El espejo de la serpiente

— CUAUHTÉMOC —

—Sigo creyendo que esto no es propio de una persona como tú, Cuitláhuac. Siempre has sido receloso con las personas que se acercan a ti... Y ahora ¿Aliarse con los enemigos?

El guerrero al escuchar la directa acusación de su primo, no pudo evitar hacer una mueca, qué intentó ocultar sin mucho éxito a la perspicaz mirada de Cuauhtémoc.

—Creo que es mejor escuchar todo lo que tiene que decir— comenzó sin saber muy bien qué rumbo tomar—. Las cosas que dice son demasiado precisas como para tratarse de una mentira... Además, las sacerdotisas de nuestra diosa madre dicen que no miente, que Cihuacóatl estuvo dentro de su corazón — con algo de inseguridad, señaló su propio pecho —. Puede haber mucha verdad en sus palabras.

Cuauhtémoc se quedó en silencio varios minutos antes de mirar fijamente a Cuitláhuac.

—Si no te conociera diría que accedes a escucharla porque todo lo que predice se alinea con tus pensamientos y miedos más profundos sobre los invasores de las costas— murmuró sin mostrar ningún tipo de burla en su rostro —. Eso o tú también puedes ver el futuro y no has querido decirnos.

Cuitláhuac se puso tenso ante la insinuación. Aún así se las arregló para parecer solamente enfadado.

—Nunca he creído en que los dioses puedan arreglar el mundo por sí solos. Ellos necesitan de nosotros, de nuestra bondad y humanidad para hacer de este mundo un lugar ideal— farfulló — Acompáñame, voy a presentarte con ellos.

Cuauhtémoc en el campo de batalla era un guerrero formidable, pero cuando se encontraba en confianza, podría parecer más un niño curioso que un adulto.

—¿No te da miedo que Moctezuma se entere de lo que estamos haciendo?

Cuitláhuac negó mientras apresuraba el paso.

—¿Se lo vas a decir tu?— su primo movió su cabeza de un lado a otro— Entonces no hay nada de qué preocuparse.

—¿Y si esto es una trampa de Xicohténcatl? — Cuitláhuac no respondió — Ahora mismo está con Tlahuicole, entre los dos pudieron haber planeado algo.

—Sé que tienes miedo de confiar en ellos, pero te pido que no digas ninguna de estas cosas delante de ellos.

Sabiendo que no iba a obtener más información de su primo, Cuahutémoc asintió, siguiendo en silencio a Cuitláhuac hasta las afueras del enorme palacio.

—Creo que es peligroso que ella esté aquí. Moctezuma puede querer hacerle algo, sobre todo porque está con Xicohténcatl.

—Voy a llevarlos a mi señorío en cuando tenga la oportunidad — informó — por eso quiero que te quedes con ellos, para que los cuides al mismo tiempo que los vigilas.

Con esta petición, Cuauhtémoc asintió emocionado por llevar a cabo tan importante encomienda, pues eso significaba que Cuitláhuac confiaba en él.

—Como órdenes, primo.

· · ─ ·𖥸· ─ · ·

Tlahuicole pudo haberse reído de lo que creía era la extensa imaginación de Xicohténcatl, pero al ver su mirada seria y el nerviosismo de la mujer que lo acompañaba, tuvo la certeza de que lo que decía, era verdad. Pero, si él ya estaba convencido de que todo era cierto ¿Hasta qué grado era peligroso tenerla a ella de su lado?

—Ella tiene que volver alguna vez a su tiempo, lo sabes, ¿Verdad? — Tlahuicole sabía que Xicohténcatl era inteligente, pero después de lo que vio que ocurrió entre ellos, se veía en la necesidad de recordarlo.

—Si, lo sé— Xicohténcatl evitó hacer una mueca mientras veía como Xihuitl regresaba con algunas jarras de barro repletas de agua—. Pero mientras descubrimos cómo regresarla, es mejor aprovechar sus conocimientos.

Tlahuicole asintió, sabía que si Xicohténcatl desviaba el tema, era mejor no insistir.

—¿Por qué decidieron no contarle nada de esto a Moctezuma?

—Xihuitl dijo que Moctezuma ya sabía que ellos venían, y si no hizo nada para evitarlo, bueno...— ninguno de los dos guerreros necesitaba que se terminara la oración para comprender a lo que se refería.

—¿Cuál es el plan?

Xihuitl extendió los jarrones en dirección a ambos guerreros, quienes agradecieron el agua.

—Seguir el plan original, atacarlos en Tecóac, para ver su capacidad de defensa. Xihuitl ya nos ha dicho algo al respecto pero será mejor cuando lo veamos de frente. Solo hay que tener cuidado, ellos saben hacer emboscadas de noche, cual cobardes que no combaten de frente, cuánto todos pueden verlos.

Turquesa bajó la mirada.

—Vamos a tener que usar esas mismas tácticas para sobrevivir.

Todos se quedaron en silencio al ver como desde la lejanía, Cuitláhuac llegaba acompañado de otro hombre. Turquesa los evaluó desde lejos, sin duda alguna otra de las grandes pérdidas que se tuvo fue todo lo relacionado con el aspecto físico. La mayoría de las personas que llevaba conociendo tenían excelente complexión, cuerpos dignos de los mejores concursos, y no solo lo decía por los hombres, sino también por las mujeres.

Xicohténcatl al notar la mirada que Xihuitl les estaba dando a ambos hombres no pudo evitar ponerse tenso, ¿Qué tanto les observaba? Sin poder evitarlo, el guerrero se enderezó, inflando un poco el pecho cuando aquellos dos guerreros llegaron hasta su posición.

—Espero no estar interrumpiendo — murmuró Cuitláhuac sonriendo de lado a Xihuitl—. Quería presentarles a alguien, es mi primo, Cuauhtémoc y estará con ustedes durante su estadía. Él y Tlahuicole se encargarán de su protección.

—¿Alguien quiere dañarnos?— La pregunta de Xihuitl no era mal intencionada, pero al escucharla, nadie de ese grupo tuvo la menor idea de que deberían decir al respecto.

—Es precaución — Cuitláhuac fue el primero en romper el silencio —. Solo queremos cuidarnos, no hay que olvidar que ustedes— su mirada de inmediato cambió a Xicohténcatl —. Son el enemigo.

Turquesa, sabiendo que aquel comentario podía hacer enojar a Xicohténcatl, extendió su mano para recargarla sobre aquella fuerte rodilla, sonriendo lo más tranquila que pudo.



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En el texto hay: mexico, prehispanico, romance

Editado: 29.11.2025

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