Me levanto temprano para continuar con el trabajo de Historia, después de eso me pondré a estudiar un poco más para el examen. El día de ayer en la mañana Sebastián me mandó información de la Segunda Guerra Mundial cuando el profesor especificó que era acerca de la primera. De veras que es imbécil, si sigue así de seguro que lo saco del proyecto. Estoy tecleando en la computadora cuando alguien toca la puerta. No estoy acostumbrada a que entren a mi habitación, los domingos suelo encerrarme en mi cuarto y solo salgo para dirigirme a la cocina o al baño principal, ya que me gusta más que el que tengo en mi habitación.
—Pasen —digo en voz alta. Me sorprendo al voltear y ver que Antonio se encuentra ahí—. ¿Qué pasa?
—Necesito un consejo.
Alzo una ceja, soy la última persona a la cual le pide consejos. Antes está papá, mamá o incluso Juanita.
—¿De qué? —Alzo una ceja. Quiero que se apresure, me está haciendo perder el tiempo. Se da cuenta de lo que provoca, así que bufa.
—No, nada. —Se da la media vuelta.
—¡Antonio! —Lo detengo. Él voltea hacia mí—. Dime.
—Está bien —acepta. Se sienta en mi cama—. Como ya sabrás, me gusta Vanesa. —Suelta. Al menos va al grano. Lo veo con interés.
—¿Y?
—Quiero pedirle que sea mi novia pero no sé cómo.
—No lo hagas…
Él frunce el ceño.
—¿Por? ¿Lo dices porque crees que, de ser así, ya no pasará tanto tiempo contigo…? —Me ve con fijeza—. ¿Por qué eres tan egoísta?
Chasqueo la lengua antes de responder.
—Mira, me interrumpiste, te decía que no lo hagas hasta que estés seguro de que tú también le gustas, si no, es probable que te rechacen.
—¿Y cómo sé si le gusto o no? —Me ve con curiosidad.
—No sé, cada chica es diferente —Me limito a contestar.
—Mmm… No me estás ayudando mucho.
—Uy, qué mal —digo con sarcasmo.
—¿Podrías preguntarle a Vanesa si le gusto? —Dice luego de unos segundos de silencio.
La idea de que mi hermano y mi mejor amiga se vuelvan novios no es de mi agrado, pero siento que se lo debo.
—Está bien. —Acepto, aunque no especifico cuándo lo haré.
—Gracias —me dice. Se levanta de mi cama y se despide.
—Sí, cierra la puerta al salir.
***
El lunes, minutos antes de que inicien las clases, Sebastián entra al salón y camina hacia mi banca.
—Hola, bonita.
Alzo una ceja con molestia.
—Sebastián, el viernes me mandaste información de la Segunda Guerra Mundial.
—Estuvo bien, ¿no?
—No —digo con rapidez—. El tema es la Primera Guerra Mundial. Además solo copiaste y pegaste la información —me quejo.
—Aaah…
—Te voy a sacar del trabajo — advierto. Él se encoge de hombros.
En ese momento entra Pamela al salón. Se ve muy mal; sus ojos se ven un poco hinchados y tiene unas ojeras que ni siquiera se molesta en maquillar. Su mirada se centra en mí, pero en seguida rueda los ojos con desagrado.
—¡Pamela! —Sebastián se acerca a ella—. Te fuiste de la fiesta muy pronto, ya ni te despediste…
—Me sentí mal —lo interrumpe.
—Oh, bueno, eso explica por qué te ves fatal. —No tiene tacto al decir las cosas y el hecho de que le dijera eso a la rubia me divierte un poco.
—Cállate —dice, yendo hacia su banca. Se sienta y pone las manos en su frente. Sebastián la sigue.
—¿Todavía te sientes mal? —Pregunta con preocupación.
—Un poco. Lo peor es que no estudié nada.
—Ey, no te desanimes, yo tampoco. Valdremos juntos. —Ella le sonríe un poco y chocan los cinco.
Típico, estudiantes así no valen la pena, no sé por qué sus padres se empeñan en gastar dinero en ellos.
Vanesa entra al salón. Se le hizo tarde.
—Buenos días —saluda a todos. En seguida se sienta junto a mí—. Hola, Helena.
No puedo responder, ya que en ese instante entra el profesor. Quiero contarle la decisión que tomé con respecto a Esteban pero tengo que esperar hasta el receso. Cuando llega la hora deseada, le digo a Antonio que Vanesa y yo tenemos que hablar de algo. Mi hermano cree que le preguntaré acerca de él, así que no me reclama.
—Helena, ¿no fuiste un poco dura? —Me pregunta.
—Tal vez, pero era la única manera de alejarlo.
—¿Estás segura de que lo quieres lejos de tu vida?
Me quedo pensando. Esteban, en su momento, me dio mucha felicidad, pero también mucha tristeza y decepción cuando hizo esos comentarios ofensivos hacia mí.
—Sí —respondo finalmente. Es hora de voltear la página y seguir adelante.
—Oh… Bueno, es tu decisión.