El factor 3-73

6

Todo se estaba escapando de sus manos, se estaba escurriendo rápidamente entre sus dedos. Otro ataque, en el Hospital Kansas, precisamente en el sector que estaba destinado a la atención de agentes federales. Y ese tal Roggan no sabía qué hacer. Sólo daba vueltas alrededor de los escenarios de los crímenes y los secuestros. Estaban perdidos, realmente desorientados.

Teléfono. ¿Leslie?

No, era Temper. Resulta que tampoco habían llegado a tiempo al hospital y ni siquiera encontraron a alguno de los testigos que llamaron al 911.

Otro fracaso. Pero de cualquiera forma agarró las llaves, salió de la casa y subió a su auto. Condujo a lo largo de varias cuadras, sin saber muy bien hacia dónde ir. Miraba a cada rato a través de la ventanilla lateral, las aceras, las casas. Los edificios, las ventanas más altas de los edificios.

¿Por dónde continuar? ¿Por qué no abandonar todo este asunto a su suerte, y dejar que siga su curso y acabe cuando deba hacerlo?

Dobló bruscamente en cualquier esquina cuando comprendió que inconscientemente se estaba dirigiendo hacia el Departamento. Y volvió a doblar, en la esquina siguiente, como si luchara contra su propio destino. Había una desolación inusual en esas calles. El sol trataba de brillar entre los gruesos edificios agrupados en el este de la ciudad. Y entonces vio a Conors, el compañero de trabajo de Leslie, el reportero que casi nunca hablaba, parado casi al borde de una vereda, como si estuviera esperando el autobús.

Conors lo reconoció, levantó su mano, invitándolo a que se detenga. Clive lo hizo, y le abrió luego la puerta para que suba.

- Precisamente estaba pensando en ti - dijo Conors después de tomar asiento-. Bueno, no en ti, sino en Leslie. Se ha estado comportando de una manera muy extraña últimamente. Quería hablarlo contigo, ella no me presta ya mucha atención.

- Hace más de dos semanas que no sé nada de ella- dijo Clive -. Se fue, dejó nuestra casa, de un día para el otro. Ahora sólo la veo cuando aparece en el noticiero. Creía que sólo se comportaba así conmigo.

- Mira, voy a decirte algo - continuó Conors -, ella ha empezado a aislarse así desde que habló con esos agentes del gobierno. Ella tenía la cinta de seguridad del minimarket y la dio a conocer públicamente. ¿Quién se la dio? ¿A cambio de qué? Recibe cartas de niños, de televidentes que le preguntan si estamos ante una invasión. Yo intercepté una de las respuestas que ella envió, en la que decía que no, que no se trataba de ninguna situación peligrosa, sólo de una visita amigable que nos puede reportar interesantes datos sobre la vida en otros planetas. ¿Por qué crees que hace eso?

- ¿Crees que trabaje para ellos? - preguntó Clive- ¿Para quienes capturaron al espécimen?

- Posiblemente - dijo Conors-, o para el espécimen mismo. Puede haber un control mental en esto. Hay seres de otros mundos que pueden hacerlo, que lo han hecho alguna vez. Yo lo vi, en la sala de análisis químicos, hace muchos años, pero lo recuerdo, lo recuerdo con total claridad.




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