El espía que me rompió el corazón

Cuando me ghosteó

Junio, 2022. París, Francia

Prueba de embarazo. Tecleo el término en el traductor del teléfono. Segundos después, aparece el resultado: Test de grossesse.

Se aprende algo nuevo cada día. Mi francés es aceptable, pero esta es la primera vez que uso el término… en cualquier idioma.

Le muestro el resultado al dependiente de la farmacia. Este asiente y se da la media vuelta para traerme lo que necesito.

Tengo el estómago hecho un lío y no solo por las náuseas que me han asaltado desde hace un par de días. ¿Y si la prueba da positivo? Se me acelera el corazón solo de pensarlo.

Voilà, madame —dice el dependiente depositando la prueba sobre el mostrador.

En la caja se muestra la foto de una mujer con un embarazo muy avanzado. Esa podría ser yo en unos meses.

Merci —digo mientras rebusco en mi bolso por la cartera.

Me es necesario sacar varias cosas para dar con ella, entre ellas mi libreta de anotaciones y las muestras que me dieron en la lección de esta mañana.

Vous allez vous marier? —pregunta el dependiente al ver las muestras de recuerdos de boda que dejo sobre el mostrador mientras busco mi cartera.

No puedo culparlo por asumir que voy a casarme, traigo el bolso lleno de muestras de invitaciones y menús de boda, y estoy comprando una prueba de embarazo. Sería lo más lógico, pero no…

Oh, no, monsieur… Je suis wedding planner. Wedding planner —digo señalándome con una mano mientras la otra aún rebusca en el bolso.

En mi mano no hay un anillo de compromiso, así que no, no estoy por casarme… aún.

Tal vez Ryan cambie esa situación pronto, en especial si mis sospechas son ciertas y en mi vientre llevo a nuestro pequeño milagro.

Ayer creí que Ryan iba a pedirme matrimonio. Pasamos horas en vela abrazados, mirando la noche parisina desde su ventana mientras él susurraba a mi oído las cosas más hermosas que jamás me ha dicho un hombre, diciendo que es la primera vez que se siente así por una mujer, que jamás ha conocido a alguien como yo… Estaba segura de que en cualquier momento sacaría un anillo y me pediría ser la señora de Ryan Bolton, pero al final no pasó. Aun así, fue una velada que nunca olvidaré y nos quedan muchas veladas por delante a los dos… corrijo, posiblemente a los tres.

Al fin doy con la cartera, pago la prueba, regreso mis pertenencias al bolso y salgo de la farmacia.

Camino a mi apartamento con el corazón en la garganta, nerviosa y a la vez entusiasmada.

Siempre asumí que algún día iba a ser madre, pero no esperaba que fuera en este momento. Tengo 28 años, tampoco es como que soy demasiado joven para ser mamá y vaya que amo locamente a Ryan, aun si apenas tenemos cinco meses de conocernos.

La nuestra es una de esas relaciones de “Te he esperado toda mi vida”. Ryan es mi persona, lo siento en cada poro del cuerpo y en las mariposas llenas de electricidad que me revolotean por todas partes cada que él me besa.

Un bebé va a sacudir nuestra incipiente relación, pero no me cabe duda de que estaremos bien.

Desde el día en que él entró a la cafetería y se invitó a mi mesa, hemos sido inseparables. Estoy loca por él y él por mí.

Ryan trabaja para una multinacional australiana, lo trasladaron a París para encargarse de una fusión comercial. Llegó poco antes que yo a la ciudad, como si estuviéramos destinados a encontrarnos.

No sé mucho de su trabajo, pero, por lo que entiendo, es bueno en lo que hace. No obstante, su sueño es comprar un rancho a las afueras de Sydney y llevar una vida tranquila.

Me pregunto cómo me irá viviendo en un rancho… Es decir, porque asumo que Ryan me añadirá a su proyecto de vida… a mí y al pequeño acontecimiento que crece en mi interior (posiblemente, aún falta confirmarlo).

Antes de bajar a la estación de metro, saco mi teléfono de mi bolso. Ryan no ha contestado el mensaje que le envíe en la mañana. Sé que está trabajando, pero es extraño no tener respuesta de él; Ryan normalmente contesta los mensajes y las llamadas tan pronto los recibe, sin importar qué tan atareado esté su día en la oficina. Son de las cosas que más me gustan de él… bueno, además de que es imposiblemente apuesto, culto, carismático y ¿debo añadir alto o eso ya lo mencioné?

Le envío otro mensaje. No suelo ser insistente y sé que nos veremos esta noche para cenar, pero hoy me siento un tanto ansiosa y vulnerable… No es mi culpa, es la prueba de embarazo que llevo en el bolso.

Devuelvo el teléfono a su sitio. Este vibra mientras bajo las escaleras de la estación. Sonrío de oreja a oreja. Ryan al fin contestó.

Dejo caer los hombros cuando veo el nombre en la pantalla.

RAFAELA: ¿Cómo va la vida parisina, mi Daria? Te extraño.

En cualquier otro momento me habría encantado recibir un mensaje de mi tía, pero justo ahora tengo otras prioridades. ¿Por qué Ryan no contesta? Más le vale tener una excelente excusa, como que tuvieron una crisis corporativa de dimensiones titánicas, me refiero a la súbita renuncia del CEO o algo por el estilo, solo eso justificaría su prolongado silencio.




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