Por primera vez en la vida no estoy contenta de que hayan iniciado las vacaciones. Esteban cumple su promesa de salir conmigo, pero la mayoría del tiempo está con Celeste, cosa que me hace sentir triste y patética.
Un día de esos, Esteban nos invita a todos para conocerla. No quiero, estoy nerviosa y preocupada. Él cree que si la conozco ya no tendré celos de ella, pero yo creo que será todo lo contrario.
Como son vacaciones, la feria llega a la ciudad y es justo a donde iremos. Me arreglo con esmero para verme guapa… Más guapa que Celeste. «Oh, cielos, debo de dejar de pensar esas cosas». Mi atuendo consta de unos jeans negros y una blusa azul rey, llevo tenis y amarro mi cabello en dos trenzas. No es la ropa más sexy pero se ve bien, es casual y sencilla.
Esteban pasa por mí. En el camino trato de concentrarme en la música para no preocuparme.
—Celeste te caerá bien —me asegura.
—Sí.
Me mira de reojo.
—Luces preciosa, como siempre.
Esta vez sus cumplidos no causan ningún efecto en mí, los nervios me carcomen.
—Gracias.
No dice nada más hasta que llegamos a nuestro destino. Me bajo sin esperar a que me abra la puerta, como acostumbra a hacer, y suspiro. Él se coloca a mi lado.
—¿Todo bien? —Me pregunta.
No, todo lo contrario.
—Sí. —Sonrío con exageración.
Él pone sus manos en mis hombros.
—Eres una luz en mi vida, Pamela —me asegura. Escuchar eso en el tono que me lo dice hace que mi corazón se derrita de ternura.
Compartimos un beso hasta una voz gruesa y ronca nos interrumpe.
—Vaya, vaya, Esteban.
Nos separamos y volteamos. Notamos que ya están todos nuestros amigos. Me doy cuenta de que Celeste también se encuentra ahí, de hecho ella fue la que nos interrumpió, ya que esa voz no provenía de ninguno de mis conocidos.
La miro con atención. Tiene el cabello corto pintado de arcoíris, un piercing en la ceja y otro en la nariz y un tatuaje en el brazo izquierdo. Su vestimenta también es peculiar, viste con una blusa de tirantes negra, un pantalón del mismo color y botas.
—Hola, chicos. —Esteban es el primero en saludar.
—Conque esta rubiecita es tu novia —dice Celeste, viéndome de arriba abajo. Me enoja oírla decir eso, ¿qué se cree?—. Felicidades, Lortia, mejoraste tus gustos. —Alza el pulgar—. Helena es muy malencarada, esta rubia está mejor.
Nuestros amigos abren la boca con impresión. Yo misma me quedo de piedra al oír el nombre de Helena. Miro a Esteban, que hace una mueca.
—Celeste… —La ve con una mirada que quiere decirle «ya cállate».
—Yo solo digo la verdad. —Se encoge de hombros.
Me hago la idea de que todo va a mejorar, pero empeora. Esteban al principio está conmigo, pero luego de un rato me cambia por Celeste. Conversan, ríen y van a los puestos de la feria para jugar juntos. Lo peor de todo es que mis otros amigos también parecen encantados con la amiga de mi novio. Me duele.
Suspiro muchas veces y trato de soportarlo, pero al final no puedo, me alejo del grupo y me dirijo hacia la calle para tomar un taxi. No creo que noten que no me encuentro con ellos.
Es lamentable que todos los taxis están ocupados. Me cruzo de brazos para esperar que pase otro pero una voz me hace voltear.
—¡Pamela! —Evelyn se dirige a mí con paso veloz. Se detiene enfrente de mí y comienza a respirar hondo para estabilizarse. La quiero mucho pero admito que no tiene buena condición física—. Noté que te alejaste y vine rápido, ¿todo está bien?
—Sí.
—Pamela. —Me mira seria.
—Bueno, me descubriste, ¡no! —Mis ojos comienzan a llenarse de lágrimas, pero me las limpio en seguida. Evelyn me ve con preocupación—. No puedo soportarlo más.
—Te refieres al hecho de que Esteban y Celeste estén juntos.
—¡Sí! —Exclamo—. De seguro ni ha notado que no estoy ahí, ¿cierto?
—Bueno, es que… —Balbucea—. Es que te acabas de ir y… —Su respuesta me lo dice todo.
—Genial, ya me voy. —Le hago la parada a un taxi que viene desocupado.
—Pero, Pamela, no puedes irte así, ¿qué van a decir nuestros amigos?
—Diles que me sentí mal.
—Pero…
—Evelyn, por favor. —La miro suplicante—. No quiero estar más aquí.
El taxi se estaciona a mi lado. Mi amiga asiente con la cabeza.
—Está bien, solo avísame en cuanto llegues a tu casa, ¿sí?
—Sí.
***
Llego a mi casa en unos quince minutos y le mando un mensaje a Evelyn avisándole que ya estoy ahí. Mis padres me preguntan por qué llegué tan temprano y les digo la misma excusa que pedí a Evelyn que les dijera a nuestros amigos.
Me pongo mi pijama y me encierro en mi habitación, lo único que quiero es dormir un rato, sin embargo no concilio el sueño, pues mi mente rememora una y otra vez lo sucedido. Cerca de veinte minutos después, mi madre toca la puerta de mi habitación.