Voy a mi cabaña y me cambio la ropa estropeada por un conjunto azul cielo y unos tacones beige.
Las manos me tiemblan mientras me visto y arreglo mi peinado. Mentalmente, me voy convenciendo de que imaginé todo y que debo tranquilizarme antes de volver a encontrarme con los novios. Jasper Thornhill no es Ryan. Tal vez se da un aire con él; corrijo, definitivamente se da un aire con él, pero de ninguna manera es el sinvergüenza que me abandonó hace cuatro años.
Salgo de la cabaña y me dirijo al jardín de los banquetes. Voy prácticamente a zancadas.
Gordon está frente al florido túnel de acceso que lleva al impresionante parterre donde celebramos los banquetes.
—Los novios están adentro. Les di unos minutos a solas para que apreciaran el lugar con calma —me dice en voz baja—. Les expliqué que tuviste una descompensación por el viaje de ayer, pero que ya estás mejor. Ellos se mostraron satisfechos con la explicación.
—Gracias, ¿y Audrey? —pregunto al tiempo que estiro la falda de mi conjunto.
—La envié a contar cuántas sillas estilo Tiffany nos quedan en bodega.
—¿Por qué? Podemos simplemente revisar el inventario —cuestiono con una ceja enarcada.
La boca de Gordon se tuerce en una sonrisilla maliciosa.
—Lo sé… ella no —dice apenas conteniendo la risa.
Suelto una mezcla entre un suspiro de alivio y una risa de complicidad. Lo hizo para quitármela de encima. A Audrey le va a tomar horas hacer el conteo.
Gordon no puede pedirle a la sobrina del dueño que se marche del resort, pero puede enterrarla en tareas inútiles para quitármela de encima.
—¿Te he dicho que eres el mejor?
—Sí, pero nunca está de más repetirlo —dice Gordon frotando sus nudillos sobre su saco color crema—. Ahora apresúrate, los novios te están esperando.
Camino al interior del jardín por el túnel de flores de unos tres metros de largo. Cuando estoy por llegar al extremo opuesto, escucho la voz de Heidi.
—Pero la americana no me simpatiza, hay algo en ella que encuentro irritante. Daria lo hará muy bien. La pude conocer durante el vuelo, es una profesional. Ha hecho bodas importantes y entiende lo que busco.
Me detengo en seco. A decir por sus voces, calculo que están a unos cuantos pasos de la salida del túnel, aunque para verlos tendría que revelar mi propia posición.
—¿Profesional? El lamentable espectáculo que dio en el restaurante no me pareció profesional —refuta el señor Thornhill.
Su voz me debilita las rodillas. Su timbre es idéntico al de Ryan. Con razón me conmocioné cuando me lo presentaron. Es una voz que no creí volver a escuchar en mi vida.
—Démosle una oportunidad, Schatzi, por favor. Quiero que nuestra boda salga lo mejor posible y Daria cuenta con excelentes referencias.
—Heidi, no creo que sea buena idea que ella nos lleve la boda. Es más, hasta dudo que este lugar nos convenga para casarnos. Ahora que estoy aquí, no parece la gran cosa. Será mejor que busquemos otro sitio.
—¡Ni lo sueñes, Jasper Thornhill! La boda sucederá este fin de semana, no permitiré que te eches para atrás —le advierte Heidi.
—No me estoy echando para atrás, es sólo que…
—Tú fuiste el que eligió el lugar, afirmaste que era seguro y aislado como lo necesitábamos.
—Lo sé, pero ahora que lo veo en persona no estoy convencido.
Mi boca forma una O indignada. Si Thornhill persuade a Heidi de cancelar la boda y buscar otro venue, Gordon perderá la comisión y yo mi trabajo. Los dueños del resort asumirán que es mi culpa y aprovecharán para remplazarme con Audrey.
Hay demasiado en juego en esta boda, no puedo permitir que se cancele. Además, Thornhill ni siquiera tiene un motivo válido, ¿Le Château no parece la gran cosa? Debe haber perdido la cabeza, a menos de que su razón sea otra… Yo tampoco querría a mi ex despechada de wedding planner.
—Nada de eso. Ya le avisé a mi familia de la boda. No permitiré que lo arruines en el último momento —dice Heidi con molestia creciente.
—¿Entonces vendrá toda tu familia? —pregunta Thornhill dándole una entonación especial a la palabra toda.
—Posiblemente… —dice Heidi de modo evasivo.
—Bien, sigamos adelante, pero al menos compláceme cambiando de wedding planner.
—Compláceme tú dándole una oportunidad a Daria. La viste tres segundos, yo he estado con ella horas escuchando sus fantásticas ideas para el casamiento. Tenemos que planear en una semana lo que a las demás parejas les toma un año, necesitamos a la mejor y Daria es la mejor en esta isla.
—Heidi, por favor, cambia a la mujer. No me interpondré en la clase de flores que elijas, la música o la iluminación, pero, por favor, dame gusto en esto.
La insistencia de Thornhill reafirma mis sospechas. El corazón se me vuelve a acelerar. El cuerpo se me llena de escalofríos.
Ryan. Tiene que ser Ryan.
Solo hay un modo de tener la certeza. Ryan tenía una pequeña cicatriz en su nuca, justo debajo del nacimiento de su cabello de un accidente que tuvo cuando niño en una de las tantas casas de acogida por las que pasó. Uno puede ser parecido, tener el mismo color de ojos e incluso el mismo timbre de voz, pero no se pueden replicar las cicatrices. Si Jasper Thornhill tiene esa misma marca, significa que estoy ante el canalla que me abandonó sin decir adiós.