El sábado, Pamela nos invita a mí y a Alicia a su casa antes de la fiesta para arreglarnos juntas y de ahí dirigirnos a nuestro destino. Ambas aceptamos; llego a casa de la rubia a las seis en punto. Me recibe su madre, una mujer de cabello rubio, cordial y risueña, con ligeras arrugas en los ojos que le han salido por sonreír mucho en el transcurso de su vida. Después de saludarnos, me dice que suba al cuarto de mi amiga.
—Pamela está en su habitación —dice con amabilidad—. Está subiendo las escaleras, a la izquierda —indica.
—Gracias.
Sin hacerme del rogar, subo con velocidad. Llevo mi vestido protegido dentro de un forro y me lo pongo en el hombro mientras camino por las escaleras. La casa de Pamela es sencilla y no es tan grande como las mansiones a las cuales estoy acostumbrada a visitar, me gusta. Al llegar a la puerta correspondiente, toco.
—Pasa. —Escucho la voz de mi amiga.
Entro y la veo fijamente. Lleva puesto un vestido rojo con una abertura en la pierna, tiene un escote pronunciado y resalta su trasero. Su cabello rubio, que casi siempre amarra en una coleta alta, está suelto y le cae como cascada, y su maquillaje es perfecto. Cómo la envidio a la cabrona —de buena manera.
—Vaya, Pamela, te ves muy bien —comento, dejando el vestido que me pondré en la cama de mi amiga.
—Gracias. —Se coloca los lentes.
—Ey, ey, ¿en serio vas a llevar esas gafas? ¿No tienes lentillas?
—No me gustan —acepta—. Una vez intenté ponerme y no aguanté.
—Oh, bueno, igual te ves linda. Se nota que quieres dejar a Esteban babeando —comento con burla. Ella baja la mirada.
—¿Soy tan obvia?
—Sí —acepto.
—Mmm… Pero yo no le gusto —dice con tono triste.
—No le eres tan indiferente —comento, haciendo que sus ojos brillen con esperanza—. Pero… —La bajo un poco de su nube. Traga saliva, en espera de lo que le voy a decir—. Aún no olvida a la loca.
—Oh, ya —dice con melancolía—. Joder, y pensar que le hablo por ella —murmura.
Espera, ¿qué? ¡Eso sí no lo sabía!
—¿Qué?
—Oh, nada —dice con rapidez.
—¡Ahora me cuentas! —Le exijo.
—No, no es nada.
—¡Pamela! O me cuentas o le digo a Esteban que lo amas.
—¡Dile! —Exclama con supuesta indiferencia.
—¡Y le digo eso que dijiste!
—No dije nada.
—Dijiste que le hablas por la loca, ¿cómo está eso?
La rubia baja la mirada.
—Es que… Si te cuento te vas a molestar conmigo. —Acepta en voz baja—. Vas a decir que me lo merezco… Creo que es el karma. —Pone una mano en su frente.
—Tú dime, no te juzgaré, lo prometo.
Pamela suspira.
—Está bien. Lo que pasa es que empecé a hablarle a Esteban cuando me enteré de que era «novio» de Helena y ella le dijo imbécil porque no quería que nadie se enterara.
—Aaaah… ¿Apoco fue ella la de «enfrente de todos no, imbécil»?
—Sí —dice con molestia.
—¿Y se lo dijo a Esteban?
—Ajá. —Alza una ceja.
—¿Y aún así él la siguió buscando?
—Pues… Sí.
—De veras que está pendejo —comento, recordando la vez que le regaló los chocolates a Omar y tiró el osito de felpa a la basura. Pamela suelta una risita—. Pero yo más porque no me di cuenta que esa frase era para él… ¿En qué estábamos?
—En que empecé a hablarle a Esteban para fastidiar a Helena.
—¡Aaaah! —Exclamo—. ¿O sea que querías seducir a Esteban para quitárselo a Helena? ¡Qué perra mi amiga!
—¡Nooo! —Exclama con velocidad—. Lo único que quería era volverme su amiga. Y ya cuando estuviéramos más en confianza, decirle que Helena es un perra…
—Tiene sentido —la interrumpo. Es obvio que lo hizo para fastidiar, pero no la contradigo… Me cae bien.
—Pero el punto es que… Me gusta Esteban.
—Asco tus gustos, amiga.
—Vamos, no digas eso… Es guapo —añade con mirada soñadora.
—Está más guapo tu amigo.
—¿Sebastián? —Me ve y asiento con la cabeza—. Sí es guapo, pero es que Esteban es tan dulce y divertido, y…
—Bueno, ya entendí, te gusta mucho. —Ella asiente—. Y yo te voy a apoyar.
—¿Harías eso por mí? —Pregunta emocionada. Parece una niña pequeña.
—Claro.
Y bueno, obviamente quiero lo mejor para ambos, y se complementan muy bien, así que quítate, Cupido, que ahí te voy.
***
Minutos después de nuestra charla, llega Alicia. Aunque la rubia al principio no quiere, pues se muestra avergonzada, la convenzo de decirle a nuestra amiga acerca de sus gustos raros. Estoy segura de que ella también la apoyará.