El espejo de la serpiente

— PEDRO DE ÁLVARADO —

Ellos no están haciendo nada malo, no vayas a hacer ninguna cosa de la que puedas arrepentirte después.

Habían pasado apenas un par de días desde la partida de Cortés, pero Pedro sentía que habían pasado años. Con cada segundo que transcurría se sentía más molesto e irritado, su amigo sabía bien cómo lidiar con los perros indios, pero él… él no estaba hecho para eso, ni siquiera cuando intentó entablar una conversación con su esposa pudo disimular su asco. Todos eran tan inferiores, desde el aspecto hasta sus creencias eran sucios, tanto que no podía evitar sentirse ofendido, como si ellos pudieran contagiarle aquel mal si seguía un minuto más a su lado.

Esto que están haciendo, es pecado.

Pese al repudio que estos extraños le causaban, Pedro se controló lo mejor que pudo, al menos hasta que esa mañana, al despertar, los sonidos de tambores y cantos, seguidos de la imagen de hombres y mujeres yendo de un lado a otro, con comida y adornos se cruzaron en su camino, rompiendo su frágil temple.

—Es solo una celebración— si bien Tecuelhuetzin no comprendía del todo lo que decían, podía intuir lo que su “esposo” estaba diciendo, su rostro y postura lo delataban—. Es la fiesta de Tóxcatl. Se pide a los dioses piedad, para que no haya sequías.

Van a matar a un hombre.

—Ese hombre es la representación del dios al que se le rinde tributo— Malinalli aún tensa se quedó inmóvil en el lugar más alejado de la habitación, traduciendo palabra por palabra sin dejar de ver como como Tecuelhuetzin se acercaba a Alvarado, como si intentara no asustarlo más—. Ha sido preparado para eso y va a regresar a su estatus divino una vez todo esto termine.

La joven mujer intentó tocar el rostro del invasor, pero este rápidamente le tomó la muñeca, atrayéndola hacia él con más fuerza de la necesaria.

No intentes engañarme. Sé muy bien quién eres.

Tecuelhuetzin intentó girar el rostro para poder ver la reacción de Malinalli, pero Pedro con su mano libre ya la tenía sujeta por la nuca, obligando así a que no apartara la mirada.

—Por favor, suéltame, yo solo trato de…

—Dame tu daga, esa que te obsequió tu padre antes de que lo mataras.

El rostro de Tecuelhuetzin casi se descompone del horror al escuchar estás palabras. Ella había sido muy cuidadosa, era imposible que él supiera algo.

—Yo… yo no tengo nada.

Sin molestarse en seguir hablando, Pedro soltó su nuca para arrastrarla hasta la cama, Malinalli se puso en alerta al ver cómo el soldado la había arrojado sobre el lecho para montarse sobre ella, dejando que sus manos recorrieran todo el cuerpo de la joven hasta que finalmente se detuvo, había encontrado lo que buscaba. La daga de obsidiana de la que Tecuelhuetzin no se había apartado desde que salió de Tlaxcallan.

—Eres una perra india muy mentirosa— con cuidado, como si solo quisiera asustarla, recorrió con la punta del arma aquel rostro—. ¡Soldados!

Esto es traición, Pedro ¡Cortés te matará por esto!

En cuanto aquella respuesta resonó por todo el lugar, el resto de los hombres entraron con cuerdas y paños en las manos. No dieron tiempo a que nadie replicara, simplemente se acercaron a ambas mujeres para atarlas, sin olvidar colocar un pedazo de tela sobre los ojos y otro dentro de la boca, para evitar que pudieran advertir a los demás de lo que estaba pasando.

—Vayan por el rey de este lugar, lo quiero aquí cuanto antes— Cristóbal de Olid* asintió, corriendo entre los pasillos para llegar hasta la salida—¿Los demás soldados dónde están?

—Afuera señor. La mayoría no sabe qué hacer. Vieron a la gente moviéndose está mañana, los siguieron y al ver todo lo que estaban preparando se sintieron incómodos, prefirieron venirse a encerrar aquí con los perros antes de seguir viendo el infierno que están preparando.

Pedro sintió que su pecho hervía de rabia, sus hombres y los de Cortés no estaban hechos para sentir miedo, mucho menos si este era provocado por una raza inferior.

—Ya es hora de terminar con esta farsa pagana. El falso rey debe caer— masculló Alvarado entre dientes antes de ordenar con un gesto brusco que cuatro de sus soldados lo acompañaran hasta el exterior.

Los hombres, armados con alabardas* y espadas, se apresuraron a seguirlo. Deteniéndose en cuanto el mayor grupo de soldados apareció frente a sus ojos, pese a que estaban bien alimentados, se notaba su cansancio.

—Esto acaba hoy— pese a que Pedro nunca había sido tan bueno con las palabras, en ese momento, sintió que no había lugar para mostrar ninguna duda, no cuando las atrocidades estaban ocurriendo justo a su lado. Pasando saliva, se colocó en el centro, para que todos lo oyeran—. Desde que llegamos a estas tierras hemos tolerado el salvajismo y la idolatría que estos pueblos practican. Cortés nos dijo que debíamos tratarlos como humanos, pero ¿acaso son merecedores de tales consideraciones cuando están a punto de quitarle la vida a otro ser? ¡No! ¡No podemos seguir tolerando estas atrocidades paganas! Estos salvajes bailan desnudos frente a ídolos que exigen alimentarse de corazones humanos. ¡Seguro han estado planeando matarnos mientras fingen amistad! ¡No podemos permitir que esta traición se consuma! ¡No cuando nos han prometido oro y riquezas y no hemos recibido nada a cambio! —la pena que pudo haber sentido al hablar ante un “gran” público había desaparecido por completo—. ¡En nombre de Dios, del Rey y de nuestra patria, purguemos esta abominación!

Los soldados, al escucharlo, rugieron en aprobación, golpeando sus espadas contra los escudos antes de que, como una jauría de lobos hambrientos, se lanzaran sobre la multitud desarmada.

El caos fue inmediato. Las espadas de los invasores comenzaron a cortar la carne de las personas como si no fueran más que comida, cabezas y extremidades caían una a una sobre el suelo. Mujeres y niños gritaban mientras sus cráneos eran aplastados bajo botas. Un sacerdote, intentó huir, pero un arcabuzazo* le voló la mitad de la cara, dejando un hueco humeante donde antes había ojos. El aire pronto se llenó de hedor metálico de sangre, pólvora y gemidos de agonía.



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En el texto hay: mexico, prehispanico, romance

Editado: 10.01.2026

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