Delilah
—Delilah —dice mi nombre a modo de saludo y siento mis pulsaciones dispararse. La cabeza me palpita con fuerza y hago lo posible por ignorarlo—. Hola otra vez.
—Hola, Evan.
—¿Ya se conocen? —pregunta Emily sorprendida, pero no puedo apartar mis ojos de él ni él de mi.
—Así es —Evan responde—. Ella es la razón por la que no pude recogerte.
Siento el rubor cubrir mis mejillas. Evan ríe. Aún no aparta sus ojos de los míos ni yo de los de él. Nunca había pensado que unos ojos eran tan bonitos y que llamaran tanto mi atención. Alguien se aclara la garganta, la chica de mirada fría se pone enfrente de mí. Le dice algo pero no alcanzo a oír porque entro al que será mi departamento y un suspiro sale de mis labios. Eso fue intenso. El corazón me palpita con demasiada fuerza y una especie de familiaridad me abruma por completo.
Que extraño.
—Detesto a esa mujer —gruñe Emily cerrando la puerta de entrada. Deja las maletas junto al sofá. Alcanzo a ver que Evan y la mujer siguen hablando—. Es una pesada.
Mierda. Se me va a partir la cabeza, necesito mi medicación de emergencia. Sería horrible si esto se convierte en una crisis de migraña.
Em me da una sonrisa cómplice.
—Así que ya conocías a mi hermano.
—Fue un incidente en la mañana —dejo caer la mochila a mi lado y me quito la sudadera—. He chocado con él sin saber que la vía de la avenida solo tenía una dirección.
—Oh, ya veo —su sonrisa se hace más grande mientras camina por la sala—. Tú eres la linda chica con la que chocó, palabras que Evan le dijo a Sam.
Siento mis mejillas hervir. Finjo restarle atención y miró las paredes, la decoración, los muebles, cualquier cosa menos a ella, porque no puedo dejar de repetir ese encuentro en mi cabeza. Cierro los ojos con fuerza en cuanto siento como si me martilleara la cabeza.
—Linda decoración.
Tenía una versión muy diferente del piso y de la que sería mi compañera. Resultó ser mucho mejor de lo que imaginaba.
—Ven a ver tu habitación. Te ayudo con tus maletas. Este modelo es uno de los más grandes del edificio, por eso solo hay cuatro departamentos en este piso. Cada habitación tiene su baño así que es mejor —Me explica y abre la puerta de enfrente—. Esta es tuya. La mía está al lado de la sala. Las dos tienen el mismo tamaño por si te lo preguntas, pero si quieres podemos cambiar.
El dormitorio es sorprendentemente grande y capacitado con todas las cosas que necesito. La cama es de dos plazas y hay un escritorio junto a la ventana que da vista a las montañas. Tiene una linda vista. Las estrellas y los atardeceres deben verse muy lindos desde aquí.
—Me gusta —susurro sonriente. La habitación tiene cortinas lilas y el baño es inmenso para mi sola. La ducha de puertas de cristal y el gran espejo relucen mostrando mi reflejo desprolijo y cansado. Llevo tres días sin dormir bien, espero pueda esta noche conciliar el sueño sin interrupciones—. Es muy bonito todo, la cama es enorme.
—Si no te gusta algo lo podemos cambiar. Mi madre escogió las cortinas, lo siento debí preguntar antes. Podemos cambiar de habitación si quieres, mis cortinas son rosas o podemos cambiar tus cortinas o la cama si no te gusta.
—Todo está perfecto. No te preocupes —todo está perfecto. Me siento en la cama sin dejar de sentir esa calidez invadirme el pecho—. Y las cortinas están preciosas, es mi color favorito.
Su mirada se ilumina.
—¿De verdad?
Asiento sonriente aunque el dolor de cabeza está matándome, noto que el corazón me late con prisa y tomo una larga respiración. Es ansiedad solamente. Estaré bien, estaré bien. Respira, solo respira.
—Iré a ordenar algunas cosas, por si me necesitas estaré en la sala —dice Emily. Se detiene antes de salir de mi habitación—. ¿Te molesta si viene Sam? Estaremos en mi habitación la mayor parte del tiempo o a veces nos gusta hacer una tarde de películas y se nos une Evan, tú también puedes unirte a nosotros cuando quieras, hacemos palomitas, o a veces ordenamos pizza o sushi.
—Em es tu departamento…
—Es nuestro departamento —aclara interrumpiéndome con una gran sonrisa—. No es solo mío, ahora es tuyo también. Y si hay algo que no te gusta, quiero que me lo digas. Más que compañeras de piso, de verdad me gustaría mucho que fuéramos amigas. Y las amigas se dicen las cosas con honestidad.
Sus palabras me encogen el corazón.
—Tampoco he sido una persona de muchas amigas a lo largo de mi vida. Así que también me gustaría eso —la verdad es que no recuerdo a ninguna amiga, así que estoy feliz de formar nuevos recuerdos—. Y no, no me molesta que Sam venga. Es tu novio y me parecen muy lindos juntos.
Creo que me agrada y mucho. Emily se siente una persona tan cálida y sincera. Tan entusiasta y carismática. De verdad me gustaría mucho que fuéramos amigas y nos llevaremos bien como ella dice.
Siento la cabeza palpitarme con fuerza y me obligo a restarle atención otra vez. No quiero que se preocupe.
—Gracias de verdad —vuelve a salir de mi habitación y se gira aún más nervios. Esta vez sonrojándose—. ¿Y te molesta si es que algunas noches Sam se queda a dormir?