Hace más de 40 años los abuelos de esa época les contaban a sus nietos que en las noches de luna llena, escuchaban a lo lejos un fuerte grito que viajaba con el viento, lo más extraño es que el grito solo se escuchaba cuando el viento chocaba con las olas del mar.
Las gaviotas se aterraban por la presencia de una sombra extraña que se asemejaba a un hombre que sin poder verlo, se podria sentir el gran dolor que lo atormentaba, pero en su dolor el hombre no lloraba
Solo sonreía mirando a la luna y en un feroz suspiro, un fuerte silencio desgarraba las almas de cualquier mortal que lograba escuchar el lamentable grito del hombre silencioso.
Las calles eran desérticas y el frío de la noche estremecía a cualquier mortal, estaba asilado de la humanidad, la lluvia solo caía una vez al mes y los arboles las flores se marchitaban por falta de sol.
Todo estaba muriendo, ya no había esperanzas en que la ciudad volviera a ser iluminada por un sol feroz.
Los días se pasaban rápido, pero las noches se hacían eternas, las olas del mar chocaban una tras otra por falta de la luna que se perdió en la áspera neblina que mantenía a la ciudad oscura y sin oxígeno, todo era un infierno entre los vivos.