El espejo

El espejo

El Espejo

 

Recuerdo que ese día fue el más caluroso del año para estar en abril, el pronóstico del clima tampoco daba esperanza que los días a venir no fueran iguales, todo debido al fenómeno del niño, el clima en sí, se había convertido en un verdadero lio y mi presión baja no me ayudaba mucho a encontrar comodidad en tan férreo bochorno, en ese entonces solo podía pensar como sobreviviría hasta diciembre a que descendiera la temperatura.

 

ah! por cierto, déjenme presentarme, soy Yuury Fujigawa, nací en américa del sur, para ser más exactos en una localidad de Colombia, mi madre es de allí y mi padre es japonés, y dentro de unas horas cumpliré 20 años, por otro lado de momento resido en el distrito de Osaka (Japón) con mi buena amiga Leandra Osorio, para ser sincera tengo pocos temas de interés y detesto las cosas complicadas, seria eso que llaman de personalidad relajada, pero la realidad soy una escéptica, todo debe tener una razón de ser desde mi punto de vista, pero Lea es un caso totalmente diferente, esta chica a pesar de ser 2 años mayor que yo, es una total amante de lo “sobrenatural”.

 

Hay veces en las que me pregunto, por qué tiendo a relacionarme con personas como Lea, es totalmente mi opuesto, ella es alegre, enérgica y siempre sabes que es lo que siente, yo por mi parte suelo encerrarme en mi misma y tengo problemas para confiar en los demás, hasta ahora es la única persona que ha estado a mi lado a pesar del caos que suelo ser.

 

Volviendo al tema, en la tarde de este caluroso día, Lea aprovecho para sacarme a rastras al centro de la ciudad, idea que no tome con mucho agrado.

 

-aaah!, ¿por qué tengo que acompañarte de compras? - me quejo mientras cruzo mis brazos tras mi cabeza - sabes que odio salir.

 

-nnn! ¡deja de quejarte!, hoy es diferente

 

- ¿qué tiene de diferente?, además de este clima.

 

-hoy vamos a buscarte un regalo de cumpleaños -me regaña

 

-eh!? … ¿no se supone que un regalo de cumpleaños debe ser sorpresa? -esquivo mi mirada para que no vea que me he sonrojado -además, aún falta para ese día.

 

Al ver mi desinterés, me toma del brazo y seguimos caminando

 

- sí, sí, lo sé, pero es que nunca sé que te gustaría que te diese -me dice con desconsuelo- si tan solo no te cansaras tan rápido de todo, en serio que eres una malagradecida!

 

Pude notar como las lágrimas se empezaron a agolpar en sus ojos y su lucha para evitar que rodaran por su rostro y me sentí mal por ello.

 

-(suspiro) lo siento! -le paso un pañuelo - enserio lo siento, Lea, no era mi intención

 

-lo sé, se perfectamente lo cabezota que puedes ser

 

-bueno, creo que perdí, vamos a buscar mi regalo

 

- ¿enserio? - me mira con los ojos bien abiertos, es como si le sorprendiera mi respuesta

 

- no me mires así, hablo en serio

 

-oh dios! Yuury eres genial!

 

Seguimos caminando y mirando tiendas en busca de algo que me agradara, sin resultado alguno, ya había caído la noche cuando nos topamos con una pequeña tienda de antigüedades, esta resaltaba de las demás tiendas del lugar por su lúgubre aspecto, además de ser la única locación del lugar que conservaba su arquitectura de la antigua Japón.

 

-hey! mira, mira, Yuury entremos allí -dice con una gran sonrisa en su rostro

 

- que!?, estás loca!?

 

-nnn! ¿por qué no?

 

- ¿cómo que por qué?, eso salta a la vista - le respondo señalándole la pequeña tienda- solo mira ese lugar, parece que en cualquier momento se fuese a derrumbar, además ¿que podríamos encontrar allí?

 

-Yuury no seas aguafiestas, podría ser interesante -vuelve y sujeta mi brazo y me conduce hacia la tienda- ¿quién sabe?, a lo mejor y quizás encuentres algo de tu agrado.

 

-lo dudo - suspiro resinada.

 

al entrar el aquella tienda, confirmo mis pensamientos, la tienda era oscura en el interior y tenía agolpada toda cantidad de objetos desde los más extraños a los más antiguos, sin mencionar el polvo que los cubría y que se sentía en el aire.

 

- Yuury voy a ir a buscar quien nos atienda, mientras tú ves que llama tu atención de las estanterías.

 

-jum! que podría ser más interesante que estas telarañas- le respondo, mirando una muñeca que colgaba del techo, la cual ya era el lugar de residencia de unas cuantas arañas.

 

-no sé, tan solo busca algo- me regaña de nuevo mientras se aleja- Dios! ¿qué voy a hacer contigo?

 

no quedo de más que hacer caso a la sugerencia de Lea y miro las estanterías, mientras refunfuño, de pronto soy consciente de un pequeño brillo proveniente de unas de las estanterías a mis espaldas, como si fuera guiada por la curiosidad mi acerco a ella.




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