El factor 3-73

2

Se había ido.

Simplemente se fue. No hubo una señal de que eso iba a ocurrir, Clive no había notado en ella ningún malestar, ninguna incomodidad, en estos últimos días. Simplemente se fue.

- A la izquierda - dijo Temper -. Es el segundo edificio, frente al descampado. Consta de dos torres.

- Perfecto - dijo Clive, y condujo su auto hacia ese lugar, pasando por debajo de un puente de piedra y tomando luego un camino que alternaba grandes parcelas de tierra y sectores pavimentados.

Recorrió algunos metros y frenó. El edificio estaba constituido por 12 departamentos, 6 en cada torre, y entre ambas torres había una distancia de 9 metros aproximadamente. No pudo evitar concluir lo más obvio: el asesino saltó desde una de las ventanas de la primera torre hasta la que formaba parte del departamento de Soren. Pero la distancia le resultaba excesiva, y la otra posibilidad era que el asesino haya trepado por la superficie de la segunda torre, hasta el tercer piso.

Bajaron del vehículo. Caminaron sobre la tierra, pisando, muy de vez en cuando, alguna baldosa. Era un vecindario precario. Soren había optado por vivir allí para mantenerse lejos de sus compañeros de trabajo y del periodismo.

Temper fue directamente hacia la entrada principal de la primera torre. Subió las escaleras. En el primer piso lo recibió una mujer, a la cual saludó con su habitual formalidad, y ella lo invitó a ingresar. Clive miraba la escena desde lejos, como si fuera ajeno a ese hecho. Pero no lo era, así que también entró al departamento y se sentó, al igual que Temper, en una de las sillas de mimbre que había alrededor de la mesa del comedor.

- Como verá - dijo la mujer-, estos edificios ni siquiera tienen ascensor. Habían dicho que el asesino podía ser el administrador, porque había tenido un problema con ese hombre. Es ridículo. Simón no puede subir tantos tramos de escalera.

- También se habló de una antigua amante - dijo Temper.

- No - afirmó la mujer-. Yo lo vi, eso no era una amante. Pasó desde la ventana del tercer piso a la del tercer piso de la otra torre, y su cuerpo era verde.

- ¿Saltó desde esta torre a la otra? - preguntó Clive, ansioso por confirmar sus propias sospechas.

- No - dijo la mujer -, no saltó. Se estiró. Estiró los brazos, luego el cuello, y luego el tronco, hasta que pudo tomarse del borde de la otra ventana. Y entonces empezó a deslizarse hacia adentro, y ya no lo vi más. Casi una hora después escuché en la radio que había ocurrido un crimen en ese departamento, que la puerta principal estaba cerrada con llave y la llave en la cerradura, del lado de adentro, y que por lo tanto el asesino tuvo que haber ingresado desde afuera. Entonces pensé en esa imagen increíble, que yo había visto una hora antes, cuando regresaba del mercado.

- ¿Y no se le ocurrió denunciar eso que vio? - preguntó Clive - ¿No trató de averiguar siguiera qué acababa de ver?

- Temí que pensaran que estaba loca - dijo la mujer-, por eso guardé silencio, y hubiera seguido manteniendo esa postura si no fuera porque un hombre ha muerto. Seguramente incluso ustedes estén pensando eso, que estoy delirando.

- No - dijo Temper -, su testimonio coincide con el de uno de los testigos del accidente del tren. ¿Sabía que la víctima era un importante ingeniero espacial?

- No sabía casi nada de él - dijo ella-. Sólo lo saludaba, como a cualquier otro vecino, cada vez que lo veía en la calle. Entonces, dígame, ¿puede afirmar que lo que he visto fue real? Yo misma a veces no sé si lo vi o lo imaginé.

- Es muy probable que sea real - dijo Temper -. No puedo darle demasiada información, pero su testimonio es importante, y necesitaremos que colabore con nosotros. Sólo le diré que el tren no descarriló, ni chocó contra un automóvil, sino contra una nave que por algún motivo estaba volando casi al ras del suelo. Uno de los tripulantes de esa nave fue capturado por agentes del gobierno, pero es muy probable que haya habido otros en el interior del vehículo, los cuales deben andar sueltos por nuestro planeta, y con la intención de recuperar a su congénere, por lo que podrían estar vigilando y persiguiendo en secreto a varios miembros de las fuerzas aéreas vinculados principalmente a la exploración espacial. El ingeniero Soren era uno de ellos. Esa misma tarde venía del Departamento de Seguridad Espacial, el cual depende del Gobierno, y el cual estuvo involucrado en la captura del tripulante de la nave espacial. Seguramente lo vieron salir del Departamento, y lo siguieron hasta aquí. Esta mañana se ha reportado la desaparición de otro de los miembros de las fuerzas aéreas, y tememos que puedan sucederse nuevos incidentes de la misma índole. Es todo lo que puedo decirle. Espero que confíe en nosotros y decida ayudarnos.

La mujer sonrió, tímidamente. Temper se despidió y regresó, junto a Clive, al automóvil.

- Creo que habría sido mejor no decirle eso - comentó Clive.

- Se enterará de eso de cualquier forma - dijo Temper -. Saldrá en las noticias mañana mismo. Yo vi algunos periodistas merodeando por el Departamento, entrevistando a algunos ingenieros. Esos mismos periodistas que Soren trataba de evitar. Bien, no importa. Te llevaré a tu casa.

- No hay apuro - dijo Clive -. Comeré solo hoy. Leslie se ha ido.

- ¿Se pelearon? - preguntó Temper.

- No - dijo Clive -, en ningún momento. Simplemente se fue. Agarró todas sus cosas y se fue. Nunca me dio a conocer sus motivos.

- Presentadoras televisivas - dijo Temper-. Todas son así, medio locas. Creo que su profesión las desquicia. Ya volverá, y se disculpará. Tomemos algo juntos, entonces, si no quieres estar solo. Yo tampoco quiero estarlo. Todo este asunto me deprime un poco. Soren era un buen hombre, algo complicado, pero noble. Lamento profundamente lo que le ha ocurrido.




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