El excéntrico Esteban

32. Evelyn

La siguiente semana, llego con sueño a la escuela. La noche anterior terminé de leer la historia del profesor y la alumna, así que vengo desvelada. Antes de entrar al salón, Pamela me intercepta en el pasillo.

—¡Evelyn! —Exclama, tomándome del brazo. Yo brinco del susto y lo nota.

—Ay, cabrona, no me agarres desprevenida —me quejo.

—Lo siento.

La miro con atención. Se ve radiante y feliz, acentuando aún más su belleza.

—¿Y a ti qué te pasó?

—¿A qué te refieres? —Pregunta confundida.

—Esa miradita que tienes… Me hace pensar que te besuqueaste con Esteban.

—¡No! —Exclama—. Pero salimos el sábado —admite.

—¿A dónde?

—Fuimos a un parque ecológico que está a las afueras de la ciudad. Hay muchas aves ahí.

—Genial, ¿y después fueron a coger? —Pregunto para avergonzarla, cosa que no funciona.

—¡Evelyn! —Finge escandalizarse—. No, solo nos dimos la mano… Aunque admito que no me molestaría coger con Esteban. —Añade a modo de broma.

Estoy a punto de echarme a reír pero me quedo de piedra al notar que Esteban, que está lo suficientemente cerca para escucharnos, nos ve con impresión. En serio que no lo vi acercarse. La rubia, que nota mi expresión, pone una cara preocupada.

—¿Está atrás de mí? —Susurra.

Asiento con la cabeza. Mi amiga, para asegurarse que no es una mala broma, voltea hacia atrás y ve a Esteban, que sigue estupefacto y ligeramente ruborizado. Noto que la rubia respira profundo y sonríe forzada.

—Se me hace tarde para ir a clases, adiós. —Se va con paso rápido.

Una vez que se aleja por completo, me suelto a las risas.

—¡Mierda, qué divertidos son ustedes! —Me carcajeo un rato. Esteban alza una ceja—. ¡En serio! Parece que de tanto juntarse conmigo hasta le pasé mi mala suerte.

Mi vecino ríe un poco.

—Fuertes declaraciones. —Se refiere a lo que dijo Pamela. Sin embargo, noto que también está divertido.

—Ustedes dos son muy lindos juntos.

—¿Eso crees?

—Pues sí —admito con obviedad.

Esteban sonríe pero no comenta nada al respecto. Chamaco puñetas, ¡di algo!

—Vamos a clases —dice. Me dan ganas de jalarle esas greñas despeinadas, ¿por qué no dice nada? Aunque lo más seguro es que piensa que, como Pamela es mi amiga, voy a ir de metiche a decirle lo que me cuente. Es verdad, así que no puedo reclamarle.

—Está bien, baboso.

—Ah —se hace el indignado—, ahora ya no soy tonto, ya me cambiaste el apodo.

—Sí —comento seca.

—Como quieras, zopenca.

Frunzo el ceño, ese sobrenombre no me gusta.

—¿Sabes qué? Regresemos a nuestros apodos anteriores, tonto.

—Concuerdo, mensa.



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En el texto hay: amigos, romance adolescente, amistad amor

Editado: 02.08.2026

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