me levante del asiento y me acerque donde estaba ubicado el timbre para avisar al chofer que alguien se iba bajar, lo toque y este se detuvo inmediatamente. Entonces el aire me golpeo agresivamente logrando que me abrace a mí misma. - ¡Hubiera traído un suéter de más! -Empecé a caminar con pasos acelerados enserio que hacía demasiado aire y lo peor ese aire no era un aire refrescante si no uno de esos que te cortan la cara con tan solo te dé un poco. Entre al edificio en donde trabajo empiezo a dirigirme al elevador mientras me acomodaba un poco mi uniforme, hasta que . . .- ¿Chole?- Alguien había dicho mi nombre, dejé de verificar mi falda para ver atrás de mi entonces solté un pequeño grito de sorpresa.
- ¿Jean? - mi corazón latía rápidamente, detrás mío estaba él. Jean fue un amigo de niñez que tuve cuando vivía con mi abuela. Aunque claro, en esa época de niñez y también adolescencia el... el me gustaba. Así que el verlo aquí, en mi área de trabajo me sorprendió demasiado. - ¡No lo puedo creer! ¡Eres tú Chloe! - El corrió abrazarme, como es posible. . . ¿Como puede ser que todavía me recuerde, después de la universidad? -No puedo creer que todavía me recuerdes – le digo mientras le sonreía, pero mi corazón latía al mil, lo miraba ese cabello castaño bien peinado, aunque tenía un leve olor a cigarrillo impregnado en su ropa lo ignore. Ya que el me abraza, y sus manos me sujetaban mis hombros y brazos como si se estuviera asegurando que si sea yo y no me esté soñando. - ¡Como no hacerlo! Tú me ayudaste a enamorar a Elena – Él dice eso y mi sonrisa casi se borra. Cierto, yo lo había ayudado a enamorar a Elena, una mujer joven y hermosa que en la universidad le gustaba el, recuerdo cuanto me dolió haber hecho eso cuando el me gustaba, pero también, recuerdo lo feliz que se puso cuando Elena acepto su confesión de amor.
- ¡Por dios, mujer! Como veo has cambiado demasiado después de la universidad-El me empezó a mirar de arriba y abajo, desde que me salí de la universidad empecé a perder peso. Aunque no me agradaba para nada las causas de eso. Así que me pongo algo nerviosa y ansiosa al sentir su mirada. Tenía miedo de que el viera algo desagradable de mí. -Por eso mismo me sorprende que me haigas reconocido, dime ¿Qué haces por aquí? - Rápidamente cambio de tema, en espera de que él se enfoque en otra cosa. - ¡Oh!, vengo por una reunión con el jefe de este proyecto.
- ¡Vaya! Entonces lograste tu propósito
-Si, ¿y tú? - Cuando él hace esa pregunta, por un momento mi cerebro se congela ¿Logre mi propósito? Me pregunto yo misma y tuve que ver al suelo por un momento, ¿Cuál es mi propósito? Como veo que Jean estaba en espera de mi respuesta yo asiento y le muestro mi gafete de trabajo. -Trabajo aquí, en realidad soy secretaria del jefe de este edificio – le digo mientras aun sigo manteniendo mi sonrisa hacia él. - ¡Increíble! -Antes de que siguiéramos hablando . . . Alguien nos había interrumpido, una voz que me atrajo a la realidad.
- ¿Ya termino señorita Vorobiev? - Esa voz provenía de mi jefe
-Si, señor - Le respondo y miro avergonzada a Jean mientras el solo asiente y también se muestra algo avergonzado. -En vez de estar coqueteando en los pasillos con nuestros socios debería de ir a su oficina hacer su trabajo. - Jean me vio con ojos de lastima, mientras yo solamente me iba y en el recorrido me despedía con la mano. Vaya forma de terminar una plática. La noche llego a esa ciudad, era el momento donde la mayoría de la gente salía de sus trabajos, cansados, ansiando con mayor deseo el fin de semana. Entonces en ese momento es cuando uno se da cuenta de la gran soledad que uno vive, por el simple hecho de que es cuando, algunas personas usan esa fabulosa noche para salir con sus amigos a distraerse un poco del trabajo solamente siendo ellos mismos, donde algunas personas están siendo esperadas con ansias en sus casas ya sean por familiares incluso por sus propias mascotas. En ese momento te das cuenta en la forma en la que tu vida te favorece. Pero al parecer no a todos los favorece.
Por fin había salido del trabajo. - ¡Por fin! - Aunque seguía el clima de la misma forma, lo malo de tomar camión es que tenía que caminar unas cuantas cuadras para llegar a la parada a diferencia de la llegada, hacia mi recorrido abrazándome a mí misma, el aire se encontraba incluso peor, pero eso no impedía que algunas personas salieran a festejar, veía los vidrios de algunos restaurantes, algunas personas trabajaban en el mismo edifico que yo, lo sabía por el uniforme y también por sus caras. Solamente los conocía por su cara nunca por una conversación propia entre yo a ellos, todos se encontraban sonriendo, brindando, hablando, gritando. . . Abrazándose. Antes de que yo me diera cuenta, ya había caído unas cuantas gotas de agua encima de mí. Mire encima mío por si era alguien que estuviera acaso tirando agua desde lo muy alto, pero simplemente no había alguien, ni siquiera había un balcón para que alguien pudiera estar, ya que solamente veía el cielo azul oscuros y unas cuantas luces que iluminaban, al menos de que fuera lluvia. - No creo que sea . . . - Antes de que terminara mi frase, un gran diluvio cayó encima de todos. . . En definitiva, esto era lluvia, mierda, tengo que llegar rápido a la parada. Corría entre las calles evitando que la gente me mojara más de lo que la lluvia ya lo hacía, hasta que por fin llegue a la parada. Qué bueno que tiene techado. Me senté en el asiento que por suerte estaba seco y que la lluvia aun no mojaba. - Vaya lluvia que se vino, espero que no caigan true. . . - En toda la plaza que estaba incluso en los edificios se escuchó un gran estruendo logrando que me engarruñe más . . . Odiaba los truenos, su ruido, la forma en la que la luz se va de la nada, los peligrosos que son en los momentos de lluvia. - Espero que el camión no tarde - Junte mis manos una a la otra mientras inclinaba un poco mi cabeza, viendo mi reflejo por el agua, hasta que empiezo a escuchar un lloriqueo, pero este no era uno normal este se aparecía a los que hacia los perros cuando tienen miedo o frio. Entonces miro a lado mío ahí se encontraba un perro pequeño estaba temblando se encontraba totalmente empapado, mientras intentaba hacerse bolita. - ¿Qué haces por aquí pequeño? -Le pregunto al cachorro que estaba en el suelo, ocultándose de la lluvia aunque tenía ya tanto en su frente y lomo leves gotas de agua. El perro me mira este se veía que tenía demasiado frio así que me agache hacia el cuándo le iba tocar su cabeza este solamente soltó un chillido mientras en todo su cuerpo se hizo bola. Acaso este pensó que yo, le iba pegar, cuando lo vi temblando tan frágil mi corazón se hizo pequeño.
Editado: 29.06.2026