El espejo de la serpiente

— AXAYACATZIN —

Turquesa se había despertado feliz. La noche anterior había sido mágica: los cantos, los bailes, las ofrendas rebosantes de flores y comida entregadas a los dioses... Parecía que el resplandor del fuego y de las estrellas, junto con la quietud de la noche los hubieran llevado a otra realidad, una donde los hombres caminaban en armonía con la naturaleza y con los dioses, como si no hubiera dolor, ni guerra, ni presagios, ni mucho menos invasores acechando en el horizonte.

Lamentablemente, todo sueño tiene su amanecer y Turquesa tuvo que regresar a la realidad cuando la luz dorada de la mañana comenzó a teñir el cielo, obligándolos a ir hasta el palacio que Moctezuma habitaba.

Al entrar, lo primero que vio, fueron flores, joyas, piedras preciosas, telas y comida repartidas en varias canastas.

—¿Qué es todo esto, hermano?— Cuitláhuac, que acompañaba al pequeño grupo, observó con atención todo a su alrededor antes de regresar su vista a su hermano — ¿A quién vamos a darle estos regalos?

—Esto va directamente a las costas— respondió —. Es un regalo para nuestros nuevos visitantes.

Xihuitl sintió su sangre hervir, ¿Qué necesitaba ese tlatoani para entrar en razón? Su mirada debió reflejar su furia, porque Cuauhtémoc dio un paso adelante, sonriendo forzadamente.

—¿Cómo qué regalo?

—Se los haré llegar como muestra de nuestro poderío, nuestros emisarios los verán de frente y...— sus ojos se dirigieron en dirección a Turquesa— Y les pediremos que se vayan— confesó.

—¿Crees que esto de verdad va a funcionar?

—No lo sé —admitió—. Pero lo he pensado demasiado. He consultado a los dioses, he buscado señales en el fuego, en el agua, en el viento… y creí que no respondían. Hasta que volví a mirar —sus ojos se posaron en Turquesa, dejándole ver toda la tristeza, desolación y rabia que había en aquella poderosa mirada— ¿Podemos hablar un momento? A solas, por favor.

Que el tlatoani pidiera las cosas con tanta amabilidad fue una sorpresa incluso para sus sirvientes.

—No voy a dejarla sola— respondió Xicohténcatl sin importarle ganarse una mirada extrañada de Xihuitl — Dijiste que éramos enemigos, y como tal, no puedo confiar en ti.

Cuitláhuac no dijo nada ante la evidente falta de respeto en sus palabras.

—¿Hermano?

Moctezuma sin dejar de mirar a Xihuitl extendió su mano en su dirección.

—Quiero que me digas que es lo que pasa con todos nosotros, no seas ambigua como los dioses, quiero saber que es lo que nos ocurre a cada uno de nosotros. Si los dejo pasar ¿Vendrán en paz? ¿Respetarán nuestras tierras? ¿O solo van a destruirnos sin dejar nada a su paso?

Turquesa por unos momentos se preguntó qué es lo que había hecho cambiar de opinión de esa manera a Moctezuma ¿Los dioses lo habrían visitado en sus sueños? Ella lo miró por más tiempo del que sería cordial, pero no le importó, no cuando trataba de adivinar si todo eso era una mentira para tratar de hacerla quedar en ridículo o si simplemente después de unos cuantos días, sus palabras habían sembrado la duda necesaria para que el tlatoani hubiera elegido escucharla por segunda vez.

—Creí que en la primera reunión que tuvimos había sido clara respecto a las verdaderas intenciones de los invasores de las costas — después de largos segundos en silencio, Xihuitl finalmente apartó la mirada de aquel rostro, deteniéndose en Xicohténcatl que parecía más tenso que ella— Pero si quiere saber la verdad, se la diré, no es necesario que me muestre la palma de su mano para poder leer su futuro.

Cuauhtémoc dio un paso adelante, parecía bastante ansioso por escuchar más allá de un "mueres después de ser torturado".

—Cuando decidiste abrirles las puertas a los invasores, ellos fingen amistad, pero cuando el líder de ese grupo se ausenta, Tonatiuh, uno de sus capitanes asesina a parte de tu pueblo mientras realizaban un ritual, eso provoca que tú tengas que encerrarte en este palacio— el silencio que había en aquella enorme sala se sentía asfixiante —. Cuando él regresa, te pide que calmes la ira de tu pueblo, al no lograrlo, eres asesinado bajo su mano. Tecuixpo tu hija, es ultrajada por Hernán Cortés lo que provoca que de a luz a una niña, tus otros hijos, Chimalpopoca y Tlaltecatzin también serán asesinados por el líder de los invasores en este mismo palacio. Xipahuatzin y Macuilxóchitl son casada con algunos españoles. El único que sobrevive es Tacahuepan que es mandado a España, al reino de los conquistadores para divertir a sus tlatoanis.

Moctezuma palideció por completo.

Turquesa le dedicó una última mirada antes de dirigir su vista a Cuitláhuac.

—Logras huir del asedio, te conviertes en tlatoani, después de tener el título en tus hombros, expulsas a los invasores, al menos durante un tiempo. Seguramente hubieras logrado recuperar parte de tu pueblo y hacer grandes alianzas sino hubieras enfermado con el mal que los invasores traen y a la cual sin inmunes. Cómo te dije antes, tu hijo, Axayacatzin es criado por ellos. De tu esposa Papantzin no se sabe mucho— admitió — Solo se sabe de Tecuixpo, con quién eres obligado a casarte después del fallecimiento de tu hermano, nunca consumas el matrimonio por respeto y honra no solo a Moctezuma, sino también a tus valores.

Respirando con fuerza, Xihuitl extendió su mano hacia Xicohténcatl, tomándola con fuerza antes de que sus ojos se encontraran con los de Cuauhtémoc, quién parecía no tener más edad que ella, fue, era prácticamente un niño que se vería obligado a luchar y perecer.

—Al no haber nadie quien tome el trono en sus manos, eres elegido como nuevo tlatoani, el último tlatoani mexica que se une en matrimonio también con Tecuixpo, para protegerla— Cuauhtémoc intentó mantenerse sereno, pero al escuchar esto último su rostro lo traicionó —. Combates contra ellos, hasta que logran capturarte. En contra de tu voluntad te bautizan, te cambian el nombre, quieren obligarte a abandonar tú identidad. Al no lograr doblegarte, tú, junto con los reyes de Tlacopan y Texcoco, Tetlepanquetzal*, Coanacochtzin* son ahorcados, no sin que antes te corten la lengua, te dañen tus ojos y le prendan fuego a tus pies para que les digas dónde está el tesoro de Moctezuma— nadie en aquel lugar se atrevía a decir una sola palabra — No bastando, humillan tu cuerpo aún después de muerto.



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En el texto hay: mexico, prehispanico, romance

Editado: 29.11.2025

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