Las clases terminan e inician las vacaciones. Genial, es verano pero quiero hibernar como un oso. En algunas ocasiones salgo con mis amigos, pero la mayoría del tiempo aprovecho para dormir hasta tarde, comer y ver televisión. ¡Esto es vida!
Una tarde, Vanesa entra a mi habitación sin tocar. No le reclamo, estamos acostumbradas a hacer eso desde niñas.
—¡Evelyn! —Exclama.
—¿Qué? —Estoy acostada, viendo una película y comiendo helado directo desde el envase.
—¡Eva me invitó a su cumpleaños y el de Erick! —Indica con emoción.
Ah, los Quintana, de seguro que mi padre se pondrá como loco al enterarse de esto.
—¿Qué día cumplen años?
—El veintiuno de junio, lo van a celebrar con una pequeña reunión, ¡y nos invitaron!
Estoy segura de que la invitaron a ella.
—De seguro que a mí no me invitaron.
—Claro que sí, le pregunté a Eva si podías ir y dijo que sí.
No salió de ella invitarme. Pero tampoco es que me caiga bien.
—No, mejor ve tú.
—¡Evelyn, por fa, ve! Ya le dije a Helena y me contestó que no puede, ¡pero tú sí tienes que ir!
Me ofende que le haya dicho primero a la perra loca.
—¿Por qué le dijiste primero a Helena?
—Ah, porque tenía mi celular en mano y le mandé mensaje —informa con obviedad—. Pero eso no importa, ¡vamos! —Insiste.
No tengo muchas ganas de ir pero me voy a encontrar a los papuchos de Víctor y Erick y es mejor deleitarse la mirada viendo chicos guapos en persona que en la televisión.
—Está bien, vamos —digo como si no tuviera remedio.
—¡Yupi!
***
El día del cumpleaños de los Quintana, bajo a la sala de estar para encontrarme a Vanesa, que me espera impaciente. Veo su atuendo y siento que voy en fachas en comparación de ella. Lleva puesto un vestido verde agua que le queda espectacular, zapatos de tacón y una bolsita blanca a juego. Yo llevo puesto un pantalón de mezclilla, tenis deportivos y una blusa negra. Creo que es el mismo atuendo que tenía puesto cuando los conocí, pero no me importa.
—¡Evelyn, vamos que se nos hace tarde!
—Ya voy —mascullo de mala gana. Me hubiera quedado viendo películas.
—Marcos nos está esperando.
Nos dirigimos a la salida pero antes de irnos, la voz de nuestra madre nos interrumpe.
—¿A dónde van mis bebitas tan guapas?
Volteamos y vemos que nuestro padre está con ella. Mamá parece feliz pero papá nos ve con seriedad, creo que presiente a dónde vamos.
—¡Evelyn, me alegra que salgas! —Exclama mi madre—. Te la pasas tanto tiempo ahí encerrada en tu habitación, ya hasta me estaba preocupando.
—Estoy bien, ma.
—¿A dónde van? —Pregunta papá.
Estoy a punto de inventar una excusa pero Vanesa se adelanta a responder.
—Vamos al cumpleaños de unos amigos —responde.
—¿Qué amigos?
—Sus nombres son Erick y Eva —dice.
Papá alza una ceja. Estoy casi segura de que ha oído el nombre de los hijos de Ernesto en algún lado y ahora tiene la sospecha de que son ellos.
—¿Erick y Eva qué?
Voy a decir el apellido de Tania, Tamez, porque no se me ocurre otro en este momento, pero Vanesa me gana en hablar.
—Quintana —dice con tono bajito. Genial, ni en una situación así puede decir una mentirita piadosa.
Mis padres abren los ojos con impresión.
—¿Qué? —Reclama papá—. Creo que no escuché bien.
—Quintana —repite con tono más alto.
Papá aprieta los puños y se pone rojo de la ira. Me da miedo que le dé algo por el coraje.
—¡¿Pero por qué?! ¿Cómo se atreven a ir a la casa de los hijos de mi enemigo? —Reclama con tono duro. Nunca lo vi tan molesto como ahora.
—Sergio, tranquilízate un poco —murmura mamá.
—¿Cómo quieres que me tranquilice cuando estas niñas quieren ir al cumpleaños de esos mocosos? ¡Ingratas! —Nos ve con reproche.
Volteo hacia Vanesa y me sorprendo de verla con una expresión llena de determinación; creí que estaría asustada, pero no.
—Ya quedamos de ir, no podemos cancelar el compromiso —dice Vanesa.
—¿Pero cómo es posible? ¿Qué hice mal? —Pregunta papá de manera dramática. Es todo un Drama King.
—Papá, no exageres —comento, pero me echa una mirada fúrica. Creo que mejor debí quedarme calladita.
—¡NO VAN A IR! —Exclama como punto final. Sin decir más, se da la media vuelta y se aleja de nosotras.
Vane le dirige a mi mamá una expresión de cachorrito triste.
—Mami —lloriquea—, ya había quedado de ir con mi amiga Eva, por favor, déjanos ir. —Junta sus manos en señal de súplica.