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El espectro yo

El espectro yo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los pensamientos en ocasiones son obstinados. Luego de una tarde de sentirme descompensado y de haberme derribado la indisposición total, me senté en una parte de la casa a ver el mundo desde la ventana. Alguien había tocado a la puerta y si hubiese entrado me hubiese encontrado en el peor de los momentos, desnudo en parte y con un dolor de cabeza que parecía estar taladrándome el cráneo.

¿Hay alguien ahí? Preguntó. No dije nada. Yo tenía en la mano unos papeles que había encontrado, Parecía ser uno de los amigos de mi hermana, me quede callado, he sido siempre una persona solitaria. Mi hermana por lo contrario se rodeaba de un grupo selecto de amistades que coincidían con ella en la iglesia y en el club social de la ciudad. Yo por mi parte había reusado a incluir en mis días otras personas, y ella siempre me lo recriminaba, quizá por el hecho de que me había convertido los últimos años en una especie de ermitaño oculto entre y mis asuntos. En parte también esta forma de ser se explicaba perfectamente porque siempre tenía la manía de encontrar hasta el más mínimo defecto en todos. Me irritaban enormemente las contradicciones de las que eran victimas. Son buenos cristianos, pero cuando ven a un habitante de la calle entornan los ojos. Tambien l0a idea tan limitada de la existencia, en la que solo viven para procrear, tener una casa y un perro de raza llamado Scott. Vestir a la moda, encajar dentro de lo normal. Poco a poco empecé a sentir repudio por todas estas convenciones sociales y normas, en el fondo, todos me tomaban por excéntrico.

Es imposible luego de tantos años estar encerrado en mi mismo, ir en contra de lo que soy.

Era devorado por mis obsesiones. No podría dar un solo paso sin sentirlas adentro mordisqueando con sus incisivos afilados. Aquel día era sustancialmente distinto a todos. Llevaba ya muchas semanas sintiéndome espantosamente vacío y aquel espacio que se ampliaba en mi, era una idea horrorosa que no había podido colmar por más de que lo intentara. El malestar crecía con cada hora, leía a ratos, miraba el reloj, me miraba al espejo con mi piel que parecía de un paciente clerótico, o me paraba en la ventana. Mirar por la ventana, no había disminuido aquella sensación, de alguna manera envidiaba a todos los que pasaban con sus vidas triviales y sus deseos simples, poniendo la razón de su existencia en alguna mentira que los tranquilizaba por breves momentos.

Todo empezó con ese sobre. Esa advertencia. No abrir, me parecía una broma aquello. Lo saqué, era un manuscrito antiguo, lo leí como poseído por una fuerza extraña lo hice, si que lo hice. Quizá estaba ya destinado a ese momento y mi vida siempre me conduciría a ese lugar. Lo que contenía era más que atrayente, y es que a quien en algún momento no lo ha llamado la atención lo oculto. En mi caso particular era mas que un pasatiempo, y mas en el fastidio que me sumergía cuando contemplaba el decurso de una vida corriente, tenía muchos libros con temas prohibidos, que angustiarían a cualquiera. No con tener muchos volúmenes de este tipo de literatura ya había saciado mi deseo de seguir con la búsqueda. Había llegado al punto mas álgido de mis excentricidades y pasaba largas horas registrando los lugares mas inusuales en los que pudiera hallar mas sobre estos temas, un tanto oscuros, así fuese un trozo de papel que hablara de cómo se pasa de la vida a la muerte y se retorna, o cómo ingresar a los sueños de las personas, libros de filosofía, de nigromancia, o botánica, libros de hechizos, o de alquimia, o gnósticos, textos que enseñaban como salir de cuerpo y retornar.

 

 

 

 

 

El espectro yo

 

 

 

 

Los pensamientos en ocasiones son obstinados. Luego de una tarde de sentirme descompensado y de haberme derribado la indisposición total, me senté en una parte de la casa a ver el mundo desde la ventana. Alguien había tocado a la puerta y si hubiese entrado me hubiese encontrado en el peor de los momentos, desnudo en parte y con un dolor de cabeza que parecía estar taladrándome el cráneo.

¿Hay alguien ahí? Preguntó, no dije nada. Yo tenía en la mano unos papeles que había encontrado, Parecía ser uno de los amigos de mi hermana. No respondí, me quede callado en la casa, he sido siempre una persona solitaria. Mi hermana por lo contrario era se rodeaba de un grupo selecto de amistades que coincidían con ella en la iglesia y en el club social de la ciudad. Yo por mi parte había reusado en participar de esos espacios, y ella siempre me lo recriminaba, quizá por el hecho de que me había convertido los últimos años en una especie de ermitaño oculto entre y mis asuntos. En parte también mi soledad se explicaba perfectamente porque siempre tenía la manía de encontrar hasta el más mínimo defecto en todos. Me irritaban enormemente las contradicciones de las que eran víctimas, son buenos cristianos, pero cuando ven a un habitante de la calle tuercen los ojos del desprecio. La idea tan limitada de la existencia, en la que solo viven para procrear, tener una casa y un perro de raza llamado Scott, vestir a la moda, encajar dentro de lo normal. Poco a poco empecé a sentir repudio por todas estas convenciones sociales y normas, en el fondo todos me tomaban por excéntrico.




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