El escriba que desafío los cielos

Capitulo 4

CAPÍTULO 4: EL PUÑO QUE ROMPE LA ALDEA

Un año pasó. Trescientas sesenta y cinco amaneceres en que Lian se levantó con el primer martillazo del herrero Zhang, solo para recordar que ya no había martillazos. El herrero había cerrado el taller la semana después de que se llevaran a Mei. Nadie lo había visto forjar desde entonces. Pasaba los días sentado en el umbral de su puerta, mirando el horizonte, esperando un regreso que todos sabían imposible.

El archivo seguía siendo el refugio de Lian. El Viejo Chen le había aumentado sus enseñanzas en secreto, dedicando las tardes a explicarle no solo caracteres antiguos, sino también los fundamentos de las formaciones, los principios del flujo de Qi, y las jerarquías del mundo de cultivo. Lian absorbía el conocimiento como tierra seca la lluvia, pero siempre con una pregunta rondando en la cabeza: ¿para qué? Él no podía cultivar. Su cuerpo, según el Viejo Chen, carecía de los meridianos necesarios. Era como intentar llenar un cántaro agujereado.

—El conocimiento nunca es inútil —repetía el anciano—. La fuerza bruta rompe montañas. La sabiduría las mueve.

Lian asentía, pero en el fondo no lo creía. ¿De qué le servía saber el carácter ancestral de "viento" si no podía invocarlo? ¿De qué le servía comprender las formaciones si no tenía Qi para activarlas?

El día que los cultivadores regresaron, Lian estaba copiando un tratado sobre las dinastías celestiales. El sol brillaba con fuerza, las gallinas cacareaban en los corrales, y el panadero gritaba ofreciendo sus hogazas recién horneadas. Un día normal.

Hasta que el cielo se partió.

No fue un trueno. Fue un desgarro, como si alguien rasgara una tela gigante. Una línea negra apareció en el azul, y de ella emergieron tres figuras. Lian las reconoció al instante: Feng Huang, Wei Shan y Lianxing. Pero esta vez no venían solos. Detrás de ellos, flotando en el aire como marionetas colgadas de hilos invisibles, había una docena de figuras más. Cultivadores de la Secta del Acantilado Místico.

Y entre ellos, envuelta en una esfera de luz dorada, Mei.

Lian dejó caer el pincel. Salió corriendo del archivo hacia la plaza, donde los aldeanos ya se congregaban, señalando al cielo con gritos de asombro y miedo. El herrero Zhang había salido de su letargo y miraba hacia arriba con los ojos abiertos de par en par.

—¡Mei! —gritó—. ¡Mei, hija mía!

La esfera de luz descendió lentamente hasta posarse en el centro de la plaza. Cuando se disipó, Mei apareció. Pero no era la misma Mei. Tenía la misma cara, el mismo cabello revuelto, pero algo en sus ojos había cambiado. Ahora miraban con una frialdad que helaba la sangre. Vestía una túnica roja y dorada, finísima, y en su cintura colgaba una espada corta de empuñadura enjoyada.

—Padre —dijo, y su voz sonaba extraña, como si hablara desde muy lejos—. He vuelto.

El herrero Zhang corrió hacia ella con los brazos abiertos, pero antes de que pudiera tocarla, Wei Shan se interpuso. El gigante lo agarró del cuello con una mano y lo levantó del suelo.

—No se toca a una discípula de la secta —gruñó—. Las normas son normas.

—¡Déjelo! —gritó Mei, pero había algo en su voz... ¿Incertidumbre? ¿Miedo? Lian no pudo estar seguro.

Wei Shan soltó al herrero, que cayó al suelo tosiendo y frotándose el cuello. La multitud murmuraba, sin saber qué hacer. Estos seres habían vuelto, y traían a la niña, pero no parecía una visita amistosa.

Feng Huang descendió con elegancia y se plantó en el centro de la plaza. Su túnica blanca estaba hoy más ornamentada, con bordados de dragones plateados que parecían moverse con la luz.

—Aldeanos de Cloud Creek —anunció, y su voz llenó el espacio sin esfuerzo—. Os traemos buenas noticias. Vuestra hija, Mei, ha demostrado ser una discípula excepcional. En un año ha alcanzado el primer nivel de la cultivación, algo que a otros les lleva tres. Los ancianos de la secta están muy complacidos.

Un murmullo de orgullo recorrió la multitud. Algunos sonreían, asintiendo. El herrero Zhang, aún en el suelo, miraba a su hija con una mezcla de alegría y confusión.

—Pero —continuó Feng Huang, y la palabra cayó como una losa— toda buena noticia tiene su precio. Hemos descubierto que el destino de fénix de Mei no es único. Hay otro en esta aldea. Uno que no se manifestó en la Piedra porque... bueno, digamos que la Piedra no pudo con él.

Los ojos de Feng Huang recorrieron la multitud y se detuvieron en Lian. Una sonrisa lenta, cruel, se dibujó en su rostro.

—El archivero. El que no tiene destino. O eso creíamos.

Lian sintió que el mundo se detenía. Las miradas de todos se volvieron hacia él. El Viejo Chen, que había salido del archivo tras él, palideció.

—Honorable cultivador —dijo el anciano, adelantándose—, debe haber un error. Este muchacho es un simple copista. No tiene nada de especial.

—¿No? —Feng Huang alzó una mano y, de repente, Lian sintió que algo tiraba de su pecho. El pergamino en blanco, el que guardaba bajo su túnica, salió volando de su escondite y flotó hasta las manos del cultivador—. ¿Y esto qué es, anciano?

El Viejo Chen abrió la boca, pero no salieron palabras.

Feng Huang desenrolló el pergamino y lo mostró a la multitud. Completamente blanco. Luego, con un gesto, hizo que una pequeña llama apareciera en su otra mano. Acercó el pergamino al fuego.

El pergamino no ardió.

La llama lamía el borde del papel, pero este permanecía intacto, inalterable. La multitud contuvo el aliento.

—Un pergamino del destino que no arde —dijo Feng Huang—. Un pergamino que no tiene nombre. ¿Sabéis lo que significa esto? Significa que el destino de este muchacho no fue escrito por los Cielos. Significa que él es... una anomalía. Un error. Y los errores, en el orden del universo, deben ser corregidos.

—¡No! —gritó el Viejo Chen, y se lanzó hacia adelante con una velocidad que nadie le suponía. Su bastón se levantó, y por un instante, Lian vio algo brillar en sus ojos. Algo que no era de este mundo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.