Hoy no toca clases con el guapote, así que estoy junto a Vanesa y Esteban aguardando a Marcos. Mi vecino trajo su auto, pero como buen amigo que es, espera a que lleguen por nosotras. Mi hermana comenta su día con alegría, pero en un momento se queda callada, mirando a su mejor amiga. Tanto Esteban como yo volteamos hacia donde está dirigida la vista de Vanesa, y vemos que un chico guapísimo está haciéndole plática a la loca. Tengo que admitir que el tipo está como quiere.
No obstante, noto que Esteban frunce el ceño y se dirige hacia allá sin pensarlo.
—¡Esteban, para! —Trato de detenerlo, pero no me hace caso.
Mi hermana ve con preocupación la escena. Desde donde estamos podemos notar que hay una rivalidad entre ellos, como si pelearan por la atención de Helena… Tiene pegue la desgraciada. Sin embargo, el enfrentamiento no llega a más, pues Antonio llega a salvar el día.
Una vez que los mellizos se van, Esteban le dirige al chico una mirada llena de desdén y se dirige de nuevo hacia nosotras.
—Esteban…
—No digas nada —murmura.
Pamela sale del edificio en ese momento y se acerca a nosotros.
—¡Hola! —Sonríe. En seguida se dirige a mi vecino—. Veo que conociste a Sebastián. —Señala al moreno—. Me alegra mucho porque él es el chico que hará la fiesta —dice con alegría.
—¿Él es el que hará la fiesta? —Pregunta, más para sí mismo que para ella.
—¡Sí! —Exclama.
—Pues no iré —dice tajante. La rubia pone una expresión de preocupación y desconcierto.
Vanesa se aleja un poco para no opinar nada.
—¿Qué? ¿Por qué? —Pregunta, acomodando sus lentes.
—Porque no.
No quiere dar explicaciones pero Pamela las merece, se ha portado muy bien con nosotros.
—Pame, lo que pasa es que no se llevan bien —comento.
—No sabía —murmura—. Pero él es un gran chico, si le das una oportunidad, de seguro terminarán siendo muy buenos amigos.
—No lo creo —masculla.
Pamela muestra una expresión de tristeza.
—Esteban —toma su mano—, ve aunque sea un rato, por fa…
Él suspira.
—Pamela, no es nada en contra de ti, en serio, pero no creo que él me quiera recibir en su casa.
—Yo me encargo de que no sea así. —Lo ve con ojos de perrito triste—. Por favor, ve, hazlo por mí.
—Está bien, está bien —dice luego de unos segundos—. Iré un rato.
—¡Genial! ¡Verás que te divertirás mucho, yo me encargaré de eso!
Esteban le sonríe y noto que Pamela se ruboriza ligeramente.
—Sale, te creo.
—Sí… Bueno, los veo después —dice la rubia. Se despide de beso de ambos y se aleja con paso rápido.
Una vez que desaparece de nuestras vistas, volteo hacia mi amigo.
—No sé por qué sigues queriendo forzar las cosas con Helena cuando tienes una chica como Pamela —comento. Él me ve con fijeza—. ¿Te gusta?
—Es linda —murmura—. Pero aún siento cosas muy fuertes por Helena. No puedes olvidar a alguien tan rápido.
—Y menos si no quieres hacerlo.
Ante mi respuesta, se queda pensativo. Ya no digo nada, no quiero sacarlo de sus cavilaciones. Estamos de esta manera un rato, como pendejos, viendo hacia la nada, hasta que voltea a verme y sonríe, señalando hacia enfrente.
—Ya llegó Marcos… Me lo saludas.
—Te veo mañana, tonto.
—Ahí nos vemos, mensa.
***
Al llegar a casa, Vanesa y yo dejamos nuestros bolsos en las recámaras y bajamos a la cocina. Tiene mucho tiempo que no comemos juntas, pues últimamente las comidas en familia se posponen para la cena por el trabajo de papá. De igual forma, cuando yo estoy en casa, ella está con los gemelos, y cuando ella está aquí, yo estoy en las clases de matemáticas. Aunque compartir tiempo en la mesa es una acción insignificante, me gusta estar con ella.
—Vanesa —digo después de pasarme un bocado—, ¿el sábado irás a la fiesta de tu compañero?
—¿Tú y tus amigos irán?
—Sí, Pamela nos invitó.
—Genial, pero prefiero estudiar —comenta. Entrecierro los ojos, sé que no es el único motivo.
—¿Es por Helena?
—¿Eh?
—Vamos, es obvio que tu amiga no se lleva con Pamela ni con nadie.
—Es cierto, pero eso no influye en mi decisión.
—Mmm… —Me meto otro bocado a la boca—. No me gusta mucho que Helena sea tu amiga —comento. Vanesa deja de comer y me ve dubitativa.
—¿Por?
—Tú antes tenías muchos amigos y yo no, parece que los papeles han cambiado. Llevarte únicamente con esa chica hace que tus compañeros no te integren a sus grupos, tú misma te excluyes, incluso Pamela me lo ha comentado —explico. Está bien elegir a un buen amigo que intentar encajar, pero Helena simplemente no me agrada, preferiría mil veces que se llevara con chicas agradables como Pamela, o Alicia.