El espejo de la serpiente

— TANGÁXOAN TZÍNTZICHA —

—¿Realmente tenías que mandarnos llamar, Tangáxoan Tzíntzicha?— Casandoo, el líder de Tututepec dejó de lado su arma y su escudo, lucía cansado y fatigado por el viaje—. Me enteré que decidiste declinar la oferta de Moctezuma respecto al compromiso con su hija Macuilxóchitl.

Oxib-Keh, el joven proveniente de K’iche’ siguió el ejemplo de Casandoo. Aunque actuó de una manera mucho más reservada, pues se dedicó a escuchar la conversación en vez de intentar participar en ella.

—El tlatoani ofreció buenas cosas, eliminar tributos, nos dió ofrendas e incluso prometió nunca más volver a pelear con nosotros, seríamos libres por fin. Pero todo eso me pareció muy poco comparado con lo que ahora sé.

—¿Te refieres a los invasores de las costas? — Casandoo agradeció el vaso repleto de agua que uno de los sirvientes de Tangáxoan Tzíntzicha le ofreció —. Hemos oído rumores.

—¿Qué clase de rumores? Quiero saber si lo que les han dicho coincide con la información que poseo.

Casandoo intercambió una breve mirada con Oxib-Keh, quién se encogió de hombros, más concentrado en comer que en prestarle atención al claro intento por parte de Tangáxoan Tzíntzicha de sembrar la discordia entre ellos.

—Solo sé lo que todos los comerciantes dicen— admitió por fin Casandoo—. Sus armas, estrategias de guerra, incluso la gente no es como todo lo que conocemos. Algunos me han contado que ya están en Tenochtitlán, ¿Crees que eso tiene que ver con estas apresuradas decisiones?

Tangáxoan Tzíntzicha asintió, emocionado.

—Es por eso que rechacé la invitación de Moctezuma. Escuché que vencieron al pueblo de Tlaxcallan y si ellos, que han resistido a tantos asedios mexicas cayeron, quiere decir que los invasores de las costas son poderosos— el hombre se acercó más a ellos, como si estuviera contando un secreto —. Uno de ellos es el mismo Tonatiuh en persona.

En ese momento, Oxib-Keh dejó de lado su plato antes de negar.

—Tlaxcallan y Tenochtitlán tienen a una Enviada de los Dioses también — informó ante la mueca que hizo Tangáxoan Tzíntzicha al escucharlo —. Ve el futuro, los dioses le hablan, incluso usan su cuerpo para comunicarse con nosotros los humanos.

—¿Eso te lo contó Tecuixpo?

—Su padre habló con Tezcatlipoca por medio de ella.

—Es su hija favorita, te pudo haber mentido.

—A ti también te pudieron mentir.

—Por supuesto que no. Los invasores de las costas llegaron a Tenochtitlán, eso es un hecho innegable y comprobable.

—No comiencen a discutir— Casandoo colocó su mano en medio de la mesa, para hacer más visible la separación entre ellos—. Mejor dinos para qué nos invitaste realmente. No creo que solo lo hayas hecho para conversar, ¿Verdad?

Tangáxoan Tzíntzicha enderezó su espalda, asintiendo.

—Sé que ustedes sí aceptaron la unión con las hijas de Moctezuma, y aunque no esté de acuerdo con su decisión, sé que mi propuesta puede interesarles — Oxib-Keh alzó una ceja de incredulidad —. He estado pensando mucho y creo que sería mejor unirnos a los ganadores de esta batalla antes de que sea demasiado tarde.

—¿De qué estás hablando?

—Todos en estás tierras saben que los mexicas van a caer— Oxib-Keh se removió incómodo en la silla, ese era un tema que ya había hablado con Tecuixpo y no era de su agrado —. Y yo quiero estar ahí para verlo.

—¿Y cómo sabes que puedes confiar en ellos?

—Los mexicas nos demostraron durante años que no tendrían piedad con nosotros, es hora de regresarles un poco de lo que se ganaron — Casandoo apretó la mandíbula, era bien conocida la enemistad que tenía con ellos, pero de ahí a aceptar prestar hombres y armas a unos completos desconocidos, había una diferencia —. Fue por eso que los cité aquí, para proponerles que se unan a esta nueva causa. Una que nos dé por completo libertad.

—¿En verdad vas a unirte a ellos?

Oxib-Keh lo miraba como si no pudiera creer lo que estaba escuchando. Casandoo no parecía sorprendido, más bien, su rostro reflejaba decepción.

—Por supuesto, jamás perdería la oportunidad de defender la honra que mi gente creyó nunca volverán a tener.

· · ─ ·𖥸· ─ · ·

—Hermano, ¿Está todo en orden?

Cuitláhuac caminó despacio por la habitación de Moctezuma, examinando cada rincón del lugar con atención. Desde que los invasores de las costas habían llegado, él no se atrevió a visitar Tenochtitlán. No por miedo a los extraños, sino por temor a lo que podría hacer al verlos a la cara conociendo todo lo que le harían a él y su gente.

—El líder de los invasores me dijo que va a irse por un par de días, a buscar algo que dejó atrás, en las costas.

—Eso significa que la matanza del templo mayor no tarda en llegar—Moctezuma asintió, respirando profundo— ¿Es eso lo que te atormenta tanto? — ante la nula respuesta de su hermano, Cuitláhuac se detuvo, sonriendo en su dirección —. Tenemos hombres, estamos preparados.

—Mi muerte está cerca.

Su hermano negó, acercándose a él con cuidado.

—No lo voy a permitir. Vamos a salir de esta, juntos. Cómo siempre lo hemos hecho — prometió —. Sé que me molesté contigo al inicio por todas las decisiones que estabas tomando, pero corregiste el rumbo, estás tratando de ser mejor y no mereces nada de lo que va a pasarte.

Moctezuma parpadeó con lentitud antes de negar.

—Quiero que te lleves a mis hijos de aquí. Llévalos a tu señorío, a Iztapalapa. Cuando todo ocurra ellos no morirían y mi linaje estará a salvo— rogó con la voz baja, demasiado como para que Cuitláhuac se atreviera a hablar—. Llevatelos. Habla con los esposos de mis hijas y planea cómo proteger a la gente. Ahora el pueblo y mi familia son lo más importante.

—Moctezuma...

—Está bien hermano, estoy listo para todo lo que viene. Sabes bien que a veces la gente debe pagar por sus errores y yo estoy listo para asumir las consecuencias de mis actos.



#1121 en Novela romántica
#296 en Otros
#53 en Novela histórica

En el texto hay: mexico, prehispanico, romance

Editado: 10.01.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.