Gordon nos espera en la entrada del resort. Parece una caricatura con su traje de lino azul cielo, gafas demasiado pequeñas para su cabeza y su cráneo carente de cabello enrojecido por el sol y cubierto de gotitas de sudor.
—Señorita Heidi, bienvenida a Le Château. Yo soy Gordon Miller, un placer conocerla en persona. Espero que haya tenido un buen vuelo.
Gordon camina a la par de Heidi hacia el interior del edificio principal del resort. Toda su atención está en ella, no obstante, muy discretamente estira su mano para darle un cariñoso apretón a mi brazo a modo de saludo.
Gordon es un muy buen jefe, aun si a veces me gustaría que fuera más firme, en especial respecto al asunto de Audrey.
Como la villana ambiciosa que es, Audrey nos espera al centro de la recepción. Lleva un ajustado vestido negro y tacones de aguja.
—Señorita Lindemann, bienvenida —aborda a Heidi con su largo brazo estirado hacia ella—. Mi nombre es Audrey Williams, soy la coordinadora de bodas de Le Château.
Está decidido. Voy a estrangularla a la primera oportunidad que tenga.
Heidi se sobresalta por la introducción y, en lugar de tomar la mano que Audrey le ofrece, nos mira a mí y a Gordon con expresión interrogante.
—Creí que Daria era la coordinadora de bodas, ¿qué está pasando aquí? —pregunta disgustada.
Llevo mis ojos a Gordon. Él me ha pedido repetidas veces que no me enganche con Audrey y que deje que él se encargue de manejarla, así que eso haré, este desastre es suyo.
—Sí, Daria es nuestra coordinadora principal. La wedding planner maestra, por así decirlo —explica él con una risita nerviosa—. Audrey se unió recientemente a nuestro equipo de organización de eventos. La boda Thornhill-Lindemann contará con el apoyo de dos talentosas coordinadoras.
No es exactamente lo que me gustaría, pero al menos aún se me sigue reconociendo como la wedding planner principal, que ya es algo.
—Yo le brindaré el toque de estilo y elegancia que su boda necesita. Sus invitados quedarán encantados, se lo garantizo. Recordarán este enlace como el mejor al que han asistido —dice Audrey dándose aires de realeza neoyorquina.
Heidi parece picada por la curiosidad, Audrey tiene su atención ahora. Lo cual, por supuesto, son malas noticias para mí.
—¿Cómo harás eso? —inquiere.
—Mi método es infalible, yo me enfoco en conocer a los invitados y sus necesidades. Por ejemplo, si…
—¡De ninguna manera! —el súbito cambio en el semblante de Heidi nos hace pegar un brinco a los tres—. No hay razón para investigar a mis invitados. Es una violación a su privacidad. Si eso pretenden, será mejor cancelar la boda.
—Jamás haríamos eso —intervengo dando un paso al frente para quedar entre ellas—. Audrey se refería a conocer su edad y sus preferencias. Como sentar a la gente mayor lejos de las bocinas o a los jóvenes cerca de la pista de baile… En ningún momento se busca vulnerar su privacidad. Pero, por supuesto, nosotros haremos lo que tú nos indiques.
Mi explicación aplaca el exabrupto de Heidi. Sus hombros se relajan, aunque su semblante no del todo.
—Quiero que dejen a mis invitados en paz —dice atravesando a Audrey con sus ojos azules.
Contengo la sonrisilla que quiere curvar mis labios. Heidi me cae mejor cuando no soy yo el blanco de sus miradas asesinas.
—Sí, claro, lo que usted prefiera, señorita —dice Gordon, acomedido—. Estamos para hacerla feliz.
—Tal vez quiera darle echarle un vistazo a las sugerencias que preparé —interviene Audrey tendiéndole la carpeta que trae en manos a Heidi. No va a dejar que este pequeño tropiezo la desanime, está determinada a desplazarme—. Es la temática que visualizo para su boda de acuerdo a las últimas tendencias de Nueva York, de donde soy oriunda. Allá se maneja la elegancia y el estilo.
Audrey me echa una sucia mirada al decir esto último. De acuerdo a su limitada visión del mundo, ella es la única que sabe de refinamiento por haber crecido en el Upper East Side; mientras que yo, por ser brasileña, solo sé de carnavales y samba.
Heidi apenas le echa un vistazo a la carpeta.
—¿Qué te parece si te damos un recorrido por las instalaciones para que te mostremos las medidas de seguridad de Le Château? —sugiero en tono de complicidad.
Gordon y Audrey me miran con cara de que perdí la cabeza; con todo lo que hay que hacer para sacar la boda en una semana, ¿por qué perderíamos tiempo en un recorrido para ver la seguridad del resort? Sin embargo, no es la reacción de ellos la que me interesa.
—¡Excelente, Daria! Me leíste la mente —exclama Heidi—. Empecemos, quiero dejar ese asunto claro antes de tratar cualquier otra cuestión.
Gordon, astuto como es, se pone en acción de inmediato.
—Por supuesto, contamos con un grupo de vigilancia muy capacitado, ellos pueden coordinarse con su equipo de seguridad. Venga por acá…
Heidi le devuelve la carpeta a Audrey como si esta estuviera cubierta en basura y se echa a andar tras Gordon.
Me sentiría mal por ella, de no ser porque armó el plan de boda con la expresa intención de hacerme ver mal.