El espacio entre nosotros

Capítulo 11

Delilah

—¿Rae, crees que los simios algún día conquisten el país? —la pregunta de mi hermanita me sacó de mis pensamientos y la miré a través de la pantalla. Tenía la mirada puesta en un sitio de la sala, que por lo que alcanzaba a distinguir, era la casa de Ronan—No quiero ir nunca más al zoológico.

Arqueé la ceja divertida ante su pregunta tan repentina. Definitivamente estaba en su fase más curiosa.

—¿Por qué me preguntas eso?

—Es que Matthew y Ronan están viendo una película de un simio que habla y ahora a comenzado una revolución —susurró poniendo las manitos para que solo yo la escuchara. La extrañaba demasiado—. Me he asustado, no volveré jamás al zoológico.

Recordé mentalmente que debía hablar seriamente con los chicos y recordarles que no importara que Olive estuviese pintando en el jardín o en su habitación tocando el piano, su curiosidad siempre era mucho más grande que su autocontrol. Era una niña muy curiosa y a la vez muy asustadiza.

—Recuérdales que no te gustan las películas de ese estilo —insistí—. Saben que cuando están contigo no deberían ver ese tipo de cine.

—A Lucas le habría encantado —agregó mi hermanita con una mueca de desagrado—, pero nadie quiere ver La sirenita de nuevo conmigo.

Su expresión de tristeza me encogió el corazón. Me habría encantado estar con ella en este momento. Ha visto la película más de las veces que puedo contar y aunque a veces me aburría de que siempre fuera la misma, daría todo por verla una vez más con mi pequeña Olive solo por verla sonreír.

—Te prometo que apenas vaya de visita, la veremos las veces que tú quieras. —ofrecí, sin dudarlo.

—¿De verdad? —sus ojitos azules brillaron con entusiasmo.

—Te lo prometo —le mostré mi meñique indicándole nuestra señal de promesa.

No quise contarle a Matthew ni a Ronan que he recordado el accidente. La verdad no se lo he dicho a nadie más que escribirlo en mi cuaderno de memorias —y a Amelia, mi terapeuta. Que no dudó en hacerme un hueco en su agenda para una video llamada ayer por la noche y le conté con detalles como sucedió todo—. Mi hermano ya tiene bastante de lo que preocuparse como para añadir una cosa más a su lista. La verdad todos tienen cosas mucho más importantes que lidiar con mi condición y si quiero ser capaz de construir la mejor versión de mí, debo resolverlos por mi cuenta. Debo afrontar mis fantasmas.

Olive dio un brinco ante un susto y el rostro de mi viejo amigo apareció en la pantalla.

—¿Sigues en pijama igual que esta pequeña princesa? —hizo una mueca al verme que nos hizo reír a mí y a Olive. Ronan la miró y se tapó la nariz haciéndola enfadar.

—¿Pero qué dices si acabo de levantarme? —se defendió ella— Estoy desayunando mi cereal.

—Querrás decir mi cereal, ladronzuela —Ronan la apuntó con una sonrisa y Olive abrazó la caja de Froot loops, porque sí, ella y un Ronan de veintiséis años compartían la misma obsesión por esos cereales de colores—. Devuélveme mi comida.

Terminé de ordenar mi ropa y hacer mi cama mientras los veía discutir.

—Estás viejo para comer cereales —dijo Livy sonriendo sin soltar la caja. La expresión de Ronan fue épica.

Solté una carcajada y él me miró con furia.

—¿Dónde está Matt? —inquirí tratando de ver detrás de ellos, pero no lo veía en la sala detrás de la cocina.

—Se ha dormido en el sofá, no quise despertarlo —suspira Ronan y finge distraerse para que Olive salga corriendo con la caja de froot loops. Él sonríe viendo por donde se fue.

—Gracias por cuidarla —susurro dejándome caer sobre la cama.

—No las des, Rae —me sonríe con calidez—. Sabes que es como una hermana menor para mí, Es la princesa de toda la banda.

Le sonrío en agradecimiento. Porque sí, lo sé. Adoran a Olive como si fuese su hermanita pequeña.

—Y tú también eres como una hermana para mí, no lo olvides nunca. Si necesitas algo, cualquier cosa, sabes que cuentas conmigo —agrega y se me encoge el corazón.

A veces creo que nadie podría realmente apreciarme, porque la mayoría de las veces yo tampoco lo hago. Por lo que atesoro sus palabras mucho más de lo que él podría imaginar.

—Y gracias por cuidar de mi hermano mientras no estoy —le sonrío con sinceridad—. Aunque he sido yo la causante de todos sus problemas, gracias por cuidar de él mientras estoy lejos de casa.

Emociones que desconozco pasan por los ojos verdes de Ronan.

—Estás justo donde debes estar, Rae. No te preocupes por lo demás. —Hace una pausa, como si estuviese considerando que palabras usar conmigo—. Ustedes son mi familia.

Un golpe se escucha tras la línea y un grito de Olive seguido de Matt levantándose de un brinco del sofá y Ronan corriendo con el teléfono en las manos.

—¡UNA ARAÑA! ¡ME VOY A MORIR! —alcanzo a escuchar a Olive que comienza a llorar, odia las arañas—. ¿Le dicen a Lucas que lo quiero mucho?

Traté de contener la sonrisa que se formó en mis labios y recordé que si hubiese estado ahí con ella, de seguro me mira mal por reírme de su cambio tan abrupto.




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