La semana de exámenes pasa y vuelvo a relajarme como antes. Mis calificaciones fueron malas pero prometo que en el próximo parcial le echaré ganas, aunque siempre digo eso y me va peor.
El ambiente entre mi grupo de amigos vuelve a sentirse relajado. Pamela vuelve a sentarse con nosotros en algunos recesos pero también procura pasar más tiempo con sus otras amigas. Al principio las cosas estuvieron tensas, pero luego de unos días, todo se normalizó.
El sábado temprano, Esteban me manda un mensaje.
Mi amigo idiotita: ¿Tienes planes para hoy?
Yo: La verdad no, ¿por?
Mi amigo idiotita: Voy al parque, ¿quieres venir?
No tengo nada mejor que hacer, así que acepto. Ya tiene mucho que no voy a un parque, cuando era niña me encantaba ir con Vanesa para alimentar a las palomas, pero dejamos de hacerlo cuando crecimos.
Esteban pasa por mí y nos vamos en su auto. Se estaciona unas cuadras antes de llegar a nuestro destino porque supone que, por la hora y el día, ya no hay espacios disponibles más adelante. Es fin de semana, así que los padres llevan a sus hijos pequeños a juguetear por ahí.
Bajamos del vehículo y caminamos hasta el parque. Una vez allí, tomamos asiento en una banca desocupada. Esteban dirige su mirada hacia la copa de los árboles. Admito que están bien cuidados, su follaje es abundante y algunos hasta tienen frutos.
—¿Qué ves? —Alzo una ceja.
—Las aves —dice—. Si miras con atención, podrás notarlas.
Veo hacia arriba y entrecierro los ojos. El sol todavía no está en su apogeo, pero me molesta un poco.
—¿Te gustan las aves? —Hay alguna que otra ave bonita aunque la mayoría son pichones.
—Me encantan.
—Mmm, cierto, que te diste en la madre por salvar un avecilla que cayó de su nido.
Él ríe un poco y se soba el cuello.
—Son hermosas —comenta luego de unos segundos de silencio.
—¿Tienes alguna de mascota?
—No. Me gusta verlas libres. Las aves no son para estar encerradas sino para volar por donde les plazca.
—Tienes razón.
Después de unos minutos de mirar aves sin decir absolutamente nada, comienzo a aburrirme. Volteo hacia mi acompañante, que las ve con fascinación.
—¿No te aburres de estar aquí?
—No, es mi lugar favorito… —comenta. En seguida me ve con fijeza—. No te había traído antes porque tenía la impresión de que no te gustaría mucho, y veo que no me equivoqué —ríe un poco.
—No es eso, me gusta —miento—, es solo que, ya sabes, soy más alocada.
—Ahorita vamos a un lugar más divertido.
—No te molestes —comento—. ¿Por qué es tu lugar favorito?
—De niño mi abuelita me traía aquí a alimentar a las palomas.
—¡A mí también me gustaba alimentarlas con Vanesa…! —Lo interrumpo—. En la otra ciudad donde vivía, mi madre nos llevaba a un enorme parque donde había muchas… Después de que comían, las correteaba, pero Vanesa siempre me detenía —río. Eran buenos tiempos.
—Genial. —En seguida muestra una expresión melancólica.
—Ey, ¿por qué esa cara?
—Extraño a mi abuelita —comenta—. Era la única que me entendía cuando era niño.
—Oh… Yo también extraño a la mía.
—¿Murió? —Me ve con pena.
—No. —Niego con la cabeza—. Vive lejos.
—Al menos puedes visitarla —sonríe con tristeza—. Yo ya no.
Nos quedamos en silencio unos segundos.
—Lo siento.
—No te preocupes.
—¿Y a tus papás no les gusta venir contigo?
Mi amigo bufa.
—Mis padres apenas notan que existo —masculla.
Auch… Yo tampoco paso mucho tiempo con mis papás, pero sé que, si llego a necesitar algo, están para mí. Las veces que estamos juntos son geniales, con las ocurrencias de mi madre y la actitud de mi padre.
Miramos las aves otro rato, hasta que Esteban se levanta de la banca.
—Suficiente con las aves, vamos al cine, ya tiene mucho que no veo a mi amiga Felicia —comenta, poniendo ambas manos en su nuca.
—Sí es cierto, de seguro que te extraña mucho —digo sarcástica.
—No creo que tanto, la otra vez me la encontré en el café, estaba con un chico. Creo que es su novio.
—¿Te saludó?
—Me acerqué a saludarla y fue muy amable.
—¿Su novio no se enojó?
—Para nada, se ve que es un chico genial.
—Ni modo, ya te la quitaron —bromeo. Él ríe.
—Es solo una amiga, nada más —afirma.
—Mmm… Tienes bastantes amigas —comento como si nada.
—Bueno, algo así.