La hoja estaba aún sobre el escritorio, en blanco, junto al bolígrafo que Roggan había dejado de utilizar cuando la inesperada visita de Castle lo interrumpió.
Afuera, la tarde tenía un aspecto cansino y pesado, señal de que iba a desatarse una importante tormenta por la noche.
- ¿Estaba escribiendo? - le preguntó Castle, mientras se ubicaba en la silla tapizada del comedor.
- Trataba de hacerlo - respondió Roggan-, me ayuda a pensar. ¿Usted no ha estado tratando de pensar en estos últimos días, más de lo habitual?
- ¿Lo dice por este asunto? - preguntó Castle -. Claro, todo el mundo está hablando de eso. Ayer estuvo en el canal estatal ese Jeremy con el que usted se reunió. Mencionó una posibilidad: la nave no estaba aterrizando, y no iba a hacerlo. Realizaba un vuelo rasante, pero sus tripulantes no tenían la intención de permanecer mucho tiempo en nuestro planeta. Esa noche se detectaron dos naves en el radar del observatorio. Una, la que colisionó con el tren. Y la otra se encontraba lejos, bastante alejada del suelo, y del lugar del accidente, pero es probable que haya estado persiguiendo a la que finalmente se accidentó. Se trata del factor 3-73. ¿Sabe algo de eso?
- Creo que sí - respondió Roggan-, estuve en el Departamento, revisé el libro, me permitieron hacerlo; bajo vigilancia, claro, pero pude hojearlo.
- ¿Entonces? - preguntó Castle - ¿Qué opina?
- Que no haya nada en este planeta que les pueda interesar a esos seres- dijo Roggan-, nos permite descartar muchas hipótesis. Es un paso importante. Ellos no quieren estar aquí. Entonces no tiene ningún sentido tratar de echarlos. Tampoco combatirlos. No les interesamos. Sólo están tratando de llegar al que fue capturado. ¿Por qué no liberarlo entonces y que se vayan todos?
- ¿En qué se irían? - preguntó Castle-. Su nave está destruida, y no sabemos nada de esa tecnología, no podemos repararla. No sabemos tampoco de dónde vienen. No podemos devolverlos a su planeta en alguno de nuestros vehículos. Y tampoco va a resultar fácil que nos digan dónde está. Se trata de una forma de vida nunca antes conocida. Querrán estudiarlo, sin dudas, y eso va a llevar un buen tiempo. Pero, concretamente, ¿en qué consiste ese factor 3-73?
- La necesidad de permanecer provisoriamente en nuestro planeta- dijo Roggan-, por un tiempo muy breve, sólo para eludir un peligro. En las imágenes impresas del radar se ve claramente la diferencia entre ambas naves. Difícilmente ambas pertenezcan a una misma civilización, y las civilizaciones no suelen cooperar entre sí. Dos vehículos tan disímiles sólo pueden haber estado involucrados en una situación hostil. Uno habrá intentado atrapar o destruir al otro. Si ese tren no se hubiera cruzado en el camino de este otro, no hubiéramos sabido nada de esto. La nave habría seguido su camino hacia otro planeta, para no regresar jamás.
- Entiendo - dijo Castle-. ¿Vio la grabación de la cámara de seguridad del minimarket? A los niños les ha causado gracia, creen que es una especie de caricatura. La forma con la que movía su cuerpo, lo que hacía sobre ese letrero publicitario. Se ha convertido en una especie de héroe infantil. Hasta han hecho dibujos con su imagen en los colegios. Deberíamos advertir de su peligrosidad. Mucha gente no se está tomando en serio esto. Deberíamos avisar que nadie debe acercarse a ninguna de estas criaturas.
- No nos harían caso - dijo Roggan-. La gente hace lo que quiere. Las autoridades ya están muy desprestigiadas. Además, aún no es conveniente que se sepa lo de las muertes y desapariciones, y los cargos que ocupaban las víctimas. Eso, afortunadamente, aún no se ha dado a conocer en detalle.
Bajó la mirada. Contempló sus zapatos negros, los detalles de la alfombra roja. El próximo podría ser él, o el propio Castle. Ambos solían frecuentar el Departamento, y a veces estaban incluso obligados a hacerlo.
Se paró, fue hacia la vitrina. Agarró dos vasos de vidrio y una botella de coñac. Castle examinaba las paredes de la residencia con una mirada de hastío, una curiosidad casi impuesta por la misma necesidad de hacer algo mientras su interlocutor se sumergía en sus propios pensamientos, en preguntas que Castle no iba a conocer jamás. Pero no importaba demasiado. Dentro de esa mente no había repuestas, sólo dudas y preguntas al igual que en la mente de casi todas las personas que estaban atravesando esa singular etapa histórica.
No sabía medir la gravedad de las circunstancias. Hubo muertes, desapariciones, pero todo parecía indicar que se irían, que apenas pudieran hacerlo lo harían. Peor hubiera sido una invasión, y cualquiera de los otros factores registrados en aquel libro. Incluso dentro de la sección 3, bordeando el 3-73, había verdaderas aberraciones, posibilidades tan atroces como la de que los miembros de una raza desconocida vengan a la Tierra a buscar nuevos habitantes para su propio planeta en razón de alguna circunstancia demográfica desfavorable para ellos. Eso sería terrible, encontrarse en un mundo extraño, sirviendo a intereses desconocidos. Pero esto era distinto, tenía un aspecto de situación provisoria. Podía terminar en cualquier momento. Sólo había que encontrar la manera de ayudarlo a llegar a ese final.
- ¿Habló con alguien más del ejército? - preguntó Roggan-. ¿Sabe si los vehículos especiales están a nuestra disposición? Digo, en caso que descubramos el planeta de origen.
- Aún no hay nada claro - dijo Castle- Algunos opinan que es un asunto grave, otros lo minimizan. Hasta ahora sólo ofrecieron armas, y algunos hombres. El coronel McCartney habló de los "chicles verdes" que andaban por la ciudad, que a los niños les caían simpáticos, que no había nada que temer y que la población debía continuar con su vida normal. Yo creo que sabe algo más, incluso creo que sabe dónde está el espécimen, y que él participó en su captura. No sé, quizá esté equivocado, pero su manera de hablar me ha resultado más que sopechosa.
Editado: 31.07.2026